¿Qué es el «Año de Jesús» y por qué es importante?
El «Año de Jesús» se refiere al trigésimo tercer año de vida, la edad en que nuestro Señor Jesucristo completó su ministerio terrenal y se sacrificó por nuestra salvación. Este concepto ha adquirido importancia cultural en los últimos tiempos como un año de reflexión, búsqueda de propósito y cambio potencialmente transformador.
La importancia se deriva del ejemplo de Jesús de vivir con un significado y un impacto poderosos durante su trigésimo tercer año. Fue a esta edad que Cristo cumplió Su misión divina, enseñando, sanando y finalmente ofreciéndose a Sí mismo en la cruz. Para los cristianos, esto sirve como un poderoso modelo de amor desinteresado y madurez espiritual.
Psicológicamente, los primeros 30 años a menudo marcan una transición del desarrollo. Muchos individuos en esta etapa reevaluan su dirección de vida, valores y sentido de propósito. El «Año de Jesús» proporciona un marco significativo para esta introspección, invitándonos a considerar cómo podemos emular la compasión, la sabiduría y el amor generoso de Cristo.
Históricamente, la edad de 33 años ha tenido un significado místico en varias tradiciones. Algunos lo han visto como una representación de la perfección del cuerpo, la mente y el espíritu. En la numerología cristiana, puede simbolizar la Trinidad o la integridad divina.
Pero debemos ser cautelosos para no poner un énfasis indebido en esta edad en particular. Toda la vida de Cristo fue de perfecta obediencia y amor. El «Año de Jesús» debe inspirarnos a cualquier edad a vivir con mayor propósito y devoción a Dios y al prójimo.
El concepto nos invita a reflexionar sobre cómo podemos hacer de nuestras vidas un regalo para los demás, siguiendo los pasos de nuestro Salvador. Nos desafía a considerar lo que realmente importa y cómo podemos servir mejor al reino de Dios. De este modo, el «Año de Jesús» puede ser un catalizador para el crecimiento espiritual y un compromiso renovado con nuestra vocación cristiana.
¿Qué acontecimientos importantes sucedieron en el trigésimo tercer año de Jesús?
El trigésimo tercer año de Jesús estuvo lleno de acontecimientos poderosos que marcaron el curso de la historia humana y de nuestra fe. Aunque no podemos precisar las fechas exactas con certeza, los relatos bíblicos y el consenso académico sugieren que ocurrieron varios momentos cruciales durante este tiempo.
Este fue el año de la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo, los misterios centrales de nuestra fe. Jesús entró triunfalmente en Jerusalén el Domingo de Ramos, celebró la Última Cena con Sus discípulos, instituyó la Eucaristía, soportó Su agonía en Getsemaní y fue crucificado el Viernes Santo. Al tercer día, Él se levantó victorioso sobre la muerte, apareciendo a Sus seguidores y comisionándolos para difundir el Evangelio.
Antes de estos eventos, Jesús continuó su ministerio público con mayor intensidad. Enseñó parábolas sobre el Reino de Dios, realizó milagros y participó en debates con autoridades religiosas. Los Evangelios registran encuentros importantes como la curación de Bartimeo, la conversión de Zaqueo y la resurrección de Lázaro de entre los muertos.
Psicológicamente, vemos a Jesús preparando a Sus discípulos para Su partida, enfatizando las enseñanzas sobre el liderazgo de servicio, el perdón y la venida del Espíritu Santo. Reveló Su identidad divina más abiertamente, culminando en Su prueba donde afirmó Su papel como el Hijo de Dios.
Históricamente, este período estuvo marcado por la creciente tensión entre Jesús y el establecimiento religioso. Sus acciones en la limpieza del Templo y Sus advertencias proféticas sobre su destrucción aumentaron el conflicto con las autoridades. El clima político bajo la ocupación romana añadió más complejidad al mensaje de Jesús sobre el reino de Dios.
El trigésimo tercer año de Jesús representa la culminación de toda su vida y ministerio. Cada momento se vivió en perfecta armonía con la voluntad del Padre. Los acontecimientos de este último año llevaron a buen término el plan de salvación que se había estado desarrollando desde el principio de los tiempos.
¿Cómo pueden los cristianos encontrar significado en su propio año 33?
Aunque el año 33 tiene un significado especial debido a su asociación con nuestro Señor, debemos recordar que cada momento de nuestras vidas es una oportunidad para crecer en fe y amor. Sin embargo, para aquellos que están en o se acercan a su trigésimo tercer año, hay formas particulares de encontrar un significado más profundo reflexionando sobre el ejemplo de Cristo.
Abraza este tiempo como uno de madurez y propósito espiritual. Así como Jesús abrazó plenamente su misión a los 33 años, considere cómo podría vivir más plenamente su llamado bautismal. Reflexione sobre sus dones únicos y cómo pueden usarse en el servicio a Dios y a los demás. Esto puede implicar reevaluar sus prioridades, profundizar su vida de oración o discernir nuevas formas de contribuir a su comunidad y a la Iglesia.
Psicológicamente, los primeros años 30 a menudo traen un deseo de mayor autenticidad y significado. Utilice esta etapa de desarrollo natural para alinear su vida más estrechamente con sus valores más profundos. Considere la posibilidad de participar en la dirección espiritual o asesoramiento para explorar cualquier área de crecimiento o curación necesaria para vivir más plenamente.
Históricamente, muchos santos experimentaron poderosas conversiones o se embarcaron en nuevas fases de su ministerio alrededor de esta era. San Agustín tenía 33 años cuando experimentó su dramática conversión. San Ignacio de Loyola comenzó su viaje espiritual a los 33 años. Si bien Dios trabaja en cada vida de manera única, estos ejemplos pueden inspirarnos a estar abiertos a experiencias transformadoras.
Prácticamente, usted podría considerar:
- Profundizando su conocimiento de las Escrituras y las enseñanzas de la Iglesia
- Comprometerse con las obras regulares de misericordia y servicio
- Examinar sus relaciones y buscar la reconciliación donde sea necesario
- Explorando una nueva forma de oración o práctica espiritual
- Hacer una peregrinación o retiro para obtener una nueva perspectiva
Recuerde, el objetivo no es lograr alguna perfección idealizada a los 33 años para crecer en amor y fidelidad. La vida de Jesús se caracterizó por la plena confianza en el Padre y el amor generoso. Esfuérzate por cultivar estas cualidades, reconociendo que el crecimiento espiritual es un viaje de por vida.
Por último, acércate a este año con esperanza y alegría, no con ansiedad. Ya sea que sienta que ha «logrado» lo suficiente o no, sepa que el amor de Dios por usted es infinito e incondicional. Deje que su año 33 sea uno de abrirse más plenamente a ese amor y permitir que fluya a través de usted a los demás.
¿Qué dice la Biblia acerca de Jesús a los 33 años?
Mis queridos amigos en la fe, la Biblia no declara explícitamente la edad de Jesús durante la mayoría de los acontecimientos de su ministerio. Pero a través del estudio cuidadoso de las Escrituras y la tradición, entendemos que Su ministerio público duró aproximadamente tres años, culminando en Su muerte y resurrección alrededor de los 33 años.
El Evangelio de Lucas proporciona nuestro punto de referencia más claro, afirmando que Jesús tenía «unos treinta años de edad» cuando comenzó su ministerio (Lucas 3:23). De ello, y de la cronología de los acontecimientos descritos en los Evangelios, deducimos que el último año de su vida, el año de su pasión, se produjo cuando tenía 33 años.
Aunque la Biblia no se centra en la edad de Jesús, describe abundantemente sus palabras y acciones durante este momento crucial. Los Evangelios retratan a un hombre plenamente consciente de Su misión divina, moviéndose a propósito hacia su cumplimiento. Vemos a Jesús:
- Enseñar con autoridad sobre el Reino de Dios
- Realizando milagros que revelan Su poder divino
- Formando relaciones profundas con sus discípulos
- Enfrentando la hipocresía religiosa y la injusticia
- Preparando a Sus seguidores para Su partida
- Abrazando voluntariamente la cruz por amor a la humanidad
Psicológicamente, podemos observar a Jesús mostrando una notable madurez emocional y espiritual. Demuestra amor perfecto, sabiduría más allá de sus años y un compromiso inquebrantable con la voluntad de su Padre, incluso ante un inmenso sufrimiento.
Históricamente, cabe destacar que 33 años se consideraba la edad adulta plena en muchas culturas antiguas. El ministerio de Jesús a esta edad habría tenido gran peso y autoridad.
Aunque la Biblia no hace hincapié en la edad de Jesús, presenta su trigésimo tercer año como la culminación de una vida vivida en perfecta obediencia a Dios. Los acontecimientos de este año —su entrada triunfal en Jerusalén, la Última Cena, su pasión, muerte y resurrección— constituyen el núcleo de nuestra fe cristiana.
La descripción bíblica de Jesús a los 33 años no trata del número en sí mismo de una vida vivida en todo su potencial al servicio de Dios y de la humanidad. Nos desafía a hacer que cada año de nuestra vida cuente en la construcción del reino de Dios.
¿Por qué algunas personas consideran que 33 es una edad espiritualmente mayor?
El significado espiritual atribuido a la edad de 33 años proviene de diversas fuentes: bíblicas, culturales y psicológicas. Aunque debemos ser cautelosos para no atribuir una importancia mística indebida a ninguna edad en particular, comprender estas perspectivas puede enriquecer nuestra reflexión espiritual.
Principalmente, el significado de 33 en la espiritualidad cristiana se deriva de que es la edad aproximada de Jesús en el momento de su crucifixión y resurrección. Esta conexión imbuye al número con un significado poderoso, representando la edad en la que Cristo completó Su misión terrenal y alcanzó la plenitud de Su amor sacrificial.
Psicológicamente, los primeros 30 años a menudo marcan un período de mayor autoconciencia y evaluación de la vida. Las etapas de desarrollo psicosocial de Erik Erikson sitúan esta edad en la fase de «generatividad frente al estancamiento», en la que las personas se enfrentan a cuestiones de propósito y legado. La idea del «Año de Jesús» puede proporcionar un marco significativo para este período natural de reflexión.
Numerológicamente, 33 ha sido considerado un «número maestro» en varias tradiciones, simbolizando la iluminación espiritual y la manifestación del propósito divino. En el simbolismo cristiano, puede representar la Trinidad (3+3) o ser visto como 3 (lo divino) multiplicado por 11 (típicamente representando transición o revelación).
Históricamente, numerosas figuras espirituales han experimentado eventos importantes alrededor de esta edad. Como se ha mencionado anteriormente, la conversión de San Agustín se produjo a los 33 años. Se dice que el Buda alcanzó la iluminación a esta edad. Aunque estos paralelismos no deben exagerarse, han contribuido a las asociaciones místicas del número.
En algunas tradiciones esotéricas, 33 está vinculado al concepto de ascensión espiritual o la finalización de ciertos ciclos espirituales. Pero como católicos, debemos acercarnos a tales ideas con discernimiento, siempre basando nuestra espiritualidad en las Escrituras y la enseñanza de la Iglesia.
La gracia de Dios y su llamado a la santidad no se limitan a una edad determinada. El significado de 33 debe inspirarnos a vivir con propósito en cada etapa de la vida, creciendo continuamente en fe y amor.
La importancia espiritual de 33 no radica en el número en sí mismo en su capacidad para dirigir nuestra atención al ejemplo de Cristo de amor perfecto y entrega. Nos invita a reflexionar sobre cómo podemos alinear más plenamente nuestras vidas con la voluntad de Dios, independientemente de nuestra edad. Usemos este concepto como catalizador para un compromiso más profundo con nuestra vocación cristiana, siempre esforzándonos por crecer en santidad y servicio a los demás.
¿Qué edad tenía Jesús cuando comenzó su ministerio público?
El Evangelio de Lucas nos ofrece quizás la información más específica, afirmando que Jesús tenía «unos treinta años de edad» cuando comenzó su ministerio (Lucas 3:23) (Votaw, 1905, pp. 425-430). Esto se alinea con la costumbre judía de la época, que consideraba que 30 era la edad de madurez para los maestros religiosos. Vemos ecos de esto también en el Antiguo Testamento, donde 30 era la edad en que los levitas comenzaron su servicio en el templo (Números 4:3).
Lucas utiliza la palabra «sobre», lo que sugiere cierta flexibilidad en esta figura. Jesús pudo haber sido un poco más joven o mayor de 30 años cuando fue bautizado por Juan y comenzó su obra pública. Algunos estudiosos han sugerido que podría haber tenido entre 28 y 33 años en este momento.
El Evangelio de Juan proporciona marcadores cronológicos adicionales, mencionando tres o posiblemente cuatro Pascuas durante el ministerio de Jesús (Juan 2:13, 6:4, 11:55, y posiblemente 5:1). Si tomamos estos como eventos anuales literales, sugeriría un ministerio que duraría unos tres años. Esto situaría la edad de Jesús en la crucifixión alrededor de los 33 o 34 años, suponiendo que comenzara alrededor de los 30.
Encuentro un gran significado en Jesús comenzando su ministerio en esta etapa de la vida. Fue un momento de madurez física y mental, pero aún lo suficientemente joven como para conectarse con personas de todas las edades. Esta edad también simboliza la plenitud del tiempo: el momento en que Jesús se preparó y estuvo listo para cumplir su misión divina.
¿Qué enseñaron los Padres de la Iglesia sobre la edad y el ministerio de Jesús?
Mis amados amigos en Cristo, a medida que profundizamos en las enseñanzas de los Padres de la Iglesia sobre la edad y el ministerio de Jesús, debemos acercarnos a su sabiduría con reverencia y discernimiento. Estos primeros líderes cristianos, que escribieron en los siglos posteriores a la vida terrenal de Cristo, trataron de comprender y explicar los misterios de nuestra fe, incluida la cronología de la vida y obra de Jesús.
Muchos de los Padres de la Iglesia aceptaron la opinión tradicional de que Jesús comenzó su ministerio alrededor de los 30 años, sobre la base del Evangelio de Lucas. Por ejemplo, San Ireneo de Lyon, escribiendo en el siglo II, declaró que Jesús fue bautizado a la edad de 30 años y predicó durante unos tres años antes de su crucifixión. Esto se alinea con la interpretación común que discutimos anteriormente.
Pero algunos Padres de la Iglesia propusieron teorías alternativas. San Clemente de Alejandría, por ejemplo, sugirió que el ministerio de Jesús duró solo un año, lo que situaría su crucifixión alrededor de los 31 años. Este punto de vista se basó en una interpretación particular de Isaías 61:1-2, que Jesús citó al comienzo de su ministerio (Lucas 4:18-19).
Curiosamente, varios Padres de la Iglesia, incluidos San Agustín y San Jerónimo, enseñaron que Jesús vivió exactamente 33 años. Vieron un significado simbólico en este número, conectándolo con la idea de perfección e integridad en las Escrituras. Algunos incluso lo vincularon a las 33 generaciones, desde Adán hasta David, mencionadas en la genealogía de Jesús de Lucas.
Los Padres de la Iglesia no se preocuparon principalmente por establecer una cronología histórica precisa. Más bien, trataron de comprender el significado teológico de la vida y el ministerio de Jesús. Vieron en su época y en la duración de su obra poderosas verdades espirituales sobre el plan de salvación de Dios.
Por ejemplo, San Ireneo enseñó que Jesús «pasó por todas las épocas» de la vida humana para santificar cada etapa de la existencia humana. Veía el ministerio de Jesús a partir de los 30 años como una forma de alcanzar la plena madurez y sabiduría antes de enseñar a otros.
Encuentro gran sabiduría en este enfoque. Los Padres de la Iglesia nos recuerdan que, si bien los detalles históricos son valiosos, el significado más profundo de la vida y obra de Cristo trasciende la mera cronología. Nos invitan a ver en la época y el ministerio de Jesús un modelo perfecto de desarrollo humano: físico, mental y espiritual.
¿Cómo puede alguien tener una celebración de cumpleaños significativa del «Año de Jesús»?
En el espíritu del ministerio de Cristo, considera hacer del servicio a los demás un tema central de tu celebración. Jesús nos enseñó que «el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir» (Mateo 20:28). Puede organizar un proyecto de servicio comunitario, ser voluntario en una organización benéfica local o comprometerse a actos regulares de bondad durante su 33o año. Esto no solo honra el ejemplo de Cristo, sino que también aporta una poderosa realización personal.
Abrace la oportunidad para el crecimiento espiritual y el aprendizaje. Así como Jesús creció en sabiduría (Lucas 2:52), use este año para profundizar su comprensión de la fe. Puedes comprometerte a leer toda la Biblia, unirte a un grupo de estudio bíblico o explorar los escritos de maestros espirituales. Este viaje intelectual y espiritual puede ser transformador.
Considere la posibilidad de crear rituales o tradiciones significativas para conmemorar este año especial. Por ejemplo, podrías escribir cartas a 33 personas que han impactado positivamente tu vida, expresando gratitud y reflexionando sobre tu viaje hasta ahora. O podrías establecer 33 objetivos personales —espirituales, relacionales y personales— por los que luchar durante este año.
Recuerda también la importancia de la comunidad en el ministerio de Jesús. Reúna a amigos y familiares para una celebración que va más allá de la mera festividad. Comparta su viaje espiritual, invite a otros a reflexionar sobre su propia fe y fomente conexiones que apoyen el crecimiento y la comprensión mutuos.
Les animo a utilizar este tiempo para la autorreflexión y el desarrollo personal. Considere las formas en que ha crecido en los últimos 33 años y establezca intenciones para el futuro. ¿Qué aspectos del carácter de Cristo desea emular más plenamente? ¿Cómo puedes usar tus dones únicos para servir a los demás y glorificar a Dios?
Por último, que vuestra celebración del «Año de Jesús» esté llena de alegría y esperanza. Si bien la vida de Jesús incluía el sufrimiento, en última instancia era un testimonio del amor de Dios y la promesa de una nueva vida. Deja que tu celebración refleje esta esperanza, inspirándote a ti y a otros a vivir con mayor propósito y fe.
Recuerde, el objetivo no es reproducir exactamente la vida de Jesús para inspirarse en su ejemplo y enseñanzas. Que vuestro «Año Jesús» sea un momento de fuerte crecimiento espiritual, servicio significativo y celebración gozosa del amor de Dios (Ariel, 2008, pp. 283-292; Thomas, 2014, pp. 67-68).
¿Qué lecciones podemos aprender de la vida y las enseñanzas de Jesús a los 33 años?
Jesús nos enseña el poder del propósito y la convicción. A los 33 años, estaba plenamente comprometido en su misión divina, proclamando el Reino de Dios con dedicación inquebrantable. Esto nos recuerda que nuestras vidas, a cualquier edad, deben estar impulsadas por un sentido de propósito que se alinee con la voluntad de Dios. Puedo dar fe del poderoso impacto que tiene vivir con propósito en nuestro bienestar mental y espiritual.
Jesús demuestra la importancia de la compasión y la inclusión. Su ministerio se caracterizó por llegar a los marginados: los pobres, los enfermos, los marginados de la sociedad. Esto nos enseña a mirar más allá de nuestras zonas de confort y extender el amor y la aceptación a todos, independientemente de su estatus social o antecedentes. En nuestro mundo moderno, lleno de división, esta lección es más crucial que nunca.
La vida de Jesús a los 33 años también ejemplifica el equilibrio entre la acción y la contemplación. Mientras estaba profundamente comprometido en la enseñanza y la curación, Jesús también se retiraba regularmente para la oración y la soledad. Esto nos enseña la importancia vital de nutrir nuestra vida espiritual interior incluso mientras servimos activamente a los demás. En nuestro mundo ocupado, encontrar este equilibrio es esencial para el ministerio sostenible y el crecimiento personal.
Las enseñanzas de Jesús en este momento hacen hincapié en el poder transformador de la fe. Sus parábolas y milagros apuntan consistentemente a la realidad de que con la fe, lo imposible se hace posible. He sido testigo de cómo una fe fuerte puede proporcionar resiliencia frente a los desafíos de la vida y abrir nuevas posibilidades de crecimiento y curación.
Jesús también nos enseña acerca de la naturaleza del verdadero liderazgo. A los 33 años, Él estaba en el apogeo de Su ministerio terrenal, sin embargo, Él modeló consistentemente el liderazgo de servicio. Lavó los pies de sus discípulos, dio prioridad a las necesidades de los demás y, en última instancia, dio su vida por la humanidad. Esto nos desafía a repensar nuestros conceptos de poder y éxito, llamándonos a liderar a través del servicio y el autosacrificio.
La vida de Jesús en este momento nos enseña a enfrentar la oposición con gracia y convicción. A medida que su ministerio creció, también lo hizo la resistencia de las autoridades religiosas y políticas. Sin embargo, Jesús se mantuvo fiel a su misión, respondiendo a la hostilidad con amor y verdad. Esto nos proporciona un modelo poderoso para navegar los conflictos y mantenernos firmes en nuestras creencias mientras mantenemos un espíritu de amor.
Por último, a medida que Jesús se acercaba a la culminación de su ministerio terrenal, nos enseña el sentido último de la vida: el amor que se entrega a sí mismo. Su viaje hacia la cruz nos recuerda que el verdadero cumplimiento no proviene de la autopreservación o el éxito mundano de darnos en amor por los demás y por Dios.
¿Cómo influye la comprensión de la edad de Jesús en nuestra fe de hoy?
Comprender la edad de Jesús, en particular sus años de ministerio público, puede afectar profundamente nuestra fe y nuestro camino espiritual en el mundo de hoy. Este conocimiento, cuando se aborda con una visión académica y una apertura espiritual, nos ofrece perspectivas valiosas que pueden enriquecer nuestra relación con Dios y nuestra comprensión del propósito de nuestra propia vida.
Reconocer que Jesús comenzó su ministerio público alrededor de los 30 años nos recuerda que la madurez espiritual y la preparación para el llamado de Dios pueden llegar en diferentes etapas de la vida. En nuestro mundo moderno, donde la juventud es a menudo idolatrada, el ejemplo de Jesús nos enseña que la verdadera sabiduría y la capacidad de acción transformadora no son competencia exclusiva de los jóvenes. Esto puede ser profundamente tranquilizador para aquellos que sienten que aún no han cumplido el propósito de su vida, independientemente de su edad.
Comprender que el ministerio activo de Jesús duró solo unos tres años hasta su crucifixión alrededor de los 33 años pone de relieve el inmenso impacto que uno puede tener en un tiempo relativamente corto cuando está plenamente alineado con la voluntad de Dios. He observado cómo esta realización puede motivar a las personas a vivir con mayor intencionalidad y propósito, sabiendo que incluso unos pocos años de servicio dedicado pueden dejar una marca indeleble en el mundo.
El hecho de que Jesús cumpliera su misión de cambiar el mundo a principios de los treinta también puede inspirar a los jóvenes adultos en su camino de fe. Desafía la idea de que uno debe esperar hasta más tarde en la vida para hacer contribuciones importantes o para abrazar plenamente su vocación. Esto puede ser particularmente empoderador en nuestra era actual, donde los jóvenes a menudo se sienten abrumados por los desafíos globales.
Contemplar la edad de Jesús durante su ministerio nos invita a reflexionar sobre las diferentes etapas de nuestro propio desarrollo espiritual. Así como Jesús creció en sabiduría y estatura antes de comenzar su obra pública, nosotros también estamos en un camino de crecimiento y preparación. Esta perspectiva puede fomentar la paciencia y la confianza en el tiempo de Dios para nuestras vidas, contrarrestando la impaciencia y la cultura de gratificación instantánea de nuestro tiempo.
Comprender la edad de Jesús también profundiza nuestra apreciación de su plena humanidad. Saber que Él experimentó los desafíos y transiciones de la edad adulta joven nos ayuda a relacionarnos con Él más personalmente. Esto puede fortalecer nuestra fe al hacer que Jesús sea más accesible y que sus enseñanzas sean más aplicables a nuestra vida diaria.
Reconocer que la vida terrenal de Jesús fue relativamente corta subraya la urgencia de su mensaje. Nos recuerda que el Reino de Dios está cerca y que estamos llamados a responder al amor de Dios con inmediatez y compromiso de todo corazón. En nuestra sociedad a menudo procrastinante, este sentido de urgencia espiritual puede revitalizar nuestra fe y estimularnos a la acción.
Por último, al contemplar la edad de Jesús, se nos recuerda la atemporalidad de sus enseñanzas. El hecho de que las palabras pronunciadas por un hombre a principios de los treinta y tantos años, hace dos milenios, continúen transformando vidas hoy da testimonio de su origen divino y relevancia perdurable. Esto puede profundizar nuestra confianza en las Escrituras e inspirarnos a participar más profundamente en las enseñanzas de Jesús en nuestro contexto contemporáneo.
Permitamos que esta comprensión de la edad de Jesús renueve nuestra fe, inspirándonos a vivir cada día, cada año de nuestras vidas con propósito, urgencia y profunda confianza en el momento perfecto de Dios. Que nos recuerde que, a cualquier edad, estamos llamados a crecer en sabiduría, a servir a los demás y a dar testimonio del amor de Dios en nuestro mundo (Kim, 2021; Tipton, 2007, pp. 213-242).
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