
El arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados, celebra una misa en la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México el 27 de julio de 2025. / Crédito: Cortesía de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe
Ciudad del Vaticano, 30 de julio de 2025 / 17:09 pm (CNA).
El arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Santa Sede, señaló que las universidades no son católicas “por el número de crucifijos”, sino porque se esfuerzan por buscar la verdad que está “en armonía con la certeza de la fe”.
“Lejos de ser solo una institución más en el mercado global de ideas, y mucho menos católica solo por el número de crucifijos en sus paredes o servicios de capilla, una universidad verdaderamente católica es un lugar donde la búsqueda de la verdad está en armonía con la certeza de la fe”, señaló.
Como informó Vatican News, Gallagher compartió sus reflexiones durante la conferencia inaugural de la 28ª asamblea general de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC), celebrada el 28 de julio en Guadalajara, México.
Durante su visita a México, el prelado enfatizó que las universidades católicas están llamadas a desempeñar un “papel central” en la construcción de la paz a través del conocimiento, el diálogo y la formación de líderes éticos.
En su discurso, el arzobispo argumentó firmemente que, en un contexto marcado por conflictos armados, divisiones ideológicas y una creciente polarización, las universidades católicas deben reafirmar su vocación original: ser faros de humanidad y entendimiento.
“Las universidades católicas —y también los representantes papales— siempre han sido faros de conocimiento, fe y servicio a la humanidad”, dijo.
El prelado destacó así su potencial como agentes activos en el ámbito internacional: “En estos tiempos turbulentos marcados por el conflicto y la guerra, la división y la desconfianza, [las universidades] están llamadas a reafirmar su vocación como constructoras de paz, colaboradoras en la construcción de puentes de entendimiento entre culturas, religiones y disciplinas”.

Diplomacia académica: Un puente entre culturas y conocimiento
Desde esta perspectiva, Gallagher defendió el concepto de “diplomacia académica”, que definió como un instrumento esencial para el diálogo entre los pueblos y los campos del conocimiento. “Pueden desarrollar de manera única la diplomacia académica como un medio para promover la paz a través de un compromiso reflexivo, una reflexión ética y un diálogo respetuoso”, explicó, insistiendo en que la vocación universitaria va mucho más allá de la transmisión de conocimientos técnicos.
Gallagher también propuso redescubrir el valor universal de una identidad católica profundamente arraigada, capaz de dialogar con todos sin perder su centro.
“Una educación verdaderamente católica no es aislada, sino extrovertida y comprometida con la búsqueda universal de la verdad”, afirmó. “En un mundo inundado de relativismo y polarización, esta identidad católica profundamente arraigada —y por tanto universal— constituye un recurso poderoso”.
En este sentido, recordó que la concepción cristiana del ser humano es un fundamento sólido para la paz: “La concepción antropológica que ve a cada persona, independientemente de su raza, religión, nacionalidad o condición, a imagen y semejanza de Dios, dotada de razón y conciencia, y destinada a la comunión, es un fundamento sólido sobre el cual construir la paz a través del diálogo”.
El arzobispo también recordó su experiencia como estudiante en la Pontificia Universidad Gregoriana para ilustrar cómo el entorno universitario puede fomentar vínculos auténticos. En esta línea, afirmó que las universidades son “semillas de paz que se siembran en las aulas, laboratorios, residencias y bibliotecas”.
Por ello, dijo que toda la universidad puede ser una auténtica misión diplomática: “no una torre de marfil desconectada de la realidad, sino un participante activo en la construcción de una cultura de paz”.
Esta misión, aclaró, requiere una estructura interdisciplinaria y colaborativa: “Esto es intrínsecamente interdisciplinario, porque solo el intercambio mutuo enriquece a todas las partes y contribuye al desarrollo de líderes capaces de guiar a sus sociedades con sabiduría y compasión”.
Respecto al contenido que debería ocupar un lugar destacado en esta diplomacia académica, el funcionario vaticano enfatizó que muchos de los desafíos de la guerra y la paz “en el mundo actual solo pueden abordarse de manera sostenida volviendo a estos principios y aplicándolos”.
“Si se ignoran, situaciones ya difíciles pueden deteriorarse rápidamente y con consecuencias terribles”, explicó.
También enfatizó que la diplomacia requiere especialistas, pero también “necesita generalistas que busquen una visión amplia y matizada”.
Finalmente, el arzobispo reafirmó el compromiso de la Santa Sede con una diplomacia que no se rinda al pragmatismo, sino que permanezca anclada en los principios y la humanidad.
“En nuestros esfuerzos, promovemos la paz, defendemos la dignidad humana y damos voz a quienes no la tienen, especialmente a los pobres, los desplazados y los marginados”, concluyó.
Esta historia fue publicada originalmente por ACI Prensa, socio de noticias en español de CNA. Ha sido traducida y adaptada por CNA.
