La Biblia destaca el papel de Jesús como Rey Mesiánico, cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento y siendo proclamado Rey en el Nuevo Testamento a través de acontecimientos como su resurrección y ascensión.
La realeza de Jesús es divina, haciendo hincapié en el amor y el servicio más que en el poder terrenal; es universal, trasciende fronteras y se centra en la reconciliación más que en la dominación.
El reinado de Jesús comenzó en varios momentos, como la Encarnación y la resurrección, y continúa eternamente con la promesa de una plena realización en el futuro, cuando todos reconozcan su gobierno.
El título de «Rey de Reyes» significa la máxima autoridad de Jesús sobre todos los gobernantes, haciendo hincapié en la justicia y la rectitud y desafiando a los creyentes a alinear sus vidas con sus valores y reino.