Creencias anglicanas frente a metodistas




  • Las tradiciones anglicana y metodista comparten una herencia común, pero han desarrollado identidades distintas centradas en expresiones únicas de fe.
  • El metodismo surgió como un movimiento dentro de la Iglesia de Inglaterra, liderado por John Wesley, enfatizando la fe personal sentida y la gracia.
  • El anglicanismo ofrece un amplio espectro teológico respaldado por credos históricos, mientras que el metodismo proporciona un camino estructurado de gracia con un enfoque en el libre albedrío y la experiencia personal.
  • Ambas tradiciones celebran los sacramentos, pero difieren en sus prácticas, puntos de vista sobre el ministerio y estilos de adoración, reflejando sus énfasis teológicos únicos.
Esta entrada es la parte 57 de 58 en la serie Comparación de denominaciones

Dos caminos desde un mismo corazón: Una guía compasiva de las creencias anglicanas y metodistas

En la gran y extensa familia de la fe cristiana, las tradiciones anglicana y metodista son como dos hermanos. Comparten un origen común, una crianza similar y un innegable parecido familiar. Sin embargo, como cualquier hermano, han crecido hasta tener sus propias personalidades, pasiones y formas de vivir su herencia compartida. Entenderlos no es enfrentarlos entre sí, sino apreciar las formas hermosas y únicas en que cada uno ha buscado seguir a Cristo.

Su historia no comienza con una pelea, sino con un fuego. El movimiento metodista nació en el corazón de la Iglesia de Inglaterra, encendido por un devoto sacerdote anglicano llamado John Wesley. Wesley era un hombre que anhelaba una fe más profunda y sentida, no solo para sí mismo, sino para toda Inglaterra. Él y sus compañeros buscaron vivir su fe anglicana con un nuevo “método” de piedad y pasión, un deseo de “extender la santidad bíblica por toda la tierra”.¹ Este movimiento de renovación espiritual creció con tanta vida y energía que, a través de una serie de eventos históricos, eventualmente se convirtió en su propia rama distinta en el gran árbol de la Iglesia.

Este artículo es un viaje a los corazones de estas dos tradiciones. Es una exploración compasiva de su historia compartida, sus creencias únicas y sus diferentes formas de adoración y vida. Para cualquier cristiano que busque entender esta relación familiar, esta guía tiene como objetivo ofrecer claridad, fomentar la empatía y celebrar la vasta red de fe que tanto anglicanos como metodistas han tejido en su amor compartido por Jesucristo.

¿Cómo un movimiento dentro de una iglesia se convirtió en otra?

La historia de cómo el metodismo se convirtió en una iglesia separada no es una de rebelión teológica, sino de necesidad pastoral. Es un relato de una renovación espiritual que creció tanto y tan rápido que su progenitora, la Iglesia de Inglaterra, no pudo contenerla. La separación final fue más como un hijo que se muda para construir su propia casa porque el hogar familiar ya no podía acomodar a su creciente familia, en lugar de un divorcio amargo por diferencias irreconciliables.

El “Club Santo” y un deseo de una fe más profunda

Las semillas del metodismo se plantaron en el suelo fértil de la Universidad de Oxford en la década de 1720. Allí, un pequeño grupo de estudiantes, liderados por los hermanos John y Charles Wesley, se dedicaron a una vida cristiana más seria y disciplinada. Se reunían para orar, estudiaban el Nuevo Testamento griego, ayunaban regularmente y participaban en una notable acción social, visitando a los pobres y a los encarcelados.³ Su enfoque metódico de la fe les valió el apodo burlón de “metodistas” por parte de sus compañeros estudiantes, un nombre que eventualmente adoptarían como una insignia de honor.⁵

Es vital entender que esto no era una nueva religión; era un movimiento para vivir la fe anglicana con más seriedad.² John Wesley fue, y siguió siendo toda su vida, un sacerdote de la Iglesia de Inglaterra.⁷ Amaba su liturgia, sus oraciones y sus doctrinas. Su objetivo no era romper con ella, sino revivirla desde adentro, llamándola de vuelta a una expresión más vibrante y sentida de sus propias enseñanzas.

El corazón “extrañamente calentado” de Wesley

Un momento crucial en esta historia ocurrió el 24 de mayo de 1738. Después de un período de lucha espiritual y duda, John Wesley asistió a regañadientes a una reunión de una sociedad religiosa en Aldersgate Street en Londres. Mientras escuchaba una lectura del prefacio de Martín Lutero a la Epístola a los Romanos, sintió que su “corazón se calentaba extrañamente”.⁹ Describió una experiencia poderosa y personal donde sintió que confiaba solo en Cristo para la salvación y recibió la seguridad de que sus pecados habían sido eliminados.

Esta experiencia, profundamente influenciada por la piedad sencilla y sentida de los cristianos moravos que había encontrado, se convirtió en el núcleo espiritual del movimiento metodista.¹⁰ Consolidó la creencia de que la fe no era solo un acuerdo intelectual con la doctrina, sino una experiencia viva y personal de la gracia de Dios. Este énfasis en la “religión del corazón” y la seguridad personal de la salvación se convertiría en un sello distintivo de la teología metodista, estableciendo un tono diferente al de la fe más formal e institucional común en la Iglesia de Inglaterra en ese momento.

Un problema práctico, no una guerra teológica

For decades, the Methodist movement grew as a collection of religious societies within the Church of England. Wesley insisted his followers attend their local Anglican parish for the sacraments, especially Sagrada Comunión.¹² The split was not triggered by a doctrinal dispute but by a revolution.

Después de la Revolución Americana, la Iglesia de Inglaterra abandonó efectivamente a sus congregaciones en los recién independizados Estados Unidos. La mayoría de sus sacerdotes, que habían jurado lealtad a la Corona británica, regresaron a Inglaterra. Esto creó una grave crisis pastoral: miles de metodistas en Estados Unidos no tenían sacerdotes ordenados para bautizar a sus hijos o servirles la Santa Comunión.¹

Ante esta necesidad desesperada, John Wesley tomó una decisión fatídica. Creyendo que su deber de proveer para estas “ovejas en el desierto” superaba las reglas del orden eclesiástico, en 1784 dio el paso sin precedentes de ordenar ministros para Estados Unidos él mismo.³ Este acto, que eludió la autoridad de los obispos anglicanos, fue el punto de ruptura funcional. Fue una solución pragmática a un problema del mundo real, pero puso a los metodistas estadounidenses en el camino de convertirse en una iglesia separada y autónoma.

Incluso entonces, Wesley esperaba evitar un cisma formal. La separación final en Inglaterra llegó solo después de su muerte. En 1795, la Conferencia Metodista emitió el “Plan de Pacificación”, que autorizaba oficialmente a los predicadores metodistas a administrar los sacramentos en sus propias capillas.¹⁴ Esta decisión formalizó lo que se había convertido en una realidad práctica: el metodismo era ahora una iglesia distinta. Las creencias fundamentales seguían siendo abrumadoramente compartidas, pero sus estructuras y autoridad ministerial estaban ahora separadas. El ADN compartido era innegable, pero dos viajes distintos habían comenzado.

¿Cómo entendemos la gracia y la salvación de Dios?

En el corazón mismo de cualquier tradición cristiana está la pregunta: ¿Cómo somos salvos? Si bien tanto anglicanos como metodistas afirman alegremente que la salvación es un regalo de Dios, recibido a través de la fe en Jesucristo, abordan esta hermosa verdad con diferentes acentos y marcos teológicos. Esta diferencia ayuda a explicar la “sensación” única de cada tradición.

La “gran carpa” anglicana

El anglicanismo a menudo se describe como una “gran carpa” o una via media (un camino medio) porque mantiene unido un amplio espectro de pensamiento teológico bajo un mismo techo.¹⁶ Su base doctrinal se encuentra en los credos históricos (Apostólico y Niceno) y los Treinta y Nueve Artículos de Religión, que están arraigados en la Reforma Protestante.¹⁸ Estos artículos afirman el principio central de la justificación por la fe: que somos hechos justos ante Dios no por nuestras propias obras, sino por Su gracia a través de nuestra fe en el sacrificio de Cristo.¹⁹

Pero dentro de estos límites, el anglicanismo permite una gran diversidad. Puedes encontrar anglicanos que sostienen una visión calvinista, creyendo que Dios ha predestinado quién será salvo. También puedes encontrar anglicanos que se inclinan hacia una comprensión más católica, poniendo un fuerte énfasis en el papel de los sacramentos en la transmisión de la gracia.¹ Esta amplitud significa que el anglicanismo no prescribe un mapa único y detallado del viaje de salvación. En cambio, ofrece un paisaje de creencias amplio y hermoso, limitado por las Escrituras y los antiguos credos, donde diferentes corrientes teológicas pueden fluir juntas en una vida compartida de adoración.

El enfoque metodista: Un viaje de gracia

El metodismo, por el contrario, ofrece una hoja de ruta mucho más específica y detallada para el viaje de la salvación. Está construido sobre un marco teológico conocido como wesleyano-arminiano, que enfatiza el amor de Dios por todas las personas y el libre albedrío de cada persona para responder a ese amor.¹ Este viaje a menudo se describe en pasos, cada uno marcado por un aspecto diferente de la gracia de Dios:

  • Gracia Preveniente: Esta es una de las enseñanzas más esperanzadoras y hermosas del metodismo. Es la creencia de que el amor de Dios siempre nos está alcanzando, incluso antes de que seamos conscientes de ello, trabajando en nuestras vidas para atraernos hacia Él.²¹ Esta gracia prepara nuestros corazones para poder elegir a Dios libremente. Significa que nadie está tan lejos que Dios no haya dado ya el primer paso hacia ellos.
  • Gracia justificante: Este es el momento de la conversión. Cuando una persona responde al llamado de Dios con arrepentimiento y fe, recibe la gracia justificante. Este es el regalo del perdón por nuestros pecados y de ser hechos justos ante Dios.² Para los metodistas, este es un regalo que debe ser aceptado personalmente.
  • Gracia santificante: La justificación no es el final del viaje, sino el comienzo. La gracia santificante es la obra continua del Espíritu Santo en la vida del creyente, transformándolo de adentro hacia afuera, sanando la ruptura del pecado y haciéndolo cada vez más como Jesús.²⁵
  • Assurance: Una piedra angular de la experiencia metodista es la doctrina de la seguridad. Esta es la creencia de que el Espíritu Santo puede dar a los creyentes un testimonio directo e interno —una certeza profunda y personal— de que son verdaderamente hijos de Dios y que sus pecados han sido perdonados.²⁰ Esto mueve la salvación de un concepto teórico a una realidad vivida y sentida.

Esta comprensión estructurada de la gracia le da al metodismo su enfoque y pasión característicos. Mientras que el anglicanismo proporciona un amplio territorio de fe, el metodismo proporciona un camino claro y sentido a través de él, invitando a las personas a recorrer un viaje específico de transformación con Dios.

Característica el anglicanismo El metodismo
Fuente de autoridad Escritura, Tradición, Razón (El “taburete de tres patas”) Escritura, Tradición, Razón, experiencia (El “Cuadrilátero Wesleyano”)
Visión de la salvación Amplio; incluye perspectivas tanto calvinistas como arminianas Específicamente wesleyano-arminiano; enfatiza el libre albedrío y la gracia de Dios para todos
Doctrinas clave de la gracia justificación por la fe La gracia preveniente, Justificación por la fe, seguridad, santificación completa

¿Podemos ser hechos perfectos en el amor en esta vida?

Quizás la doctrina más distintiva y desafiante del metodismo —la que lo separa más claramente de su progenitor anglicano y de muchas otras tradiciones protestantes— es la enseñanza de la “perfección cristiana”. Esta idea es el objetivo final del viaje metodista de la gracia, el “por qué” detrás del “cómo” del estilo de vida metodista.

La piedra angular del metodismo: La perfección cristiana

Cuando John Wesley hablaba de “perfección cristiana” o “santificación completa”, no estaba hablando de volverse impecable o de no cometer nunca un error.¹ Sabía que mientras estemos en esta vida, estaremos sujetos a la ignorancia, a errores de juicio y a la tentación.²⁵

En cambio, la perfección cristiana trata sobre la perfección del amor. Es un estado, hecho posible por la gracia santificante de Dios, donde el corazón del creyente es limpiado de su orientación interna hacia el pecado. Es un momento y un proceso donde el amor a Dios y al prójimo se convierte en el motivo único y dominante del corazón, los pensamientos y las acciones de uno.²⁹ Es tener “la mente de Cristo” y caminar como Él caminó, no en capacidad, sino en intención y amor.²⁵

Para los metodistas, este no es un ideal lejano e inalcanzable. Es un regalo real de gracia que puede ser recibido por fe en esta vida.²⁹ Wesley creía que si Jesús nos ordenó ser perfectos (Mateo 5:48), entonces con la ayuda de Dios, debe ser posible. Esta creencia es el motor teológico que impulsa todo el proyecto metodista. Los pequeños grupos de rendición de cuentas, el énfasis en la santidad social, el evangelismo apasionado: todo está dirigido a ayudar a las personas a “avanzar hacia la perfección”.¹ Es el punto central de su comprensión de la salvación.¹

La visión anglicana de la santificación

Los anglicanos también creen apasionadamente en la santidad y en el proceso de santificación. El llamado a ser transformados a la imagen de Cristo es central para la espiritualidad anglicana. Pero la tradición anglicana no tiene una doctrina formal de “santificación completa” como una experiencia distinta e instantánea que perfecciona los motivos del corazón en esta vida.¹

Para los anglicanos, la santificación se entiende generalmente como un viaje de toda la vida de crecimiento en la gracia. Es un proceso de cooperación con el Espíritu Santo a través de los medios de gracia que Él ha dado a la Iglesia: participación regular en los sacramentos, oración disciplinada, estudio de las Escrituras y actos de amor y servicio.³² Si bien una persona se vuelve más santa y más parecida a Cristo a lo largo de su vida, la perfección final y la libertad completa de la atracción interna del pecado es algo que se realiza plenamente solo en la gloria del cielo.³³ El viaje hacia la santidad es esencial, pero la llegada final a la perfección se ve como una esperanza futura más que como una posibilidad presente.

¿Cómo discernimos la verdad de Dios?

Toda tradición cristiana debe responder a la pregunta: ¿Cómo sabemos qué es verdad? ¿Cómo interpretamos fielmente la voluntad de Dios revelada en la Biblia? Tanto anglicanos como metodistas tienen una visión elevada de las Escrituras, pero han desarrollado marcos ligeramente diferentes sobre cómo leerlas y aplicarlas, una diferencia que revela el carácter único de cada tradición.

El taburete de tres patas anglicano

El enfoque anglicano clásico de la autoridad a menudo se representa como un “taburete de tres patas”, un concepto articulado de manera más famosa por el teólogo del siglo XVI Richard Hooker.⁸ Las tres patas son las Escrituras, la Tradición y la Razón.

  • Escritura: Para los anglicanos, las Sagradas Escrituras son la fuente suprema de autoridad. La Biblia contiene todas las cosas necesarias para la salvación, y nada puede enseñarse como un requisito de fe que no pueda encontrarse en la Biblia o probarse mediante ella.¹⁶ Las Escrituras son la pata principal del taburete, el fundamento sobre el cual descansa todo lo demás.
  • Tradición: Los anglicanos no creen que cada persona deba reinventar la fe cristiana desde cero. Miran a la Tradición —las enseñanzas y prácticas de la iglesia histórica e indivisa, especialmente expresadas en los Credos— como una guía vital para interpretar las Escrituras.¹⁶ La Tradición es la sabiduría de la familia de Dios a través de los siglos, ayudando a proteger a la Iglesia de interpretaciones novedosas o incorrectas de la Biblia.
  • Razón: Dios nos dio mentes y la capacidad de pensar críticamente. Los anglicanos creen que la Razón es un regalo de Dios que debe usarse para comprender y aplicar las verdades de las Escrituras y la Tradición a nuestras vidas y al mundo que nos rodea.³⁴

Este enfoque equilibrado le da al anglicanismo su estabilidad característica y profundidad intelectual. Busca mantener la Palabra revelada de Dios en una conversación cuidadosa con la sabiduría histórica de la Iglesia y la indagación reflexiva de la mente humana.

El cuadrilátero wesleyano

John Wesley, como buen anglicano, se crió con este taburete de tres patas. Pero su propio y poderoso viaje espiritual y las experiencias del avivamiento metodista lo llevaron a añadir un cuarto elemento, creando lo que ahora se conoce como el “cuadrilátero wesleyano”: Escritura, Tradición, Razón y Experiencia.³⁷

  • Experience: Esta es la contribución metodista distintiva. Para Wesley, las verdades de la fe no solo debían creerse, sino experimentarse en el corazón del creyente.³⁹ El “corazón ardiente”, la seguridad de la salvación, la transformación tangible de la vida de uno; estas experiencias personales y comunitarias de la gracia de Dios sirven para “vivificar”, o dar vida, a las doctrinas que se encuentran en las Escrituras y la Tradición.⁴⁰ La experiencia confirma la verdad del Evangelio de una manera poderosa y personal.

Es crucial entender que para los metodistas, al igual que para los anglicanos, las Escrituras siguen siendo la fuente principal de autoridad.³⁸ El cuadrilátero no es un cuadrado con cuatro lados iguales. Más bien, la Tradición, la Razón y la Experiencia son lentes a través de los cuales se leen, comprenden y aplican las Escrituras. La adición de la Experiencia valida formalmente la “religión del corazón” que fue la génesis misma del movimiento metodista. Le da peso teológico al testimonio personal y a la realidad vivida del poder transformador de Dios, que es tan central para la identidad metodista.

¿Cómo es un servicio dominical en cada tradición?

Aunque tanto anglicanos como metodistas se reúnen para alabar a Dios, escuchar la Palabra y orar por el mundo, el aspecto y la sensación de sus servicios dominicales pueden ser bastante diferentes. Estas diferencias reflejan sus distintos énfasis teológicos y caminos históricos.

Adoración anglicana: El Libro de Oración Común y las “Tres Corrientes”

La piedra angular de la adoración anglicana es El Libro de Oración Común (BCP, por sus siglas en inglés).¹⁶ Compilado por primera vez durante la Reforma inglesa, este libro proporciona una liturgia rica y hermosa —un orden establecido de oraciones, lecturas de las Escrituras y ritos— que da forma a la adoración de los anglicanos en todo el mundo. Incluso en las iglesias que utilizan un lenguaje más moderno, la estructura subyacente del BCP está casi siempre presente.¹⁶

Dentro de este marco común, existe un amplio espectro de estilos de adoración, a menudo descritos como tres “corrientes” 16:

  • Iglesia alta (o anglocatólica): Un visitante a un servicio anglicano de iglesia alta podría sentir que ha entrado en una misa católica romana. La adoración es altamente ceremonial y reverente, a menudo presentando vestimentas elaboradas para el clero, incienso, campanas y un fuerte enfoque en la Eucaristía (Santa Comunión) como un sacrificio sagrado.¹⁶
  • Iglesia baja (o evangélica): Un servicio de iglesia baja se siente mucho más protestante. El estilo es más sencillo y menos ceremonial. El enfoque central suele estar en el sermón y la predicación de la Palabra. Hay un fuerte énfasis en la fe personal, la conversión y la comprensión de la Biblia.¹⁶
  • Iglesia amplia (o carismática): Muchas iglesias anglicanas se encuentran en algún punto intermedio, mezclando elementos de ambas tradiciones. Algunas también incorporan prácticas carismáticas, como música más contemporánea, oración espontánea y un énfasis en la obra activa del Espíritu Santo.

Adoración metodista: Predicación, himnos y respuesta sentida

La adoración metodista, aunque tiene sus raíces en la adaptación de Wesley del Libro de Oración anglicano, desarrolló un carácter distintivo en el entorno de la frontera estadounidense.⁴⁶ Con la escasez de clero ordenado, los servicios a menudo eran dirigidos por predicadores laicos, lo que naturalmente colocaba al sermón en el centro del servicio.¹²

Hoy en día, un servicio metodista típico suele ser menos formalmente litúrgico que uno anglicano. Aunque existe un patrón básico de adoración, hay más espacio para la espontaneidad y un enfoque en la participación congregacional sentida.⁴⁸ Las características clave incluyen:

  • Centralidad del sermón: La predicación de la Palabra es típicamente el evento principal del servicio, destinado a instruir, inspirar y llamar a una respuesta personal de fe.
  • Canto apasionado de himnos: El metodismo es famoso por su rica herencia musical, especialmente los miles de himnos escritos por Charles Wesley. El “canto entusiasta” es un sello distintivo de la adoración metodista, visto como una forma clave para que la congregación exprese su fe.⁴⁷
  • Diversidad de estilo: Al igual que el anglicanismo, el metodismo moderno incluye una variedad de estilos de adoración. Muchas iglesias mantienen un formato tradicional con órgano y coro, mientras que un número creciente ha adoptado la adoración contemporánea con bandas de alabanza y canciones cristianas modernas.⁵⁰
  • Servicios distintivos: Los metodistas también tienen servicios únicos que son fundamentales para su identidad, como el Servicio de Pacto anual, donde la congregación renueva su compromiso con Dios para el año venidero, y la Fiesta de Amor, una comida sencilla de compañerismo y testimonio.²⁰

¿Cómo encontramos a Cristo en los sacramentos?

Los sacramentos son momentos sagrados donde Dios usa cosas visibles y físicas —agua, pan, vino— para transmitirnos Su gracia invisible. Tanto los anglicanos como los metodistas aprecian los sacramentos, pero difieren ligeramente en sus definiciones formales y, más significativamente, en sus prácticas comunes.

¿Cuántos sacramentos?

Ambas tradiciones están en firme acuerdo sobre los dos “grandes Sacramentos” que Jesús mismo ordenó en los Evangelios.

  • Los anglicanos enseñan oficialmente que hay dos sacramentos ordenados por Cristo como generalmente necesarios para la salvación: el bautismo y el Eucaristía (o Santa Comunión).¹⁸ Pero también reconocen otros cinco ritos importantes que se ven como canales de la gracia de Dios. Estos a menudo se llaman “ritos sacramentales” o “sacramentos menores” e incluyen la Confirmación, la Ordenación, el Santo Matrimonio, la Reconciliación de un Penitente (Confesión) y la Unción de los Enfermos.¹⁸
  • los metodistas reconocen formalmente solo los dos sacramentos instituidos por Cristo: el bautismo y el Cena del Señor.¹² Aunque practican otros ritos como el matrimonio y la ordenación, no los definen formalmente como sacramentos de la misma manera.

La Eucaristía: Una comparación de creencias y prácticas

Las diferencias más importantes aparecen en la comprensión y práctica de la Eucaristía, o Cena del Señor.

John y Charles Wesley eran hombres profundamente sacramentales; incluso fueron apodados “los sacramentalistas” en Oxford debido a su devoción a la comunión frecuente.¹ Pero las realidades prácticas del movimiento metodista, particularmente en Estados Unidos, llevaron a una “deriva sacramental”. El sistema de predicadores itinerantes significaba que los ministros ordenados que podían celebrar la Cena no siempre estaban presentes, lo que llevó a un enfoque en el sermón y una comunión menos frecuente.⁴⁶ Esta historia ayuda a explicar las diferencias que vemos hoy.

Característica el anglicanismo El metodismo
Sacramentos ordenados por Cristo 2: Bautismo y Eucaristía 2: Bautismo y Cena del Señor
Otros ritos sacramentales 5 ritos reconocidos (Confirmación, Ordenación, etc.) Sin reconocimiento formal de otros como sacramentos
Eucaristía: Visión de la presencia Presencia real (con diversas interpretaciones, desde espiritual hasta corpórea) Presencia real (como un “medio de gracia”)
Eucaristía: Elemento típico Wine Jugo de uva (común)
Eucaristía: Frecuencia típica A menudo semanalmente A menudo mensual o trimestral

Los anglicanos afirman universalmente la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, lo que significa que es más que una simple comida simbólica. Es un verdadero encuentro con el Cristo vivo. Dentro de esta creencia, hay un espectro: algunos creen en una presencia espiritual, mientras que los anglocatólicos sostienen una presencia corpórea, cuyos detalles son un santo misterio.⁵² Debido a esta visión elevada, la Eucaristía es central para la adoración anglicana, y la celebración semanal es la norma en muchas parroquias.⁵⁴

Los metodistas también afirman oficialmente la Presencia Real de Cristo. Sus documentos formales, como Este Santo Misterio, establecen que la Cena del Señor es un “medio de gracia” donde Cristo está verdaderamente presente.⁵⁵ Pero como resultado de su historia, la práctica de la comunión es a menudo menos frecuente, ocurriendo comúnmente de forma mensual o incluso trimestral.¹² Una diferencia práctica muy notable es el uso generalizado de jugo de uva sin fermentar en lugar de vino. Esta práctica comenzó durante los movimientos de templanza del siglo XIX y se ha convertido en una característica distintiva de muchas iglesias metodistas.²⁰

¿Quién dirige la iglesia y cómo está organizada?

La forma en que una iglesia se organiza —su estructura de liderazgo y autoridad, conocida como su política— refleja sus creencias más profundas sobre la naturaleza de la Iglesia misma. Aquí, los anglicanos y los metodistas tienen sistemas relacionados pero claramente distintos.

Política anglicana: episcopal y apostólica

La Iglesia anglicana tiene una episcopal forma de gobierno. Esto significa que está dirigida por obispos, quienes son asistidos por sacerdotes y diáconos.¹⁸ La palabra “episcopal” proviene del griego

episkopos, que significa “supervisor”.

Una creencia fundamental para los anglicanos es la episcopado histórico, o sucesión apostólica.¹⁶ Esta es la convicción de que sus obispos son parte de una línea ininterrumpida de sucesión, consagrados uno a uno, que se remonta hasta los apóstoles originales de Jesús. Para los anglicanos, esto no es solo una curiosidad histórica; es un signo visible de la continuidad, unidad y fidelidad de la Iglesia a la fe apostólica a lo largo de los siglos.²⁰ Los obispos tienen la autoridad para ordenar nuevos clérigos, para proteger la fe y la doctrina de su diócesis, y para servir como un foco de unidad.⁶⁰

Política metodista: conexional y de nombramiento

La Iglesia metodista tiene lo que se llama un connexional sistema de gobierno.²⁷ Esta es una forma modificada de política episcopal que enfatiza la interdependencia y el apoyo mutuo de todas las iglesias y ministros dentro de la denominación.¹ El nombre proviene de la “conexión” de sociedades que Wesley estableció.

Aunque la mayoría de las denominaciones metodistas tienen obispos, su papel y autoridad se entienden de manera diferente. Los obispos metodistas son principalmente líderes administrativos que presiden la iglesia y sus conferencias.²⁴ Una característica clave y distintiva de su papel es el poder de

appoint asignar pastores a las iglesias.¹² Esta práctica, conocida como “itinerancia”, se remonta al sistema de predicadores itinerantes de Wesley que se movían de un lugar a otro para difundir el evangelio.

Crucialmente, los metodistas generalmente no sostienen la misma doctrina de sucesión apostólica que los anglicanos. La autoridad de un obispo se considera que surge de su cargo y función dentro del sistema conexional, no de ser parte de un orden de ordenación separado y superior transmitido desde los apóstoles.¹ Esta diferencia en la comprensión de la naturaleza del ministerio es uno de los obstáculos más importantes en las conversaciones ecuménicas entre las dos tradiciones.

¿Cuál es la postura de la Iglesia Católica sobre las iglesias anglicana y metodista?

Al explorar el árbol genealógico del cristianismo, a menudo es útil comprender la perspectiva de la Iglesia católica romana de la cual la propia Iglesia de Inglaterra se separó en el siglo XVI. La posición católica, aunque es un punto de división dolorosa para muchos, puede servir como una especie de espejo, ayudando tanto a anglicanos como a metodistas a ver sus propias identidades con mayor claridad mediante la comparación. Es importante abordar este tema con sensibilidad pastoral, reconociendo que estos son juicios basados en el marco teológico específico de la propia Iglesia católica.

La cuestión de las órdenes válidas

El tema central para la Iglesia católica gira en torno a las Sagradas Órdenes y la sucesión apostólica. En 1896, el Papa León XIII emitió una bula papal llamada Apostolicae Curae, que declaró que las ordenaciones anglicanas eran “absolutamente nulas y sin valor”.⁶² El razonamiento fue doble:

  1. Un defecto de forma: La Iglesia católica juzgó que las palabras utilizadas en el rito de ordenación anglicano durante la Reforma eran insuficientes para conferir el sacramento de las Sagradas Órdenes tal como lo entiende la Iglesia católica.
  2. Un defecto de intención: Se creía que los reformadores anglicanos habían cambiado intencionalmente el rito para eliminar cualquier referencia a un sacerdocio sacrificial, señalando así una ruptura con la comprensión histórica y católica del ministerio.⁶²

Desde la perspectiva católica, esta ruptura en la forma y la intención significó que la línea de sucesión apostólica se cortó. Por lo tanto, los sacerdotes anglicanos no son considerados sacerdotes válidamente ordenados en la visión católica, y no pueden celebrar válidamente la Eucaristía ni otorgar la absolución.

Debido a que el ministerio metodista deriva de John Wesley, un sacerdote anglicano que ordenó a otros fuera de la estructura establecida, la Iglesia católica, por la misma lógica, también consideraría inválidas las órdenes metodistas. Si la fuente se considera inválida, entonces lo que fluye de ella no puede ser válido en esta visión.

Una visión más matizada: “Comunidades eclesiales” y bautismo compartido

Si bien el juicio sobre las Sagradas Órdenes sigue siendo firme, el tono de la relación ha cambiado drásticamente desde el Concilio Vaticano II en la década de 1960. La Iglesia católica ya no habla de las tradiciones protestantes como si no tuvieran nada de Iglesia. En cambio, se refiere a ellas como “comunidades eclesiales” en las que el “Espíritu de Cristo no se ha abstenido de usarlas como medios de salvación”.⁶³ Este es un reconocimiento poderoso de la fe y la vida cristiana auténticas que se encuentran dentro del anglicanismo y el metodismo.

Aún más significativamente, la Iglesia católica reconoce la validez de los bautismos realizados tanto en la tradición anglicana como en la metodista, siempre que se realicen con agua y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.⁶³ Esto significa que, a los ojos de la Iglesia católica, un anglicano o metodista bautizado es un verdadero cristiano, un miembro del único Cuerpo de Cristo. Este bautismo compartido es un punto de unidad poderoso y fundamental que trasciende las dolorosas divisiones sobre el ministerio y la Eucaristía.

Esta posición católica, aunque difícil, obliga tanto a anglicanos como a metodistas a articular lo que creen que constituye verdaderamente la Iglesia y su ministerio. Para los anglicanos, destaca la profunda importancia que otorgan al episcopado histórico como signo de su propia catolicidad. Para los metodistas, aclara que su identidad no está arraigada en una sucesión ininterrumpida y antigua de obispos, sino en la predicación fiel de la Palabra, la experiencia personal de la gracia y una estructura conexional diseñada para la misión.

Una familia unida en la esperanza

Volviendo a nuestra imagen de una familia, podemos ver las tradiciones anglicana y metodista como dos hermanos amados, cada uno con un carácter único y precioso.

El anglicanismo es quizás el hermano mayor, profundamente conectado con el antiguo hogar familiar. Valora la liturgia histórica, la belleza majestuosa de las oraciones antiguas y la sabiduría transmitida a través de generaciones. Es un hogar amplio y complaciente, una “gran carpa” que da cabida a una amplia diversidad de expresiones teológicas, manteniéndolas unidas en una vida común de adoración y un respeto compartido por la tradición.

El metodismo es el hermano menor y más celoso, nacido de un fuego en el corazón. Es apasionado, enérgico y se centra en una experiencia directa y personal del amor de Dios. Tiene un “método” claro para su viaje espiritual, una hoja de ruta hacia la santidad impulsada por la creencia ferviente de que la gracia de Dios puede perfeccionarnos en el amor, aquí y ahora. Su adoración está llena de cantos sinceros y su misión es compartir las buenas nuevas con un mundo necesitado.

A pesar de sus diferentes personalidades, el parecido familiar es inconfundible. Comparten el mismo ADN central: una fe profunda en el Dios Trino; una confianza en las Sagradas Escrituras como Palabra de Dios; una confianza alegre en la obra salvadora de Jesucristo; y una historia compartida que comenzó en el corazón de la misma Iglesia inglesa.

Hoy, estos dos hermanos están hablando más que nunca. Hay diálogos en curso y propuestas para una comunión más plena, reconociendo que lo que los une es mucho mayor que lo que los divide.⁵⁵ Están aprendiendo el uno del otro, apreciando las fortalezas del otro y buscando sanar las divisiones del pasado. Mientras recorren sus dos caminos, lo hacen con una herencia compartida y un destino común: la unidad plena y perfecta en presencia de su único Señor y Salvador, Jesucristo, en quien toda la familia de Dios será un día una sola.



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