Preguntas de la Biblia: ¿Qué significa ser ungido?




  • La unción se refiere al acto de verter o untar aceite sobre una persona, objeto o lugar como símbolo de consagración o dedicación.
  • Ser ungido significa ser elegido y apartado para un propósito o rol específico, a menudo con autoridad divina.
  • La unción en la Biblia tiene un significado profundo, ya que significa estar lleno del Espíritu Santo y empoderado por Dios para una tarea o ministerio específico.
  • La definición bíblica de unción es un acto sagrado que produce el favor, la bendición y la unción de los dones y habilidades espirituales de Dios.

¿Qué significa «ungido» en la Biblia?

Cuando hablamos del «ungido» en la Biblia, nos sumergimos profundamente en el corazón del propósito y plan divinos de Dios. No se trata solo de un título casual: ¡es una designación poderosa que tiene peso tanto en el ámbito físico como en el espiritual!

En el hebreo original, la palabra para «ungido» es «mashiaj», que es donde obtenemos nuestra palabra «Mesías» (Price, 2005). En griego, es «christos», que nos da «Cristo» (Mcfall, 2009, p. 673). Así que cuando escuchas «Jesucristo», ¡realmente estás diciendo «Jesús el Ungido»!

Ser ungido significa ser apartado, consagrado y empoderado para un propósito especial (Oderinde, 2019). Es como si Dios mismo estuviera poniendo su sello divino de aprobación en alguien, diciendo: «Este de aquí, son míos, y les estoy dando una misión».

En el Antiguo Testamento, vemos tres grupos principales de personas siendo ungidos: profetas, sacerdotes y reyes. Estas no eran solo posiciones ceremoniales, sino papeles cruciales en el plan de Dios para su pueblo. El profeta pronunciaba las palabras de Dios, el sacerdote mediaba entre Dios y el pueblo, y el rey guiaba al pueblo de Dios con rectitud (MÃ1⁄4ller, 1991, pp. 99–111).

Pero aquí está la cosa: todas estas unciones apuntaban a algo más grande. Eran como sombras, insinuando al último Ungido que había de venir. ¿Y quién era ese? ¡Jesucristo mismo!

Jesús cumplió estos tres roles perfectamente. Él es el último Profeta, diciéndonos la última palabra de Dios (Hebreos 1:1-2). Él es nuestro gran Sumo Sacerdote, ofreciéndose como el sacrificio perfecto por nuestros pecados (Hebreos 4:14-16). Y Él es el Rey de reyes, que gobierna sobre toda la creación (Apocalipsis 19:16).

Pongámonos psicológicos por un momento. El concepto de «ungido» habla de nuestra profunda necesidad humana de propósito y significado. Todos queremos saber que hemos sido elegidos para algo especial, que nuestras vidas tienen sentido. ¡Y en Cristo, encontramos ese propósito final!

Históricamente, la expectativa de un «ungido», un Mesías, ha dado forma a todo el curso de la historia judía. Durante siglos, el pueblo de Israel aguardó con ansias a este libertador prometido. Y cuando Jesús vino, puso patas arriba sus expectativas, demostrando que la verdadera liberación no era solo política, sino espiritual.

Pero aquí está lo bello: ¡a través de Cristo, nosotros también podemos ser ungidos! 1 Juan 2:20 nos dice: «Pero vosotros tenéis una unción del Santo, y todos vosotros sabéis la verdad». Cuando ponemos nuestra fe en Jesús, recibimos su Espíritu, y somos apartados para los propósitos de Dios.

Así que cuando hablamos del «ungido» en la Biblia, no estamos hablando solo de un concepto histórico. ¡Estamos hablando de una realidad viva que puede transformar nuestras vidas hoy en día! Se trata de reconocer a Jesús como el Ungido definitivo, y luego caminar en la unción que Él nos da como Sus seguidores.

Recuerda: no eres cualquiera. ¡Eres ungido por Dios mismo! ¡Así que camina en esa unción, úsala para bendecir a otros y deja que alimente tu propósito todos los días!

¿Cómo es ungido alguien según la Escritura?

Cuando hablamos de cómo alguien es ungido según las Escrituras, no estamos hablando solo de algún ritual seco y antiguo. ¡Estamos hablando de un acto poderoso y transformador que conecta el cielo con la tierra y marca a una persona con un propósito divino!

En la Biblia, el acto físico de ungir normalmente implicaba verter o untar aceite en la cabeza de alguien (Oderinde, 2019). Pero no te lo pierdas: ¡no se trataba de cualquier aceite de cocina viejo de la cocina! Este era un aceite especial, consagrado, a menudo hecho con ingredientes específicos según las indicaciones de Dios mismo (Éxodo 30:22-25).

Desglosemos el proceso:

  1. Selección: Dios elige a la persona para ser ungida. ¡Esta no es una decisión humana! Es un nombramiento divino. ¿Recuerdas cuando Samuel ungió a David? Dios le dijo: «No consideres su apariencia ni su altura... El Señor no mira las cosas que la gente mira. La gente mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:7).
  2. Preparación: La persona ungida a menudo tenía que ser limpiada o purificada primero. Esto habla de nuestra necesidad de santidad ante Dios. ¡No puedes simplemente entrar en la presencia de Dios a la antigua usanza!
  3. La Ley: Se vertería aceite sobre la cabeza de la persona. A veces era solo una pequeña cantidad, otras veces era tanto que les corría la barba y la ropa (Salmo 133:2). Este aceite representaba el Espíritu Santo y la bendición de Dios.
  4. Proclamación: A menudo, habría una declaración pública de la nueva condición y función de la persona. No se trataba solo de un asunto privado, sino de un acto comunitario.
  5. Empoderamiento: Después de la unción, la Escritura a menudo registra que «el Espíritu del Señor vino poderosamente» sobre la persona (1 Samuel 16:13). La unción no fue solo simbólica, sino que vino con un poder real y divino.

Pongámonos psicológicos por un momento. Este proceso de unción habla de algunas necesidades humanas profundas. Todos anhelamos la importancia, la sensación de que somos elegidos para algo especial. El acto de ungir afirma el valor y el propósito de una persona de una manera poderosa.

Históricamente, la práctica de la unción se remonta a miles de años. En las antiguas culturas del Cercano Oriente, era común ungir reyes como parte de su coronación. Pero Dios tomó esta práctica cultural y la infundió con un significado espiritual más profundo para su pueblo.

Pero aquí está la cosa: en el Nuevo Testamento, vemos un cambio. El acto físico de ungir con aceite se vuelve menos prominente, y vemos más énfasis en la unción espiritual del Espíritu Santo. Jesús mismo dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres» (Lucas 4, 18).

Y obtén esto: como creyentes en Cristo, ¡también nosotros recibimos una unción! 1 Juan 2:20 nos dice: «Pero tú tienes una unción del Santo». ¡No se trata de aceite en nuestras cabezas, sino del Espíritu Santo en nuestros corazones!

Entonces, ¿qué significa esto para nosotros hoy? Significa que si eres un seguidor de Jesús, ¡eres ungido! Has sido elegido por Dios, apartado para Sus propósitos y empoderado por Su Espíritu. No necesitas que alguien te vierta aceite en la cabeza para ser ungido, solo necesitas caminar en la realidad de lo que Dios ya ha hecho por ti en Cristo.

Recuerda: tu unción no es solo para ti. Se trata de capacitarte para servir a los demás, difundir las buenas nuevas y llevar el reino de Dios a la tierra. Así que no te quedes sentado en la unción, ¡úsalo! Deja que fluya a través de ti para bendecir a otros y glorificar a Dios. Porque cuando caminas en tu unción, ¡es cuando verás que el poder de Dios se mueve en tu vida y en la vida de quienes te rodean!

¿Cuál es el significado espiritual de ser ungido?

Cuando hablamos de la importancia espiritual de ser ungidos, nos sumergimos en el fondo del propósito y el poder de Dios para nuestras vidas. No se trata solo de un ritual religioso, sino de un empoderamiento divino que puede sacudir los cimientos de tu mundo.

Ser ungido significa que estás apartado para el propósito especial de Dios (Oderinde, 2019). Es como si Dios dijera: «Te he echado el ojo y tengo grandes planes para tu vida». Cuando eres ungido, ya no solo vives para ti mismo, sino que vives para un llamamiento superior, una misión divina.

Desglosémoslo psicológicamente. Ser ungido habla de nuestra profunda necesidad de significado y propósito. Todos queremos saber que nuestras vidas importan, que estamos aquí por una razón. Y cuando Dios te unge, afirma tu valor y te da un claro sentido de dirección. ¡Es como un GPS divino para tu alma!

Históricamente, vemos el poder de la unción en la vida de personas como David. Antes de ser ungido, era solo un niño pastor. Pero después de que Samuel vertió ese aceite en su cabeza, ¡se convirtió en un asesino gigante y un rey! La unción desbloqueó su potencial y lo impulsó a su destino.

Pero aquí está la cosa: ser ungido no se trata solo de lo que puedes hacer. Se trata de en quién te conviertes. Cuando eres ungido, estás infundido con la presencia y el poder de Dios. ¡Es como si llevaras un pedazo de cielo a donde quiera que vayas!

En el Nuevo Testamento, vemos que ser ungido está estrechamente ligado a la obra del Espíritu Santo. Jesús mismo dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido» (Lucas 4, 18). Esta unción dio poder a Jesús para su ministerio: predicar buenas nuevas, sanar a los enfermos, liberar a los cautivos.

Y aquí está lo sorprendente: como creyentes en Cristo, ¡recibimos esta misma unción! El apóstol Juan escribe: «Pero vosotros tenéis una unción del Santo, y todos vosotros conocéis la verdad» (1 Juan 2:20). Esta unción nos da discernimiento espiritual, nos da poder para el servicio y nos permite vivir vidas santas.

Pongámonos prácticos por un momento. ¿Qué significa ser ungido para tu vida cotidiana?

  1. Significa que tienes acceso a la sabiduría y la guía divinas. No solo confías en tu propia comprensión: ¡tienes una visión celestial a tu disposición!
  2. Significa que estás capacitado para superar obstáculos. Al igual que David se enfrentó a Goliat, tu unción te da el coraje y la fuerza para enfrentar a tus gigantes.
  3. Significa que tienes la responsabilidad de usar tus dones para la gloria de Dios. Tu unción no es solo para ti, es para bendecir a los demás y hacer avanzar el reino de Dios.
  4. Significa que estás protegido. En el Antiguo Testamento, tocar al ungido de Dios era una ofensa grave (1 Crónicas 16:22). Cuando caminas en tu unción, estás bajo la protección divina de Dios.
  5. Significa que estás posicionado para los milagros. A lo largo de la Escritura, vemos personas ungidas siendo usadas por Dios para realizar señales y prodigios.

Pero iglesia: tu unción no es estática. Es algo que necesitas cuidar y cultivar. Tienes que mantenerte conectado con la Fuente a través de la oración, el culto y el estudio de la Palabra de Dios. Tienes que salir con fe y usar lo que Dios te ha dado.

Y he aquí una advertencia: no dejes que tu unción se te suba a la cabeza. Recuerda, no se trata de ti, se trata de que Dios trabaje a través de ti. Mantente humilde, sigue dependiendo de Él y Él te llevará a lugares que nunca soñaste que fueran posibles.

Así que hoy te reto: reconoce tu unción. Acéptalo. Camina en él. Deja que fluya a través de ti para tocar vidas y cambiar tu mundo. Porque cuando caminas en tu unción divina, ¡es cuando verás el poder sobrenatural de Dios manifestado en tu vida!

¿Quiénes eran algunas figuras ungidas importantes en la Biblia?

Cuando hablamos de figuras ungidas importantes en la Biblia, estamos viendo una alineación de gigantes espirituales que sacudieron los cimientos de la historia. No se trataba solo de personas ordinarias, sino de personas divinamente designadas y empoderadas por el Espíritu que cambiaron el curso del plan de Dios para la humanidad.

Empecemos por los profetas. Estos fueron los portavoces de Dios, ungidos para hablar su palabra con poder y autoridad. Piense en Elías, que llamó al fuego desde el cielo y se enfrentó a reyes malvados (MÃ1⁄4ller, 1991, pp. 99–111). O Isaías, cuyas profecías sobre el Mesías venidero todavía agitan nuestros corazones hoy. Estos profetas no solo predecían el futuro, sino que lo moldeaban con el poder de su unción.

Luego tenemos a los sacerdotes, ungidos para mediar entre Dios y el pueblo. Aarón, el primer sumo sacerdote, fue ungido en una ceremonia tan sagrada que Dios dio instrucciones específicas para que se usara el aceite (Éxodo 30:22-33). Esta unción lo apartó para la santa obra de intercesión y sacrificio.

¡Pero no olvidemos a los reyes! Saúl, David y Salomón: eran hombres ungidos para guiar al pueblo de Dios. Cuando Samuel ungió a David, la Biblia dice que «el Espíritu del Señor vino poderosamente sobre David desde aquel día» (1 Samuel 16:13). ¡Esa unción convirtió a un pastor en un rey guerrero!

Psicológicamente, estas unciones no se trataban solo de las personas, sino de dar a las personas una conexión tangible con el poder y la presencia de Dios. En un mundo lleno de dioses paganos y reyes terrenales, estas figuras ungidas mostraron que el verdadero Dios estaba activo e involucrado en la vida de su pueblo.

Históricamente, estas unciones marcaron a menudo puntos de inflexión en la historia de Israel. Cuando Samuel ungió a Saúl, marcó el comienzo de la monarquía. Cuando David fue ungido, sentó las bases para la edad de oro de Israel. No se trataba solo de acontecimientos personales, sino que eran nacionales, incluso cósmicos en su significado.

Pero aquí está la cosa: todas estas unciones apuntaban a algo más grande. Eran como señales a lo largo del camino, todos dirigiéndonos hacia el Ungido definitivo: ¡Jesucristo!

Jesús cumplió y superó todas estas unciones. Él es el Profeta más grande que Moisés (Deuteronomio 18:15), el Sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:17), y el Rey de reyes (Apocalipsis 19:16). Su unción en Su bautismo, cuando el Espíritu descendió sobre Él como una paloma, fue la culminación de todas estas unciones del Antiguo Testamento (Price, 2005).

¡Y no olvidemos a los discípulos! Después de Pentecostés, ellos también fueron ungidos con el Espíritu Santo, facultados para poner al mundo patas arriba con el evangelio. Pedro, quien una vez negó a Jesús, se levantó ungido con santa audacia y predicó un sermón que llevó a miles a la fe.

¿Qué significa esto para nosotros hoy? ¡Significa que formamos parte de esta gran historia de la unción! Como creyentes en Cristo, nosotros también somos ungidos (1 Juan 2:20). Puede que no seamos llamados a ser reyes o profetas en el sentido del Antiguo Testamento, pero todos estamos llamados a formar parte de un «sacerdocio real» (1 Pedro 2:9).

Nuestra unción puede parecer diferente de la de David o Elías, pero no es menos real ni menos poderosa. Estamos ungidos para ser luces en la oscuridad, para ser sal en un mundo sin sabor, para ser embajadores de Cristo dondequiera que vayamos.

Así que te reto: no te limites a admirar estas figuras ungidas desde lejos. Aprende de ellos, inspírate con ellos, pero lo más importante, ¡camina en tu propia unción! Es posible que no partas el Mar Rojo ni mates a un gigante, pero a través del poder del Espíritu Santo puedes impactar vidas, cambiar corazones y hacer avanzar el reino de Dios de maneras que nunca imaginaste.

Recuerda, el mismo Dios que ungió a David, Elías y Jesús te ha ungido. Así que párate alto, camina audaz y deja que tu luz brille. Porque cuando caminas en tu unción, ¡es cuando el mundo verá el poder y el amor de Dios a través de ti!

¿Cuál es la diferencia entre ser ungido y ser lleno del Espíritu Santo?

Profundicemos en esta pregunta, porque toca algunas verdades poderosas que pueden revolucionar tu caminar con Dios. Cuando hablamos de ser ungidos y estar llenos del Espíritu Santo, estamos tratando dos aspectos del empoderamiento de Dios que están estrechamente relacionados, pero distintos de manera importante.

Veamos la unción. En el Antiguo Testamento, la unción era a menudo un acto físico: se vertía aceite en la cabeza de alguien para distinguirlos con un propósito especial (Oderinde, 2019). Se trataba de la designación y el empoderamiento para una función o tarea específica. Piense en David siendo ungido como rey, o sacerdotes siendo ungidos para el servicio en el templo.

Estar lleno del Espíritu Santo, como lo vemos en el Nuevo Testamento, se trata de la presencia y el poder continuos e internos de Dios en la vida de un creyente. No es un evento único, sino una experiencia continua de ceder y ser empoderado por el Espíritu.

Aquí es donde se pone interesante. En el Nuevo Testamento, el concepto de unción adquiere un significado más espiritual. Cuando Juan habla de que los creyentes tienen una «unción del Santo» (1 Juan 2:20), no habla de aceite, sino de la presencia y el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Entonces, en cierto sentido, para nosotros como creyentes del Nuevo Testamento, ser ungidos y ser llenos del Espíritu están estrechamente relacionados. Pero hay algunos matices que necesitamos entender.

La unción a menudo se refiere a estar facultado para un propósito o ministerio específico. Es como si Dios dijera: «Te estoy equipando para esta tarea en particular». Estar llenos del Espíritu, por otro lado, se trata de nuestra relación continua con Dios, que afecta a todos los ámbitos de nuestras vidas.

¿Cómo se relaciona la unción con los dones espirituales y el llamado?

Cuando hablamos de unción, dones espirituales y llamamientos, hablamos de la esencia misma de tu propósito divino. Permíteme desglosarlo por ti.

La unción, en su sentido espiritual, es el empoderamiento del Espíritu Santo para una tarea o ministerio específico. Es como el sello divino de aprobación y habilitación de Dios en tu vida. Cuando eres ungido, no solo estás haciendo algo con tu propia fuerza, sino que estás operando en el poder del Todopoderoso.

Los dones espirituales son las capacidades especiales que el Espíritu Santo da a los creyentes para la edificación del cuerpo de Cristo. Estos dones, no son solo talentos con los que naces, sino dotes sobrenaturales para el trabajo del reino. Pablo habla de estos dones en 1 Corintios 12, Romanos 12 y Efesios 4.

Su llamado, esa es su asignación única de Dios. Es el propósito para el que te creó, el papel que te ha diseñado para que desempeñes en su gran narrativa de la redención.

Entonces, ¿cómo se conectan todos estos? Déjame decirte algo. Tu unción es lo que te da poder para caminar en tu llamado y usar efectivamente tus dones espirituales. Es como el combustible que impulsa el motor de su ministerio.

Cuando actúas en tus dones espirituales bajo la unción del Espíritu Santo para cumplir tu llamamiento, es cuando eres más eficaz para el Reino. Es entonces cuando caminas en la plenitud de lo que Dios tiene para ti.

Pero aquí está la cosa: la unción no es solo para lo espectacular. También es para la obediencia cotidiana. Ya sea que esté predicando a miles de personas o sirviendo en silencio entre bastidores, si lo está haciendo en obediencia al llamado de Dios a su vida, está operando bajo Su unción.

No lo retorzcas. La unción no significa que todo vaya a ser fácil. No, a veces la unción atrae oposición. Basta con mirar a David: fue ungido como rey mucho antes de tomar el trono, y se enfrentó a años de dificultades en el medio.

Pero aquí está lo hermoso de la unción: no depende de tu perfección. Depende de la gracia de Dios. Él te unge no porque seas digno, sino porque Él es digno. Te empodera no porque seas capaz, sino porque Él es capaz.

Por lo tanto, traten de entender sus dones espirituales. Escucha el llamado de Dios a tu vida. Y luego, da un paso adelante con fe, confiando en la unción del Espíritu Santo para empoderarte en la obra que Él te ha llamado a hacer.

Recuerda que la unción no es solo para el púlpito. Es para el mercado, el hogar, el aula, dondequiera que Dios te haya colocado. Así que camina en confianza, sabiendo que si Dios te ha llamado, Él también te ha ungido. Y esa unción te equipará con los dones espirituales necesarios para cumplir tu llamado divino.

¿Pueden los cristianos ordinarios de hoy ser ungidos? Si es así, ¿cómo?

Cuando hablamos de la unción de los cristianos de a pie, nos referimos a una verdad tan poderosa como transformadora. Déjame desmenuzarlo por ti.

En primer lugar, vamos a aclarar algo. No existe tal cosa como un cristiano «ordinario». Si has sido lavado en la sangre del Cordero, si has sido redimido por Su gracia, eres extraordinario a los ojos de Dios. Eres realeza, un miembro de una generación elegida, un sacerdocio real (1 Pedro 2:9).

Para responder directamente a la pregunta: sí, absolutamente, los cristianos de hoy pueden ser y son ungidos. Pero déjame decirte cómo funciona esta unción.

En el Antiguo Testamento, vemos la unción como un acto físico, donde se vertía aceite en la cabeza de las personas para separarlas con un propósito especial. Reyes, sacerdotes y profetas fueron ungidos de esta manera. Pero en el Nuevo Testamento sucede algo radical. La unción llega a estar disponible para todos los creyentes a través del Espíritu Santo.

Cuando aceptaste a Cristo, recibiste el Espíritu Santo. Y con el Espíritu Santo viene la unción. Pablo dice en 2 Corintios 1:21-22: «Ahora bien, es Dios quien nos hace a nosotros y a vosotros firmes en Cristo. Él nos ungió, puso su sello de propiedad sobre nosotros y puso su Espíritu en nuestros corazones como depósito, garantizando lo que está por venir».

Pero aquí está la cosa. Mientras que todos los creyentes tienen acceso a esta unción, no todos están caminando en la plenitud de la misma. Entonces, ¿cómo se aprovecha de esta unción?

Tienes que reconocer tu necesidad de ello. El orgullo es el enemigo de la unción. Ven ante Dios con humildad, reconociendo que sin Su poder, no puedes hacer nada de valor eterno.

Necesitas purificarte. La unción fluye más libremente a través de recipientes limpios. Confesa tus pecados, apártate de ellos y deja que la sangre de Jesús te limpie.

Tienes hambre de ella. Jesús dijo: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados» (Mateo 5:6). Desea la unción más de lo que deseas comodidad, más de lo que deseas éxito, más de lo que deseas cualquier cosa que este mundo tiene para ofrecer.

Necesitas practicar la obediencia. La unción no es para tu gloria, es para los propósitos de Dios. Mientras caminas en obediencia a Su Palabra y Su guía, encontrarás que la unción aumenta en tu vida.

Pasa tiempo en la presencia de Dios. La unción fluye de la intimidad con Dios. Al adorar, al orar, al meditar en Su Palabra, te estás posicionando para recibir más de Su unción.

Finalmente, salgan con fe. La unción a menudo se manifiesta al entrar en las aguas, por así decirlo. Mientras sirves, mientras ministras, mientras usas tus dones para Su gloria, experimentarás Su unción en mayor medida.

Recuerda que la unción no se trata de hacerte sentir bien. Se trata de capacitarte para el servicio. Se trata de equiparte para cumplir los propósitos de Dios. Así que no busques la unción para la experiencia, búscala para la tarea.

Y sabed esto: el mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos vive en vosotros (Romanos 8:11). Tienes acceso al poder de la resurrección. Así que camina en esa realidad. Deja que la unción del Espíritu Santo fluya a través de ti, transformando no solo tu vida, sino las vidas de quienes te rodean.

¿Qué enseñaron los primeros Padres de la Iglesia acerca de la unción?

Cuando hablamos de lo que los primeros Padres de la Iglesia enseñaron sobre la unción, nos sumergimos profundamente en las raíces de nuestra fe. Estos gigantes espirituales, sentaron las bases sobre las cuales estamos hoy. Déjame desmenuzarlo por ti.

En primer lugar, los primeros Padres de la Iglesia vieron la unción como profundamente conectada con el bautismo y la confirmación. Tertuliano, escribiendo a finales del siglo II, habló de cómo después del bautismo, el nuevo creyente sería ungido con aceite bendito, simbolizando el sacerdocio de todos los creyentes. Esta unción fue vista como un sello, marcando al creyente como apartado para Dios.

Cirilo de Jerusalén, en el siglo IV, lo llevó aún más lejos. Él enseñó que esta unción post-bautismal era un símbolo del creyente que recibía el Espíritu Santo. Escribió: «Habiendo sido tenidos por dignos de este Santo Crisma, se os llama cristianos, comprobando el nombre también por vuestro nuevo nacimiento». Para Cirilo, la unción no era solo un ritual, sino que era precisamente lo que os convertía en cristianos.

Estos primeros padres, no veían la unción como un evento de una sola vez. Lo vieron como una realidad continua en la vida del creyente. Orígenes, ese gran pensador del siglo III, enseñó que los cristianos están siendo constantemente ungidos por la Palabra de Dios mientras estudian las Escrituras.

Pero va más allá de eso. Los Padres de la Iglesia vieron a Jesús como el Ungido definitivo, el Mesías. Ireneo, escribiendo en el siglo II, enfatizó que Jesús fue ungido por el Padre con el Espíritu Santo. Esta unción, enseñó Ireneo, se transmitió a los creyentes a través de Jesús.

Aquí es donde se pone realmente interesante. Los primeros Padres de la Iglesia no solo veían la unción como algo espiritual. Lo vieron como teniendo efectos prácticos, incluso físicos. Juan Crisóstomo, predicador de lengua dorada del siglo IV, enseñó que la unción de los enfermos no era solo un símbolo, sino un medio de curación física.

Pero déjame traerlo a casa para ti. Estos primeros padres, entendieron algo poderoso acerca de la unción. Lo vieron como transformador. Gregorio de Nisa, enseñó que la unción del Espíritu Santo cambia la naturaleza misma del creyente. No se trata solo de lo que haces, sino de en quién te conviertes.

Y aquí está la cosa. Estos Padres de la Iglesia, no veían la unción como reservada para unos pocos especiales. No, ellos lo vieron como el derecho de nacimiento de cada creyente. Ambrosio de Milán, enseñó que todos los cristianos son ungidos en un sacerdocio real.

No lo retorzcas. Estos padres no enseñaban que la unción significaba una vida fácil. Agustín, ese obispo africano con una mente como una trampa de acero, enseñó que la unción del Espíritu Santo nos da fuerza para soportar pruebas y persecuciones.

Entonces, ¿qué podemos aprender de estos primeros Padres de la Iglesia? Aprendemos que la unción es fundamental para nuestra identidad como cristianos. Nos enteramos de que no se trata solo de un acontecimiento único, sino de una realidad continua. Aprendemos que es transformador, empoderador y está disponible para todos los creyentes.

Hijo de Dios, estos primeros padres, no solo se dedicaban a la especulación teológica. Estaban describiendo la realidad vivida de la iglesia primitiva. Señalaban el poder que puso al mundo patas arriba en esos primeros siglos.

Y aquí está lo hermoso: esa misma unción está disponible para usted hoy. El mismo Espíritu Santo que dio poder a la iglesia primitiva está listo para darle poder. Así que no te conformes con un cristianismo impotente. Busca la unción. Camina en él. Deja que te transforme de adentro hacia afuera.

¿Cómo es Jesús el último «Ungido» (Mesías/Cristo)?

Cuando hablamos de Jesús como el último «Ungido», estamos tocando el corazón mismo de nuestra fe. No se trata solo de un concepto teológico, sino que es la base de todo lo que creemos. Déjame desmenuzarlo por ti.

En primer lugar, vamos a aclarar algo. El título «Cristo» no es el apellido de Jesús. Es un título que significa «Ungido». En hebreo, es «Mesías». Así que cuando decimos Jesucristo, realmente estamos diciendo Jesús el Ungido.

En el Antiguo Testamento, vemos tres tipos de personas que fueron ungidas: profetas, sacerdotes y reyes. Estas unciones eran una sombra, un presagio del último Ungido que había de venir. Y Jesús, Él cumple estos tres roles perfectamente.

Como profeta, Jesús habla las palabras de Dios con autoridad. No se limita a decir: «Así dice el Señor», como los antiguos profetas. No, Él dice: «Yo os digo». Es el Verbo hecho carne, la última revelación de Dios a la humanidad.

Como sacerdote, Jesús no solo ofrece sacrificios por el pecado, sino que se convierte en el sacrificio. Hebreos nos dice que es nuestro gran Sumo Sacerdote que se ofreció de una vez por todas. Y Él siempre vive para interceder por nosotros.

Como rey, Jesús no solo gobierna un reino terrenal. Es el Rey de reyes, con toda autoridad en el cielo y en la tierra. Su reino no es de este mundo, pero está irrumpiendo en este mundo, transformando vidas y sociedades.

Pero aquí es donde se vuelve realmente poderoso. Jesús no es solo ungido como los profetas, sacerdotes y reyes de antaño. Es ungido sin medida. Juan el Bautista dijo: «Porque el que Dios ha enviado pronuncia las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida» (Juan 3, 34).

Esta unción no fue solo en beneficio de Jesús. No, Él lo recibió por nuestro bien. Isaías profetizó: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres» (Isaías 61:1). Jesús citó estas mismas palabras al comienzo de su ministerio.

Pero va más allá de eso. La unción de Jesús no se trata solo de lo que Él hace, sino de quién es Él. No solo es ungido por el Espíritu, sino que es el Ungidor. Juan dice: «Pero vosotros habéis sido ungidos por el Santo, y todos vosotros tenéis conocimiento» (1 Juan 2:20).

Hijo de Dios, ¿ves lo que esto significa? Significa que a través de Jesús, tenemos acceso a la misma unción. Pablo dice que estamos «en Cristo». Esto significa que estamos en el Ungido. Su unción se convierte en nuestra unción.

Jesús como el Ungido definitivo significa que en Él, encontramos todo lo que necesitamos. ¿Necesitas dirección? Él es el Profeta que te habla la Palabra de Dios. ¿Necesitas perdón? Es el sacerdote que ha hecho expiación por ti. ¿Necesita protección y provisión? Es el rey que gobierna todos los aspectos de tu vida.

Pero no te detengas ahí. Jesús como el Ungido significa que tú también eres ungido. Estás llamado a ser profeta, a decir la verdad de Dios a tu mundo. Estás llamado a ser sacerdote, ofreciendo sacrificios espirituales e intercediendo por los demás. Estás llamado a ser rey, ejercer autoridad sobre el enemigo y reinar en la vida.

Así que cuando digas el nombre de Jesucristo, recuerda que lo estás confesando como el Ungido. Y al hacerlo, también estás confesando tu propia unción en Él. Camina en esa realidad. Deja que el poder del Ungido fluya a través de ti, transformando no solo tu vida, sino las vidas de quienes te rodean.

¿Cuáles son algunos conceptos erróneos comunes sobre la unción en el cristianismo moderno?

Cuando se trata de ungir en el cristianismo moderno, hay muchos malentendidos. Es hora de dejar las cosas claras. Permítanme romper algunos de estos conceptos erróneos para usted.

En primer lugar, muchas personas piensan que la unción es solo para los cristianos «especiales»: los pastores, los evangelistas y los «superespirituales». Pero eso no es lo que enseña la Biblia. En Cristo, cada creyente es ungido. Juan escribe: «Pero vosotros tenéis una unción del Santo, y todos vosotros conocéis la verdad» (1 Juan 2:20). No se trata de unos pocos elegidos, sino de todos los creyentes.

Existe la idea de que la unción consiste en sentirse bien, «elevarse» con el Espíritu. No me malinterpreten: la presencia de Dios puede traer alegría indecible. Pero la unción no se trata principalmente de tus sentimientos. Se trata de la capacitación para el servicio. Jesús fue ungido para predicar buenas nuevas a los pobres, no para sentirse bien consigo mismo.

Algunas personas piensan que la unción es algo que puedes trabajar o manipular. Piensan que si rezan lo suficiente, ayunan lo suficiente o adoran con la intensidad suficiente, serán ungidos. Pero la unción no es algo que consigas, es algo que recibes. Es un don de gracia, no una recompensa por tus esfuerzos.

Existe la idea errónea de que la unción siempre es visible o dramática. La gente espera fuego del cielo o milagros instantáneos. Pero a veces, la unción funciona en silencio, detrás de escena. Elías experimentó a Dios no en el viento, el terremoto o el fuego, sino en una voz tranquila y pequeña.

Algunos creen que una vez ungido, has «llegado» espiritualmente. Creen que ungir significa que ya no luchas, que tienes todas las respuestas. Pero incluso Pablo, ese gigante de la fe, habló de sus debilidades y de su necesidad de «seguir adelante» en su camino espiritual.

Existe la peligrosa idea de que una persona ungida está por encima de la crítica o la rendición de cuentas. Algunos dirigentes utilizan su «unción» como escudo contra cualquier cuestionamiento de sus acciones. Pero la Biblia nos llama a probar todo y aferrarnos a lo que es bueno.

Algunas personas piensan que la unción es sólo sobre el poder de los milagros. Aunque la unción puede manifestarse de manera milagrosa, también es para lo cotidiano: para amar a tu prójimo, para ser paciente con tus hijos, para la integridad en tu lugar de trabajo.

Existe la idea errónea de que la unción es permanente e inmutable. Pero la Biblia nos muestra que la unción puede ser levantada (como con Saúl) o aumentada (como con David). Necesitamos buscar continuamente la unción fresca del Señor.

Noveno, algunos creen que la unción es transferible de persona a persona, como si fuera algún tipo de mercancía espiritual. Aunque podemos orar para que otros sean llenos del Espíritu, la unción viene solo de Dios, no de ningún ser humano.

Por último, existe la idea de que la unción es un fin en sí mismo. Pero la unción siempre tiene un propósito: glorificar a Dios y servir a los demás. No se trata de hacernos ver bien, sino de hacer que Jesús se vea bien.

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