
El Papa León XIV habló sobre cómo Cristo puede sanar nuestro pasado durante la audiencia general del miércoles en la Plaza de San Pedro el 18 de junio de 2025. / Crédito: Daniel Ibanez/CNA
Ciudad del Vaticano, 18 de junio de 2025 / 06:03 am (CNA).
Tras dar una vuelta en el papamóvil para saludar a los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para la audiencia general del miércoles, el Papa León XIV continuó su catequesis sobre “Jesucristo, nuestra esperanza”.
El Papa recordó a los oyentes que Jesús es capaz de sanar y desbloquear el pasado, que a veces nos paraliza, invitándonos a seguir adelante y a decidir qué hacer con nuestra propia historia.
La Iglesia: Una casa de misericordia
El Santo Padre invitó a los fieles a reflexionar sobre los momentos en los que “nos sentimos ‘atascados’ y atrapados en un callejón sin salida”, donde parece “inútil seguir esperando; nos resignamos y ya no tenemos fuerzas para luchar”.
Refiriéndose al pasaje del Evangelio de Juan 5, 1-9, que narra la curación de un paralítico, el Papa dijo que es Jesús quien “llega a las personas en su dolor”, a los enfermos y a aquellos que habían sido expulsados del Templo por ser considerados impuros.
Estas personas, recordó el Santo Padre, esperaban sanar en una piscina cuyas aguas se creía que tenían poderes curativos. Según la costumbre de la época, la primera persona que se sumergía en la piscina cuando el agua se agitaba quedaba curada.
“Esa piscina se llamaba Betzatà, que significa ‘casa de misericordia’. Podría verse como una imagen de la Iglesia, donde se reúnen los enfermos y los pobres, y a la que el Señor viene a sanar y a traer esperanza”, añadió.

La parálisis de la desilusión
Jesús se acerca entonces a un hombre que llevaba 38 años paralizado y nunca había logrado entrar en la piscina. El Papa señaló que “lo que a menudo nos paraliza es precisamente la desilusión. Nos sentimos desanimados y corremos el riesgo de caer en el abandono”. Cuando Jesús habla al paralítico, le hace una pregunta “necesaria”: “¿Quieres ser curado?”
“A veces preferimos permanecer en la condición de enfermos, obligando a otros a cuidarnos. También puede convertirse en una excusa para evitar decidir qué hacer con nuestras vidas. Pero Jesús lleva a este hombre de vuelta a su deseo verdadero y más profundo”, dijo León XIV.
El paralítico, sintiéndose derrotado, responde que no tiene a nadie que le ayude a entrar en la piscina, una actitud que, según el Papa, “se convierte en un pretexto para evitar la responsabilidad personal”.
Respecto a la visión fatalista de la vida del hombre, el Papa dijo que a veces “pensamos que las cosas nos suceden porque tenemos mala suerte o porque el destino está en nuestra contra. Este hombre está desanimado. Se siente derrotado por las luchas de la vida”.
Con Jesús, descubrimos que la vida está en nuestras manos
Sin embargo, Jesús “le ayuda a descubrir que su vida también está en sus propias manos. Le invita a levantarse de su condición crónica y a tomar su camilla. Esa camilla no se tira ni se abandona: representa su enfermedad pasada, su historia”, continuó el Papa.
El pasado, explicó, había mantenido al hombre atascado, obligándolo “a estar allí como alguien ya muerto”. Pero gracias a Jesús, es capaz de “llevar esa camilla y llevarla a donde quiera; puede decidir qué hacer con su historia. Se trata de caminar hacia adelante, asumiendo la responsabilidad de elegir qué camino tomar”.
Finalmente, el Papa invitó a los fieles a pedir al Señor “el don de entender en qué parte de nuestra vida nos hemos quedado atascados. Intentemos dar voz a nuestro deseo de sanación. Y recemos por todos aquellos que se sienten paralizados y no ven salida”, dijo.
