¿Cuáles fueron las siete últimas palabras de Jesucristo en la cruz?




<ul> <li>Las Siete Últimas Palabras de Jesús en la cruz son frases poderosas que revelan su amor y sacrificio por la humanidad.</li> <li>Cada dicho, extraído de los Evangelios, sirve como una guía para la reflexión personal y el crecimiento espiritual en la fe.</li> <li>Las Siete Últimas Palabras resaltan temas de perdón, salvación, relación, abandono, angustia, triunfo y reunión.</li> <li>La Iglesia Católica abraza estas palabras en devoción y enseñanzas, alentando la meditación durante la Semana Santa para profundizar la fe.</li> </ul>

Un viaje a través de las palabras finales de Cristo: Encontrando Esperanza y Significado en la Cruz

En una colina llamada Gólgota, el lugar de la calavera, el cielo se oscureció al mediodía mientras la tierra temblaba.1 Era una escena de gran dolor y sufrimiento público, donde tres cruces permanecían marcadas contra el horizonte. En la cruz central colgaba el Salvador, su cuerpo maltratado, su corazón agobiado, pero su amor inquebrantable.1 Mientras luchaba por cada aliento, atado con clavos a las vigas de madera, Jesús no colgó en silencio.3 En sus últimas horas, habló.

Estas declaraciones, conocidas por nosotros como las Siete Últimas Palabras de Jesucristo, son una herencia sagrada. No son simplemente frases históricas, sino un testamento final de amor de un Redentor moribundo.1 Reunidos a través de los cuatro Evangelios, estos siete dichos son una lente poderosa a través de la cual podemos comenzar a comprender el corazón mismo del sacrificio de Jesús y la profundidad de su amor por la humanidad.4 Este viaje recorrerá cada una de estas poderosas palabras, explorando su significado, su desafío y su promesa para nuestras vidas de hoy. Es una invitación a pararse al pie de la cruz y encontrar consuelo, esperanza y fe renovada en las palabras de Cristo.

¿Cuáles fueron las siete últimas palabras de Jesús en la cruz?

Las Siete Últimas Palabras son una preciada tradición devocional, una «armonización» de los últimos dichos de Jesús registrados en los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.4 Ningún relato evangélico contiene los siete dichos. En cambio, se tejen cuidadosamente a partir de las cuatro narrativas para darnos una imagen más completa del corazón de Cristo en sus horas finales y agonizantes.4

Esta colección es más que una simple lista; es una herramienta teológica y espiritual deliberada. La práctica de meditar sobre estos siete dichos como un conjunto comenzó en el siglo XVII, desarrollada por un sacerdote jesuita en Perú para ayudar a los fieles a entrar más profundamente en el misterio de la Pasión.7 El mismo acto de compilar estas palabras de diferentes relatos bíblicos y organizarlas en un orden tradicional crea una narrativa espiritual. Este arco guía el corazón desde la petición inicial de perdón hasta la entrega final y pacífica en manos del Padre. El número siete en sí mismo tiene un profundo significado bíblico, que a menudo representa la perfección y la finalización, lo que sugiere que en estas palabras encontramos la finalización de la obra terrenal de Cristo y la perfección de su amor.8

Los siete dichos se organizan tradicionalmente en el siguiente orden para los servicios devocionales como el Tre Ore, o «Agonía de las tres horas», el Viernes Santo.4

La Palabra (tema tradicional) El decir Fuente(s) Bíblica(s)
1. La Palabra de Perdón «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Lucas 23:34
2. La Palabra de Salvación «En verdad os digo que hoy estaréis conmigo en el Paraíso». Lucas 23:43
3. La Palabra de Relación «Mujer, he aquí, tu hijo... ¡He aquí, tu madre!» Juan 19:26-27
4. La Palabra de Abandono «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Mateo 27:46; Marcos 15:34
5. La palabra de angustia «Tengo sed». Juan 19:28
6. La Palabra del Triunfo «Ya está acabado». Juan 19:30
7. La Palabra de Reunión «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Lucas 23:46

¿Cómo pueden estas palabras finales guiar nuestro viaje de fe?

Cada uno de estos siete dichos es una fuente de verdad espiritual, que ofrece guía, consuelo y un poderoso desafío a todos los que siguen a Cristo. Al detenernos a reflexionar sobre cada uno, podemos acercarnos más al corazón de nuestro Salvador.

¿Cómo desafía la Palabra de Perdón a nuestros corazones?

As Roman soldiers took hammers and spikes to nail the Son of God to a wooden beam, and as they cast lots for his clothing, Jesus spoke his first word from the cross.¹⁰ In the very midst of their cruelty, he prayed, “Father, forgive them, for they know not what they do”.¹⁰ This is the “Word of Forgiveness,” a moment where Jesus perfectly lived out his own command to “love your enemies and pray for those who persecute you”.¹⁰ It was the fulfillment of the prophecy in Isaiah that the Messiah would make “intercession for the transgressors”.¹²

Esta oración es un poderoso desafío para nuestros propios corazones. Nos llama a mirar más allá de las acciones de aquellos que nos lastiman y ver su humanidad, tal como lo hizo Jesús.5 Nos impulsa a considerar a las personas en nuestras propias vidas que necesitan nuestro perdón, para que nuestros corazones puedan ser liberados del veneno del resentimiento.13

Algunas reflexiones se centran en la idea de que los soldados «no sabían lo que estaban haciendo», lo que sugiere que su ignorancia es la base de la súplica de Jesús10. Pero una comprensión más profunda revela una verdad más radical. Un sacerdote que reflexionaba sobre el sufrimiento en su propia comunidad en Sierra Leona señaló que Jesús no estaba tratando de establecer la inocencia de sus verdugos. Más bien, «estableció su amor y misericordia sin fin por estas personas».14 Esta perspectiva separa el acto de perdón de la conciencia o culpabilidad del delincuente. La oración de Jesús no se basa en una circunstancia atenuante, sino en la naturaleza misma de Dios, que es el amor incondicional. Esto transforma la primera palabra de una súplica basada en la ignorancia en una poderosa declaración de misericordia divina que estamos llamados a imitar, sin importar el costo.

¿Qué promesa tiene la Palabra de Salvación para el Alma Arrepentida?

Jesús fue crucificado entre dos criminales, un detalle registrado en los Evangelios para mostrar la vergüenza de su muerte.10 Uno de los hombres le lanzó insultos, pero el otro, conocido en la tradición como San Dismas, reconoció la verdad. Defendió la inocencia de Jesús y formuló una petición sencilla y llena de fe: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino»3. A este hombre, Jesús le ofreció la «Palabra de la Salvación», prometiendo: «En verdad, te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso»10.

Este intercambio es una fuente de esperanza increíble para cada alma. Demuestra que la misericordia de Dios está al alcance de cualquiera que se dirija a él con un corazón arrepentido, sin importar cuán tarde en la vida o cuán grandes sean sus pecados.16 La historia del buen ladrón nos dice que nadie ha ido demasiado lejos para que la gracia de Dios los alcance.17 Si hubo esperanza para este hombre, un criminal condenado al borde de la muerte, entonces hay esperanza para cada uno de nosotros.10 Un solo momento sincero de fe es suficiente para abrir las puertas del Cielo.12

¿Qué revela la palabra de relación sobre nuestro lugar en la familia de Dios?

Mientras colgaba en agonía, Jesús miró hacia abajo y vio a su madre, María, de pie junto a la cruz con «el discípulo al que amaba», identificado tradicionalmente como Juan.4 En ese momento de inmenso sufrimiento personal, su preocupación era por ellos. Le habló la «Palabra de la relación», primero a su madre, «Mujer, ¡he aquí tu hijo!» y luego al discípulo, «¡He aquí tu madre!».15 A partir de esa hora, el discípulo llevó a María a su propia casa.

A nivel humano, este acto revela la profunda compasión de Jesús y su cumplimiento de su deber como hijo de garantizar el cuidado de su madre.5 Sin embargo, tiene un significado teológico aún más profundo. En su dolor, Jesús estaba construyendo comunidad. Él nos enseña que nuestra fe compartida en él crea un nuevo tipo de familia, una familia espiritual unida por un amor que fluye de la cruz.18 Esta palabra nos invita a ver a la Iglesia no solo como una institución, sino como nuestra familia, y nos llama a cuidarnos unos a otros como madres, hijos e hijas en Cristo.

¿Cómo podemos encontrar esperanza en el grito de abandono de Jesús?

A la hora novena, mientras una oscuridad sobrenatural cubría la tierra, Jesús gritó a gran voz en arameo: «Eloi, Eloi, lema sabachthani?», que se traduce como: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Esta es la «Palabra del Abandono», y es quizás la más inquietante y difícil de comprender de las siete palabras.16 Representa el momento en que Jesús, en toda su humanidad, tomó sobre sí el peso aplastante de todo pecado humano y experimentó la poderosa separación del Padre que el pecado crea.5

Pero este grito no es un signo de fe perdida. Es la primera línea del Salmo 22, un salmo que Jesús habría conocido de memoria.17 Aunque el salmo comienza con un sentimiento de desolación total, se transforma en una poderosa oración de confianza que termina en esperanza triunfante y alabanza por la liberación de Dios.3 Jesús no estaba expresando desesperación; Él estaba orando desde dentro de las profundidades de su sufrimiento. En este grito, hizo la «confesión final: Hay un Dios y Dios me escuchará».7

Al hacer esto, Jesús construyó un puente de solidaridad con toda la humanidad. Él entró plenamente en nuestra experiencia más dolorosa: la sensación de estar completamente solo y abandonado por Dios. Este acto lo convierte en el Sumo Sacerdote perfecto, alguien que puede «empatizar con nuestras debilidades».22 Su angustia se convierte en nuestra seguridad.18 Este grito santifica nuestros propios momentos de oscuridad y duda, recordándonos que incluso en nuestra desesperación más profunda, podemos clamar a un Dios que entiende porque él mismo ha estado allí.

¿Qué nos enseña la palabra de angustia sobre nuestra propia sed más profunda?

Sabiendo que su misión estaba casi completa, y en cumplimiento de las Escrituras, Jesús pronunció la «Palabra de angustia»: «Tengo sed».10 A nivel físico, estas dos palabras son un claro y poderoso recordatorio de su verdadera humanidad. No era un ser divino pretendiendo sufrir; experimentó el tormento real y agonizante de la crucifixión, incluida una sed ardiente.5

Sin embargo, este grito físico apunta a una realidad espiritual mucho más profunda. El mismo Jesús que se paró en el pozo y ofreció a una mujer samaritana «agua viva» para que nunca volviera a tener sed, ahora tiene sed.3 Esto se interpreta a menudo como la poderosa sed de almas de Jesús. Es un grito que expresa su profundo y divino anhelo de que cada persona llegue a conocer su amor y lo ame a cambio.3 Esta palabra de la cruz nos impulsa a mirar en nuestros propios corazones y preguntar: ¿Por qué tenemos realmente sed? ¿Estamos buscando satisfacción en las cosas fugaces de este mundo, o estamos sedientos de Dios, el único que realmente puede satisfacer los anhelos más profundos de nuestras almas?

¿Qué victoria fue declarada en la Palabra del Triunfo?

Después de que un soldado romano le ofreciera una esponja empapada en vino agrio, Jesús declaró con firmeza: «Está acabado».10 Esta es la «Palabra del triunfo», un grito no de resignación sino de victoria.3 La palabra griega original,

Tetelestai, era un término común utilizado en el comercio para significar «pagado en su totalidad».5 Con esta declaración, Jesús anunció que la deuda de pecado adeudada por la humanidad había sido pagada completamente.12

The mission the Father had sent him to accomplish—to live a perfect life, to teach the truth, and to offer himself as the ultimate sacrifice for sin—was now complete.¹² The Old Covenant system of animal sacrifices, which could never truly take away sin, was now fulfilled and brought to its perfect end in this one, final sacrifice of the Lamb of God.⁵ For us, this means that the work of our salvation is done. No somos salvos por nuestras propias buenas obras o esfuerzos, sino por aceptar el regalo de su obra terminada en la cruz.9 La batalla contra el pecado y la muerte ha sido ganada, y nuestra tarea es vivir en la libertad que Él aseguró para nosotros.20

¿Cómo la Palabra de Reunión modela nuestra confianza definitiva en el Padre?

Con un grito final y fuerte, Jesús pronunció sus últimas palabras antes de respirar las últimas y entregar su espíritu. Esta fue la «Palabra de la Reunión»: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»3. Esta oración, una cita directa del Salmo 31, es una expresión de confianza perfecta y completa. Muestra que Jesús entregó voluntariamente su vida; No le fue quitado en contra de su voluntad.12 Este acto final fue de obediencia amorosa y entrega pacífica al Padre al que había servido tan fielmente.16

En su último aliento, Jesús nos da una poderosa lección sobre cómo enfrentar nuestra propia muerte. Él nos muestra que el final de nuestra vida terrenal no es algo que deba ser temido, sino una oportunidad para ponernos completamente en las manos amorosas de nuestro Padre Celestial.17 Esta última palabra nos señala hacia nuestra propia reunión gozosa con Dios. Nos da la seguridad de que si le encomendamos nuestros espíritus a lo largo de nuestras vidas, él estará allí para recibirnos en nuestra hora final.21

¿Cuál es la postura de la Iglesia Católica sobre las siete últimas palabras?

Las Siete Últimas Palabras son una tradición apreciada y viva dentro del católico que forma la base para las devociones populares, las homilías y la oración personal, especialmente durante la Cuaresma y la Semana Santa.7

Catecismo de la Iglesia Católica (CCC) no los presenta como una lista enumerada. En cambio, el Catecismo integra magistralmente estos poderosos dichos en sus enseñanzas teológicas más amplias sobre el sacrificio redentor de Cristo, su oración y su misión divina. Este enfoque muestra que estas palabras no son versículos aislados, sino que están entretejidas en el tejido mismo de la fe de la Iglesia.

Por ejemplo, el Catecismo aborda directamente algunas de estas palabras para explicar las doctrinas centrales. Cita el grito de Jesús, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», para enseñar cómo Cristo entró en solidaridad con la humanidad pecaminosa. El Catecismo explica: «En el amor redentor que siempre lo unió al Padre, nos asumió en el estado de nuestra rebeldía del pecado, hasta el punto de poder decir en nuestro nombre desde la cruz...» (CIC 603)28. Del mismo modo, vincula la declaración de Jesús «Tengo sed» y su grito triunfante «Se acabó» con su deseo omniconsumidor de cumplir el plan de amor redentor del Padre (CIC 607)28.

Un aspecto particularmente rico del entendimiento católico es la interpretación profundamente eclesial y mariana de la tercera palabra. Mientras que muchos ven las palabras de Jesús, «Mujer, he aquí, tu hijo», como un hermoso acto de cuidado filial, la enseñanza católica ve un significado más poderoso y simbólico. En este momento, Jesús da a su madre, María, para ser la Madre de la que está representada por el discípulo amado, Juan.17 El uso del título «Mujer» se considera muy importante, vinculando a María con la «mujer» del Génesis que aplastaría la cabeza de la serpiente y la «mujer vestida del sol» en el Libro del Apocalipsis, estableciéndola como una nueva Eva.4 Desde esta perspectiva, la cruz es el lugar de nacimiento de la serpiente y María se da a todos los creyentes como su madre espiritual.

Esta devoción también fue poderosamente moldeada por el gran Venerable Arzobispo Fulton J. Sheen. Durante 58 increíbles años consecutivos, pronunció un sermón del Viernes Santo sobre las Siete Últimas Palabras.29 Sus meditaciones ampliamente publicadas conectan cada palabra con la práctica de la virtud y la superación del pecado, haciendo que esta antigua tradición sea profundamente relevante y accesible para millones de católicos modernos.25

¿Cómo podemos meditar en estas palabras durante la Semana Santa?

Más allá de simplemente leer sobre ellos, las Siete Últimas Palabras son una invitación a la oración y a una profunda reflexión personal. La Iglesia ofrece hermosas tradiciones para ayudar a los fieles a entrar en este misterio.

La devoción Tre Ore: Esperando al pie de la cruz

Una de las más poderosas de estas tradiciones es la Tre Ore, o «Agonía de las tres horas», devoción. Este servicio se lleva a cabo típicamente el Viernes Santo desde el mediodía hasta las 3:00 p.m., las mismas horas en que los Evangelios registran a Jesús colgado en la cruz mientras la oscuridad cubría la tierra.30 La devoción fue desarrollada por primera vez por un sacerdote jesuita, el p. Alonso Messia, en el Perú del siglo XVII y desde entonces se ha extendido por todo el mundo cristiano.7

El servicio se estructura como una «maratón litúrgica», un tiempo de observación paciente al pie de la cruz33. Se construye en torno a las Siete Últimas Palabras, con cada «palabra» leída de las Escrituras, seguida de una homilía o reflexión, una respuesta musical como un himno y períodos de oración tranquila y contemplativa23.

La duración de tres horas no es arbitraria; Es una elección litúrgica deliberada que transforma el servicio de un ejercicio puramente intelectual en uno encarnado. Se les pide a los participantes que perseveren, que esperen y que vigilen, tal como lo hicieron María y Juan. Este acto físico de permanecer en oración por un tiempo prolongado fomenta un profundo sentido de solidaridad con Cristo en su pasión. Se mueve más allá de simplemente escuchar sobre su sufrimiento para participar, de una manera pequeña, en la observación y la espera. La experiencia del tiempo mismo se convierte en una parte central de la oración, permitiendo a los fieles entrar en el misterio de la crucifixión de una manera singularmente poderosa.

Una guía para la reflexión personal: Trayendo la Cruz a tu Corazón

Para aquellos que no pueden asistir a un servicio formal, las Siete Últimas Palabras proporcionan una guía perfecta para la oración personal. Uno puede reservar un tiempo de silencio durante la Semana Santa, ya sea meditando en una palabra cada día o reflexionando sobre los siete en una sola sesión.27 Las siguientes indicaciones, extraídas de las reflexiones pastorales, pueden ayudar a guiar la oración personal y el diario.

  • Perdón: ¿Hay personas en tu vida a quienes necesitas ofrecer perdón? ¿Puedes orar por aquellos que te han lastimado, pidiéndole a Dios que libere tu corazón del resentimiento?.10
  • Salvación: ¿Cómo ves tu relación con Jesús? ¿Lo ves como una figura distante o un amigo cercano?.13 

    ¿Puedes rezar con el buen ladrón, «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino»?.17

  • Relación: ¿Quiénes son las «Marías» y los «Juanes» en su vida? ¿Cómo te llama tu fe a ser parte de una familia espiritual?.13
  • Abandono: ¿Cuándo te has sentido solo o abandonado? ¿Puedes clamar a Dios desde ese lugar de dolor, confiando en que él te entiende y te escucha?.13
  • Dificultades: ¿Por qué tienes realmente sed en tu vida? ¿Cómo puedes dirigirte a Jesús, el Agua Viva, para saciar esa profunda sed espiritual?.13
  • Triunfo: ¿Qué significa para usted que el precio de su pecado haya sido «pagado en su totalidad»? ¿Cómo puedes vivir más plenamente en la victoria que Cristo ya ha ganado para ti?
  • Reunión: ¿Puedes rezar con Jesús, «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», confiando toda tu vida —pasada, presente y futura— a su amoroso cuidado?.17

Conclusión: Viviendo una vida transformada por la cruz

Las Siete Últimas Palabras de la Cruz tejen juntos una hermosa historia de la verdad divina. Revelan un amor que ofrece perdón incondicional, una misericordia que promete salvación a los más quebrantados, y una compasión que construye una nueva familia incluso en medio del sufrimiento. Nos muestran a un Dios que entra en nuestros sentimientos más profundos de abandono, que entiende nuestra sed, que declara una victoria final sobre el pecado, y que modela para nosotros la paz de la confianza total en el Padre.

Estas palabras no solo fueron pronunciadas para aquellos que estuvieron en el Gólgota hace dos mil años; Hacen eco a través de la eternidad y hablan directamente de las alegrías y luchas de nuestras vidas de hoy.1 La cruz, como se ve a través de estas palabras, no es el final de la historia. Es el camino necesario y doloroso que conduce a la alegría gloriosa de la tumba vacía y a la nueva vida de la Resurrección.3 Al meditar en estas palabras finales, al permitirles hundirse en nuestros corazones, podemos aprender a amar más profundamente, perdonar más libremente y confiar más completamente en el Salvador que lo soportó todo por nosotros, para que podamos vivir con él para siempre.7

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