Misterios de la Biblia: ¿Nació Jesús el 25 de diciembre? ¿Cuándo nació Jesús?




  • Los Evangelios de Lucas y Mateo proporcionan pistas históricas sobre el nacimiento de Jesús, como el censo y el reinado del rey Herodes, pero no se da una fecha exacta.
  • El 25 de diciembre fue elegido para celebrar el nacimiento de Jesús debido a las fiestas romanas y razones teológicas, no porque sea la fecha real.
  • Los primeros cristianos no celebraron inicialmente el nacimiento de Jesús, sino que se centraron en su muerte y resurrección; Fue en el siglo IV que la Navidad se hizo ampliamente reconocida.
  • La incertidumbre sobre la fecha de nacimiento de Jesús fomenta una reflexión más profunda sobre el significado de la Encarnación en lugar de centrarse en un día específico.
Esta entrada es la parte 4 de 42 en la serie La Navidad como cristiana

¿Qué dice la Biblia acerca de cuándo nació Jesús?

En el Evangelio de Lucas encontramos el relato más detallado del nacimiento de Jesús. Lucas nos dice que María y José viajaron a Belén para un censo ordenado por César Augusto cuando Quirino era gobernador de Siria (Lucas 2:1-7). Este contexto histórico nos da un marco de tiempo general, no una fecha exacta (Graham, 2014, p. 147). Lucas también menciona que los pastores observaban sus rebaños de noche cuando los ángeles anunciaron el nacimiento de Cristo (Lucas 2:8-14). Algunos estudiosos sugieren que esto podría indicar un nacimiento en primavera o verano, ya que los pastores normalmente no vigilaban por la noche durante los meses de invierno (Freed & Roberts, 2009). La narración culmina en el momento significativo en que los ángeles proclaman la paz y la buena voluntad, haciendo hincapié en la importancia de la llegada de Jesús para la humanidad (Lucas 2:14). Este anuncio festivo no sólo pone de relieve la ocasión alegre, sino que también plantea la cuestión de ¿Dónde nació Jesús?, un detalle celebrado por los cristianos de todo el mundo. Un mayor debate sobre la natividad a menudo conduce a un discurso sobre las implicaciones de los humildes comienzos de Jesús en un pesebre, que simbolizan la esperanza y la salvación para todas las personas. Además, la profecía en Miqueas 5:2 establece que el Mesías nacería en Belén, alineándose con la narrativa presentada en Lucas. Esto proporciona una base teológica para el relato histórico, enfatizando Por qué Jesús nació en Belén. El viaje de María y José a esta ciudad, a pesar de los desafíos a los que se enfrentaron, subraya el cumplimiento de esta profecía y la importancia de los humildes comienzos de Jesús.

El Evangelio de Mateo proporciona un contexto adicional, mencionando que Jesús nació durante el reinado del rey Herodes (Mateo 2:1). Esto nos ayuda a reducir el plazo, ya que Herodes murió en 4 aC. Pero todavía no nos da una fecha específica (Graham, 2015, p. 33).

Es importante recordar que la ausencia de una fecha específica en las Escrituras no disminuye la poderosa verdad de la Encarnación. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14) - este es el corazón de nuestra fe, independientemente del día exacto en que ocurrió.

Debo observar que esta falta de especificidad permite a cada cultura y comunidad abrazar la celebración del nacimiento de Cristo de una manera que sea significativa para ellos. Nos recuerda que el amor de Dios trasciende el tiempo y las fronteras culturales.

Históricamente, vemos que los primeros cristianos no celebraron inicialmente el nacimiento de Cristo. Su enfoque estaba en Su muerte y resurrección, los misterios centrales de nuestra fe. No fue hasta más tarde que la Iglesia comenzó a conmemorar la Natividad, un acontecimiento que refleja la creciente comprensión de la importancia de la Encarnación en el plan de salvación de Dios (The Oxford Handbook of Christmas, 2020).

¿Por qué se celebra el 25 de diciembre como el cumpleaños de Jesús?

La elección del 25 de diciembre como fecha para celebrar el nacimiento de nuestro Señor es un hermoso tapiz tejido con hilos históricos, culturales y teológicos. Exploremos esto con corazones y mentes abiertas.

Históricamente, debemos reconocer que la Iglesia primitiva no celebró inicialmente el nacimiento de Cristo. El enfoque estaba en Su muerte y resurrección, los misterios centrales de nuestra fe. No fue hasta el siglo IV que el 25 de diciembre comenzó a ser ampliamente reconocido como la fecha de celebración de la Natividad (The Oxford Handbook of Christmas, 2020).

Un factor importante en esta elección fue la actual fiesta romana de Sol Invictus, el «Sol Invicto», que se celebró el 25 de diciembre. Este fue el solsticio de invierno en el calendario juliano, marcando el regreso gradual de días más largos (Allen, 1992, pp. S21-S31). Podría observar que en su sabiduría, reconocía la profunda necesidad humana de celebrar la luz en medio de la oscuridad. Al asociar el nacimiento de Cristo a esta fecha, la Iglesia proclamó a Jesús como la verdadera «Luz del mundo» (Juan 8, 12).

Teológicamente, también hubo un hermoso simbolismo en esta fecha. Algunos Padres de la Iglesia primitiva, basándose en la tradición judía, creían que los grandes profetas murieron en la misma fecha en que fueron concebidos. Dado que se creía que el 25 de marzo era la fecha de la crucifixión de Cristo, razonaron que también debía ser la fecha de su concepción. El recuento de nueve meses nos lleva al 25 de diciembre (Nothaft, 2011, pp. 283–283).

Esta fecha no se eligió debido a la certeza sobre la fecha histórica del nacimiento de Jesús. Más bien, era una forma de infundir las celebraciones culturales existentes con un poderoso significado cristiano. Les animo a ver en esto un modelo de cómo podemos comprometernos con nuestras propias culturas, encontrando formas de iluminarlas con la luz de Cristo.

Psicológicamente también podríamos considerar cómo esta fecha, que cae cerca del final del año en muchas culturas, permite un tiempo de reflexión y nuevos comienzos. Nos invita a reflexionar sobre cómo podemos acoger a Cristo de nuevo en nuestras vidas y en nuestro mundo.

Recordemos que la fecha exacta es menos importante que lo que celebramos: El increíble misterio de Dios haciéndose humano por amor a nosotros. Ya sea que celebremos el 25 de diciembre u otra fecha (como hacen algunas Iglesias orientales), lo más importante es que abramos nuestros corazones al poder transformador del nacimiento de Cristo (Kahveci, 2012, pp. 8-14).

¿Qué pruebas históricas existen de la fecha de nacimiento de Jesús?

Los Evangelios, nuestras fuentes primarias para la vida de Jesús, no proporcionan una fecha específica. Ofrecen algunas pistas contextuales. Lucas menciona un censo bajo Quirino, gobernador de Siria (Lucas 2:1-2). Los registros históricos indican que Quirino se convirtió en gobernador alrededor del 6-7 dC. Pero esto parece entrar en conflicto con el relato de Mateo, que sitúa el nacimiento de Jesús durante el reinado de Herodes el Grande, que murió en el 4 aC (Graham, 2014, p. 147, 2015, p. 33).

Algunos estudiosos han intentado conciliar estos relatos sugiriendo un censo anterior no registrado o cuestionando la fecha exacta de la muerte de Herodes. Otros ven esto como tradiciones separadas que no pueden ser armonizadas históricamente. Debo reconocer estos desafíos, les recuerdo que la precisión histórica de estos detalles no afecta la poderosa verdad de la Encarnación.

Los astrónomos han explorado la posibilidad de que la «Estrella de Belén» proporcione una fecha. Varios eventos celestes, como conjunciones planetarias o cometas, se han propuesto como explicaciones para esta estrella. Pero ninguna de estas teorías ha proporcionado evidencia concluyente para una fecha específica (Steinmann, 2022).

Las pruebas arqueológicas de los primeros tiempos cristianos no proporcionan información directa sobre la fecha de nacimiento de Jesús. Los primeros cristianos no celebraron el nacimiento de Jesús; Su atención se centró en Su muerte y resurrección. No fue hasta el siglo IV que el 25 de diciembre fue ampliamente reconocido como una celebración de la Natividad (The Oxford Handbook of Christmas, 2020).

Psicológicamente podríamos reflexionar sobre por qué la fecha exacta no fue preservada por la Iglesia primitiva. Tal vez habla de la naturaleza universal de la misión de Cristo: vino para todas las personas, no atado a un momento específico en el tiempo.

Les animo a no desanimarse por esta falta de pruebas históricas precisas. Recuerde que nuestra fe no se basa en la exactitud de una fecha de nacimiento sobre la realidad del amor de Dios manifestado en Cristo. La Encarnación es un acontecimiento histórico, es también un misterio permanente que trasciende el tiempo.

¿Qué enseñaron los primeros Padres de la Iglesia sobre la fecha de nacimiento de Jesús?

Las enseñanzas de los primeros Padres de la Iglesia en la fecha del nacimiento de Jesús reflejan una vasta red de reflexión teológica, compromiso cultural y visión espiritual. Mientras exploramos sus pensamientos, hagámoslo con reverencia por su sabiduría y una conciencia de su contexto histórico.

Las primeras comunidades cristianas no celebraron el nacimiento de Cristo. Su enfoque estaba en Su muerte y resurrección, los misterios centrales de nuestra fe. La conmemoración de la Natividad se desarrolló gradualmente durante los primeros siglos del cristianismo (The Oxford Handbook of Christmas, 2020).

Cuando los Padres de la Iglesia comenzaron a discutir la fecha del nacimiento de Cristo, no la abordaron como una cuestión histórica como una cuestión teológica y simbólica. Por ejemplo, Clemente de Alejandría (c. 150-215 dC) mencionó varias fechas propuestas para el nacimiento de Cristo, incluidos el 20 de mayo y el 20 o 21 de abril. No abogó por ninguna fecha concreta, sugiriendo que el momento exacto era menos importante que la realidad de la Encarnación (Nothaft, 2011, pp. 283-283).

Un desarrollo importante vino en los 3ros y 4tos siglos. Algunos Padres de la Iglesia, basándose en la tradición judía, creían que los grandes profetas murieron en la misma fecha en que fueron concebidos. Dado que se creía que el 25 de marzo era la fecha de la crucifixión de Cristo, razonaron que también debía ser la fecha de su concepción. El recuento de nueve meses nos lleva al 25 de diciembre (Nothaft, 2011, pp. 283–283).

Esta línea de pensamiento es evidente en los escritos de Agustín de Hipona (354-430 dC), quien escribió: «Porque se cree que fue concebido el 25 de marzo, día en que también sufrió... Pero nació, según la tradición, el 25 de diciembre».

Es fascinante observar, psicológicamente, cómo estos primeros cristianos trataron de integrar el misterio del nacimiento de Cristo en su comprensión de la historia de la salvación. Vieron un significado cósmico en el momento de estos eventos, reflejando una cosmovisión holística donde cada detalle de la creación estaba imbuido de significado divino.

Pero no todos los Padres de la Iglesia estuvieron de acuerdo en esta fecha. Juan Crisóstomo (c. 347-407 dC) abogó por el 25 de diciembre sobre la base del momento del servicio en el templo de Zacarías, como se describe en el Evangelio de Lucas. Otros, particularmente en el Este favorecieron el 6 de enero, una fecha todavía usada por algunas iglesias Ortodoxas (Nothaft, 2011, pp. 283-283).

Les animo a ver en estas diversas perspectivas un recordatorio de la riqueza de nuestra tradición de fe. Los Padres de la Iglesia no se preocuparon por señalar una fecha histórica con la comprensión y la celebración del poderoso misterio de la Encarnación.

¿Podría Jesús haber nacido en una estación diferente, como el verano o la primavera?

Históricamente, la elección del 25 de diciembre como fecha para celebrar el nacimiento de Cristo no se basaba en ninguna certeza sobre la fecha real. Como hemos comentado, esta fecha se eligió en el siglo IV, probablemente influenciada por festivales paganos existentes y consideraciones teológicas (Allen, 1992, pp. S21–S31; The Oxford Handbook of Christmas, 2020 (en inglés).

Algunos estudiosos han propuesto fechas alternativas basadas en varios cálculos y eventos históricos. Por ejemplo, algunos han sugerido una conexión con la Fiesta Judía de los Tabernáculos, que generalmente cae en septiembre u octubre. Otros han mirado a los eventos astronómicos que podrían explicar la Estrella de Belén, lo que lleva a propuestas en varias temporadas (Steinmann, 2022).

Podría observar que nuestro apego a un nacimiento de invierno para Jesús a menudo tiene más que ver con las tradiciones culturales y el poderoso simbolismo de la luz que entra en la oscuridad que con la certeza histórica. Es importante reconocer cómo nuestro contexto cultural moldea nuestra comprensión e imaginación de los acontecimientos bíblicos.

Pero os animo a que no os fijéis demasiado en determinar la época exacta del nacimiento de Cristo. La esencia de la Encarnación —Dios haciéndose humano por amor a nosotros— sigue siendo cierta independientemente de la época del año en que se haya producido.

En su lugar, consideremos lo que podemos aprender al contemplar el nacimiento de Jesús en diferentes estaciones. Un nacimiento primaveral podría recordarnos una nueva vida y esperanza. Un nacimiento de verano podría hablar de abundancia y de la plenitud del amor de Dios. Un nacimiento en otoño podría evocar temas de cosecha y acción de gracias por los dones de Dios.

Al final, lo que más importa no es la temporada del nacimiento histórico de Cristo, cómo permitimos que la realidad de la Encarnación se arraigue y florezca en nuestras vidas a lo largo de todas las estaciones. Como nos recuerda san Pablo: «Porque antes erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz» (Efesios 5:8).

¿Cómo se asoció el 25 de diciembre con la Navidad?

La asociación del 25 de diciembre con el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo tiene una historia compleja arraigada tanto en la fe como en la cultura. Me siento llamado a iluminar este viaje con honestidad y sabiduría.

En los primeros siglos del cristianismo, nuestros antepasados no celebraban el nacimiento de Cristo. Su atención se centró en su gloriosa resurrección, la esencia misma de nuestra salvación. No fue hasta el siglo IV que el 25 de diciembre surgió como la fecha para celebrar la Natividad (Restad, 1995).

¿Por qué esta cita? Hay dos teorías principales, ambas reflejando la vasta red de espiritualidad humana y adaptación cultural. El primero sugiere que los primeros cristianos eligieron el 25 de diciembre para coincidir con las fiestas paganas del solsticio de invierno, particularmente la fiesta romana de Sol Invictus (el Sol Invicto). Al adoptar esta fecha, buscaron atraer a la gente a Cristo, la verdadera Luz del Mundo (Restad, 1995).

La segunda teoría propone un cálculo más teológico. Algunos primeros cristianos creían que los grandes profetas murieron en la misma fecha en que fueron concebidos. Ellos fecharon la muerte de Jesús hasta el 25 de marzo, y así calcularon Su concepción, y por lo tanto Su nacimiento, nueve meses después, el 25 de diciembre (Restad, 1995).

Es importante reconocer que este proceso de elección de una fecha no tenía que ver con la exactitud histórica de encontrar significado y crear una celebración compartida de la encarnación de nuestro Salvador. Los Padres de la Iglesia, en su sabiduría, entendieron la necesidad humana de ritual y conmemoración.

A medida que pasaron los siglos, el 25 de diciembre se estableció firmemente como Navidad en gran parte de la cristiandad. La fecha se extendió con la expansión del cristianismo, aunque algunas iglesias orientales continuaron celebrando el 6 de enero (Restad, 1995).

Al abrazar esta fecha, no estamos reclamando certeza histórica, sino participando en una larga tradición de fe. Nos unimos a incontables generaciones en apartar este tiempo para maravillarnos del misterio de Dios haciéndose hombre. Abordemos esta celebración con alegría y humildad, reconociendo que el verdadero significado no radica en la fecha precisa de la verdad eterna de Emmanuel, Dios con nosotros.

¿Hay alguna pista en la Biblia acerca de la época del año en que nació Jesús?

El Evangelio de Lucas también menciona el censo que llevó a María y José a Belén. Algunos estudiosos han especulado que tal censo sería más probable que ocurra después de la temporada de cosecha, cuando el viaje era más fácil. Sin embargo, debemos recordar que los caminos de los imperios no siempre se alinean con la conveniencia de sus súbditos (Preece, 1991).

Otra pista intrigante proviene de la historia de la concepción de Juan el Bautista. El Evangelio de Lucas nos dice que el padre de Juan, Zacarías, estaba sirviendo en el templo cuando recibió la noticia del embarazo de Isabel. Al calcular la rotación sacerdotal y añadir los meses de embarazo de Isabel y la visita de María, algunos han intentado deducir un calendario para el nacimiento de Jesús (Preece, 1991).

Estas pistas están lejos de ser concluyentes. Los Evangelios, en su sabiduría divina, no se centran en la fecha precisa del poderoso significado del nacimiento de Cristo. Nos invitan a contemplar el milagro de la Encarnación en lugar de fijarnos en su tiempo.

Le insto a que se acerque a estos indicios bíblicos con curiosidad y humildad. Nos recuerdan que nuestro Señor entró en el contexto real y desordenado de la historia humana. Sin embargo, también nos advierten de la tentación de reducir el misterio infinito del amor de Dios a meros cálculos.

¿Qué dicen los estudiosos e historiadores sobre la fecha probable de nacimiento de Jesús?

Muchos estudiosos de hoy creen que Jesús probablemente nació en algún momento entre 6 y 4 aC. Esta conclusión se deriva de varias consideraciones históricas. Sabemos por el Evangelio de Mateo que Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande. Los registros históricos indican que Herodes murió en el 4 aC, proporcionando una última fecha posible para el nacimiento de Cristo (Preece, 1991).

El Evangelio de Lucas menciona un censo decretado por César Augusto cuando Quirino era gobernador de Siria. Aunque hay cierto debate sobre la datación precisa de este censo, proporciona otro punto de anclaje histórico para que los estudiosos lo consideren (Preece, 1991).

En cuanto a la época del año, hay menos consenso entre los investigadores. Algunos estudiosos, señalando el relato de los pastores en los campos, sugieren un nacimiento de primavera o verano. Otros, considerando varios factores culturales y religiosos, proponen fechas en el otoño, particularmente alrededor de la Fiesta Judía de Tabernáculos (Preece, 1991).

Es importante reconocer que la datación precisa sigue siendo difícil de alcanzar. Los propios Evangelios no proporcionan una fecha exacta, sino que se centran en el poderoso significado de la venida de Cristo. Esto nos recuerda que la entrada de Dios en la historia humana no se limita a un solo momento tiene un significado eterno.

Les insto a ver en esta incertidumbre académica una invitación a una fe más profunda. La falta de una fecha histórica definitiva nos recuerda que el nacimiento de Cristo no es simplemente un acontecimiento pasado, una realidad viva que sigue transformando nuestras vidas y nuestro mundo.

Reflexionemos también sobre cómo esta discusión académica refleja nuestros propios viajes espirituales. Al igual que los estudiosos juntan pistas para comprender el nacimiento de Jesús, nosotros también estamos llamados a discernir la presencia de Dios en las complejidades de nuestras vidas. A veces la evidencia parece clara; otras veces requiere una búsqueda paciente y una humilde apertura al misterio.

Ya sea que Jesús nació en verano o invierno, en 6 aC o 4 aC, la verdad transformadora sigue siendo: Dios se convirtió en uno de nosotros por amor a toda la humanidad. Que este sea el foco de nuestra contemplación y la fuente de nuestra alegría.

¿Importa si el 25 de diciembre no es el cumpleaños real de Jesús?

Desde una perspectiva estrictamente histórica, la fecha exacta del nacimiento de Jesús puede parecer importante. Vivimos en una época que valora la precisión y la precisión de los hechos. Sin embargo, debemos recordar que los Evangelios mismos no nos proporcionan esta fecha. Su atención, inspirada por el Espíritu Santo, se centra en el poderoso significado de la venida de Cristo más que en su momento preciso (Restad, 1995).

Lo que más importa, no es la fecha del calendario, la verdad eterna de que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. La celebración de la Navidad el 25 de diciembre es una hermosa tradición que ha evolucionado a lo largo de los siglos, permitiendo a la comunidad cristiana reunirse con alegría y asombro ante el misterio de la Encarnación (Restad, 1995).

Esta fecha sirve como un poderoso símbolo, un tiempo separado para que podamos contemplar de nuevo la asombrosa realidad del amor de Dios manifestado en el nacimiento de Jesús. Proporciona un ritmo a nuestras vidas espirituales, un recordatorio anual de la esperanza y la transformación que Cristo trae a nuestro mundo.

La tradición de celebrar el 25 de diciembre nos conecta con innumerables generaciones de creyentes que nos han precedido. Es un hilo tejida a través del tapiz de la historia cristiana, uniéndonos en la fe a través del tiempo y el espacio (Restad, 1995).

Los humanos tienen una profunda necesidad de rituales y celebraciones compartidas. La fecha fija de la Navidad nos permite preparar nuestros corazones, entrar en un tiempo de anticipación y reflexión, y unirnos con nuestros hermanos y hermanas en una expresión comunitaria de fe y alegría.

Sin embargo, debemos evitar permitir que la fecha misma se convierta en un ídolo. Nuestro enfoque debe estar siempre en el Cristo vivo, cuya presencia no se limita a un solo día, sino que siempre está con nosotros, como Él prometió.

Si la investigación histórica probara definitivamente una fecha de nacimiento diferente para Jesús, no disminuiría el significado espiritual de nuestra celebración de Navidad. La esencia de este día santo no consiste en conmemorar un aniversario histórico para abrir de nuevo nuestros corazones al poder transformador del amor de Dios revelado en Cristo.

Por lo tanto, celebremos la Navidad con alegría y fervor, no porque el 25 de diciembre sea necesariamente la fecha exacta del nacimiento de Cristo, porque es el día que la Iglesia ha reservado para que nos maravillemos juntos de la maravilla de la Encarnación. Que cada Navidad sea para nosotros una nueva oportunidad para acoger a Cristo en nuestros corazones y vidas, hoy y siempre.

¿Qué perspectivas se pueden obtener sobre la edad de María en relación con el momento del nacimiento de Jesús?

Los estudiosos han especulado sobre Edad de María en la crucifixión comprender las etapas de su vida durante los años de formación de Jesús. Si ella fuera una adolescente en su nacimiento, esto sugeriría una maternidad joven, influyendo en su papel en la educación de Jesús y el ministerio posterior. Los conocimientos sobre su edad proporcionan contexto a su relación a lo largo de su vida.

¿Cómo deben abordar los cristianos la incertidumbre en torno a la fecha de nacimiento de Jesús?

Debemos recordar que nuestra fe no está construida sobre una fecha específica del calendario sobre la persona viva de Jesucristo. El poder de la Encarnación —que Dios se hace humano por amor a nosotros— trasciende cualquier momento concreto en el tiempo. Es una verdad eterna que continúa transformando vidas hoy (Preece, 1991).

Os animo a ver esta incertidumbre no como un desafío a la fe como una invitación a una reflexión más profunda. Nos recuerda que los caminos de Dios a menudo superan la comprensión humana. Así como los Reyes Magos siguieron una estrella sin saber exactamente a dónde conduciría, nosotros también estamos llamados a un camino de fe que abarca tanto la búsqueda como la confianza (Preece, 1991).

Psicológicamente podríamos reconocer que esta incertidumbre en realidad puede enriquecer nuestras vidas espirituales. Nos impide reducir el poderoso misterio del nacimiento de Cristo a un mero hecho histórico. En cambio, nos invita a comprometernos más plenamente con el significado de la Encarnación, a reflexionar sobre lo que significa para Dios entrar en la historia humana y en nuestras historias personales (Preece, 1991).

Históricamente, vemos que los primeros en su sabiduría eligieron celebrar el nacimiento de Cristo sin basarse en la precisión del calendario en cuanto a la importancia espiritual. Trataron de infundir significado en los ritmos de la vida y la cultura humanas. Somos herederos de esta rica tradición, que nos llama a encontrar la presencia de Cristo en todas las épocas y circunstancias (Restad, 1995).

A medida que nos acercamos a esta incertidumbre, hagámoslo con un espíritu de unidad. Los cristianos pueden tener diferentes puntos de vista sobre el momento probable del nacimiento de Jesús, estamos unidos en nuestra alegría por su venida. No dejemos que los debates sobre las fechas nos dividan, más bien dejemos que nuestra maravilla compartida en la Encarnación nos reúna (Preece, 1991).

Les insto a que utilicen esta incertidumbre como una oportunidad para el crecimiento espiritual. Deja que te recuerde buscar la presencia de Cristo no solo el día de Navidad todos los días. Deja que te inspire a ser como los pastores, siempre listos para escuchar las buenas nuevas de gran alegría, independientemente de la hora o la estación.

Por último, abordemos esta cuestión con humildad y caridad. Debemos ser respetuosos con las diferentes tradiciones e interpretaciones dentro de la familia cristiana. Algunos pueden encontrar un significado profundo en la exploración de detalles históricos, mientras que otros prefieren centrarse únicamente en el significado espiritual. Ambos enfoques pueden ser expresiones válidas de fe cuando se persiguen con corazones sinceros.

En todas las cosas, mantengamos nuestros ojos fijos en Jesús, el autor y perfeccionador de nuestra fe. Ya sea que haya nacido en invierno o verano, en un año podemos identificar o no, la verdad esencial sigue siendo: Cristo ha venido, Cristo ha resucitado, Cristo vendrá de nuevo. Este es el fundamento de nuestra esperanza y la fuente de nuestra alegría, hoy y siempre.

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