Puntos de vista católicos sobre el sexo: Datos & Estadísticas




Esta entrada es la parte 34 de 38 en la serie Catolicismo desmitificado

Una guía para la enseñanza católica sobre el sexo: Respondiendo a sus preguntas más difíciles

En un mundo lleno de mensajes contradictorios y a menudo confusos sobre el sexo, el amor y las relaciones, las enseñanzas de la Iglesia Católica pueden parecer exigentes, fuera de lugar o incluso difíciles de entender. Es un sentimiento común preguntarse si estas antiguas enseñanzas todavía tienen un lugar en la vida moderna. Pero la Iglesia propone su visión no como una lista restrictiva de reglas, sino como una invitación poderosa y hermosa a un amor que es más profundo, más pleno y más vivificante que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer.

Esta visión está arraigada en la creencia de que Dios, que es el amor mismo, creó a cada persona humana para la felicidad y la realización.1 Él diseñó nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestra propia sexualidad como buenos dones, con la intención de llevarnos hacia la alegría, no hacia la miseria. Por lo tanto, las enseñanzas de la Iglesia son como un mapa que nos ha dado un Padre amoroso que conoce el camino hacia nuestro florecimiento más profundo. Están destinados a proteger el amor del egoísmo y a guiarnos hacia una intimidad auténtica que refleje la vida misma de Dios. Este artículo busca desempacar ese mapa, explorando los principios básicos de la enseñanza sexual católica, abordando las preguntas más difíciles con honestidad y ofreciendo un camino hacia adelante lleno de esperanza y apoyo práctico.

¿Cuál es la enseñanza básica de la Iglesia Católica sobre el sexo?

En el corazón de la comprensión católica de la sexualidad hay una verdad simple pero poderosa: Dios creó el mundo y todo lo que hay en él, y vio que era «muy bueno».2 Esto incluye a la persona humana, hecha a la imagen y semejanza de Dios, en cuerpo y alma. Por lo tanto, la sexualidad humana no es un accidente, un mal necesario, o una función puramente biológica. Es una parte fundamental, buena y sagrada de lo que somos, tejida en el tejido mismo de nuestro ser por un Creador amoroso.3

Desde este punto de partida, la Iglesia enseña que el acto sexual dentro del matrimonio tiene dos propósitos hermosos e inseparables, a menudo llamados los «dos bienes» del matrimonio.

El Propósito Unitivo (Dar Amor)

El primer propósito de la intimidad matrimonial es unir a los cónyuges. Es una expresión poderosa y única de su amor, un acto físico que significa una realidad espiritual mucho más profunda. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que este «amor conyugal tiene como objetivo una unidad profundamente personal, una unidad que, más allá de la unión en una sola carne, lleva a formar un solo corazón y un solo alma».2 Cuando un esposo y una esposa se unen, renuevan el pacto que hicieron el día de su boda, convirtiéndose en un signo vivo del amor fiel, total y permanente que Dios tiene por la humanidad.4 Este acto fortalece su vínculo, fomenta la ternura entre ellos y edifica su comunión de vida.6

El Propósito Procreativo (Dar Vida)

El segundo propósito del acto marital es su apertura natural a la creación de una nueva vida. El acto sexual es, por su propia naturaleza, ordenado hacia la procreación.1 Cuando un esposo y una esposa participan en este acto, son invitados a convertirse en co-creadores con Dios, participando en Su acto supremo de traer una persona nueva, única e irrepetible al mundo.7 Esto no significa que cada acto sexual debe resultar en un niño. Más bien, significa que cada acto debe permanecer abierto a la

posibilidad de la vida, nunca cerrando deliberadamente la puerta al poder creador de Dios.4

La Iglesia insiste en que estos dos significados, el unitivo y el procreativo, están intrínsecamente unidos por Dios y que los seres humanos no deben separarlos.4 El acto está diseñado para ser tanto amoroso como vivificante al mismo tiempo. Eliminar deliberadamente uno de estos significados es alterar el acto mismo, dañando la verdad de lo que está destinado a expresar. Este principio de la «conexión inseparable» es la base sobre la que se construye toda la ética sexual católica, explicando las enseñanzas de la Iglesia sobre todo, desde el sexo prematrimonial hasta la anticoncepción.

¿Por qué la Iglesia enseña que el sexo es solo para el matrimonio?

La enseñanza de que la intimidad sexual pertenece exclusivamente al matrimonio fluye directamente de la comprensión de lo que significa el acto en sí. Para los católicos, el matrimonio no es simplemente un contrato social o una declaración pública de afecto. Es un pacto sagrado y de por vida, un vínculo inquebrantable establecido por Dios, en el que un hombre y una mujer se entregan el uno al otro libre, total, fiel y fructíferamente.8

El lenguaje del cuerpo

San Juan Pablo II, en su poderosa enseñanza conocida como la Teología del Cuerpo, Explicó que nuestros cuerpos tienen su propio «lenguaje». Así como las palabras comunican verdades o mentiras, nuestras acciones físicas hacen lo mismo. El acto marital es el lenguaje más poderoso del cuerpo, expresando un voto de autodonación total. Dice: «Te doy todo mi ser, mi cuerpo, mi corazón, mi vida, mi fertilidad, sin reservas, para siempre».10

Este lenguaje solo es verdadero cuando se habla dentro del pacto del matrimonio. Solo en el matrimonio una pareja ha hecho público, permanente y exclusivo el compromiso que este acto significa. Cuando las relaciones sexuales tienen lugar fuera del matrimonio (un acto que la Iglesia llama fornicación), se convierten en una «mentira» contada con el cuerpo.7 Utiliza el lenguaje del compromiso total y permanente para expresar algo que, por definición, no es total ni permanente. Los cuerpos de la pareja dicen algo que sus mentes y voluntades aún no han prometido. El

Catecismo explica que esto es «gravemente contrario a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana», ya que separa el acto de su contexto adecuado de compromiso total y apertura a los niños12.

Históricamente, esta enseñanza fue revolucionaria. En un mundo en el que la poligamia y el concubinato eran comunes, la insistencia cristiana en la monogamia y la fidelidad matrimonial elevó la dignidad tanto del matrimonio como de la mujer, exigiendo que los hombres fueran tan fieles como se esperaba que fueran las mujeres8. Por lo tanto, la enseñanza de la Iglesia no es una regla arbitraria, sino una consecuencia lógica de su creencia en el poderoso significado del acto sexual y la dignidad de cada persona. Es un llamado a la integridad: que nuestras acciones digan la verdad de nuestros corazones.

¿Está la Iglesia en contra del placer?

Un mito común y persistente es que la Iglesia Católica es anti-sexo y anti-placer, viendo la intimidad física como un deber renuente realizado solo por el bien de la procreación. La verdad es precisamente lo contrario. La Iglesia enseña con claridad que el placer sexual es un regalo bueno y hermoso de Dios, diseñado para ser experimentado y disfrutado dentro del matrimonio.

El Catecismo de la Iglesia Católica es explícito en este punto: «El Creador mismo... Lo estableció en el generativa función, los cónyuges deben experimentar placer y disfrute del cuerpo y el espíritu. Por lo tanto, los cónyuges no hacen nada malo en la búsqueda de este placer y disfrute. Aceptan lo que el Creador ha querido para ellos».5 Dios, que inventó el sexo, no está en contra del placer que trae consigo.1

La distinción crucial que hace la Iglesia no es sobre el placer en sí, sino sobre su contexto y propósito. El peligro moral no está en experimentar placer, sino en buscar placer. por sí mismo, aislado de los propósitos amorosos y vivificantes del acto conyugal.10 Este deseo desordenado de placer es lo que la Iglesia llama «lujuria». La lujuria reduce a una persona a un objeto para su propia gratificación, despojándola de su dignidad. Por el contrario, cuando el placer se experimenta en el contexto de un amor total y generoso, enriquece a los cónyuges, fomenta su unión y se convierte en una expresión de gratitud a Dios por sus buenos dones.5

El marco moral de la Iglesia no se refiere a la negación del placer, sino a su integración. Busca poner el placer al servicio del amor, protegiéndolo del egoísmo que tan fácilmente puede disminuirlo. De esta manera, la enseñanza de la Iglesia sobre la lujuria no es un rechazo del placer, sino una poderosa defensa de la persona humana contra el uso y una defensa del amor auténtico contra la corrupción.

¿Qué es «castidad» y es solo para personas solteras?

Tal vez ninguna palabra en el vocabulario de la Iglesia sobre la sexualidad sea más mal entendida que la «castidad». A menudo se equipara erróneamente con la represión, la prudencia o simplemente la abstinencia. En realidad, la Iglesia presenta la castidad como una virtud poderosa y positiva que es esencial para que cada persona, en cada estado de vida, pueda amar auténticamente.

El Catecismo define la castidad como «la integración exitosa de la sexualidad dentro de la persona»3. Es la virtud que modera el apetito sexual y lo dirige de acuerdo con la razón y la fe correctas. Lejos de ser un «no» a la sexualidad, la castidad es un rotundo «sí» a la dignidad de la persona humana y a la integridad del amor. El Papa Juan Pablo II la describió como una «energía espiritual» que «defiendes el amor desde los peligros del egoísmo y la agresividad».13 Es la virtud la que hace posible el amor verdadero y generoso.

Esta llamada universal a la castidad se vive de manera diferente según el estado de vida:

  • Para las personas solteras: La castidad se vive a través de la abstinencia sexual. Esto implica abstenerse de actos genitales, que son la expresión adecuada del auto-regalo total del matrimonio. Es un momento de crecimiento en el autodominio, el respeto y el aprendizaje de amar a los demás de una manera no posesiva.2
  • Para las personas casadas: Los cónyuges están llamados a vivir castidad conyugal. Esto significa que su unión sexual debe ser siempre un acto de amor verdadero, libre de egoísmo y lujuria. Significa respetar la dignidad de cada uno y honrar el carácter unitivo y procreativo de su intimidad. Una pareja casada que usa anticonceptivos, por ejemplo, estaría fallando en la castidad conyugal porque no se están entregando el uno al otro totalmente.2
  • Para sacerdotes y religiosos: Aquellos en la vida consagrada viven la castidad a través del celibato, eligiendo renunciar al matrimonio para entregar sus corazones completa e indivisamente a Dios y al servicio de Su Iglesia.13

La castidad tiene que ver con la libertad. Se trata de un «aprendizaje en el dominio propio» que libera a una persona de la esclavitud de sus pasiones.3 La persona casta no se rige por sus deseos, sino que puede dirigirla al servicio del amor auténtico y generoso. Es la virtud que protege el amor, permitiéndole florecer en verdad e integridad.

¿Por qué la anticoncepción se considera un pecado?

La enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción es una de sus posiciones más controvertidas y ampliamente incomprendidas. Fue el más famoso articulado por el Beato Papa Pablo VI en su encíclica de 1968. Humanae Vitae («De la vida humana»). La enseñanza no se basa en un rechazo de la planificación familiar, sino en una poderosa comprensión del significado del acto marital en sí.

La Iglesia define la anticoncepción como cualquier acción que, «ya sea en anticipación del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, proponga... hacer imposible la procreación».2 Esto incluye métodos como píldoras hormonales, métodos de barrera, esterilización y abstinencia.

La razón principal de esta enseñanza es que la anticoncepción rompe deliberadamente el vínculo inseparable entre los dos significados del sexo: el unitivo (dador de amor) y el procreativo (dador de vida).1 Cuando una pareja usa anticonceptivos, están esterilizando intencionalmente un acto que es, por su propia naturaleza, dador de vida. Están erigiendo activamente una barrera contra el poder creativo de Dios y diciendo «no» a uno de los bienes fundamentales de su unión.

Utilizando el «lenguaje del cuerpo», este acto introduce una poderosa contradicción. Los cuerpos de la pareja dicen: «Te doy todo mi ser», pero el anticonceptivo añade una reserva: «...excepto por mi fertilidad». El regalo ya no es total. Esto, enseña la Iglesia, es una «falsificación de la verdad interior del amor conyugal».5 Es mentir con el cuerpo, hablar el lenguaje del auto-regalo total mientras se retiene una parte fundamental de uno mismo.7

En Humanae Vitae, El Papa Pablo VI advirtió proféticamente de varias consecuencias que se derivarían de la aceptación generalizada de la anticoncepción, incluido un aumento de la infidelidad marital, una disminución general de los estándares morales, una pérdida de respeto por las mujeres y el uso coercitivo de estas tecnologías por parte de los gobiernos.1 Muchos observadores de hoy, tanto católicos como no católicos, creen que estas predicciones se han cumplido en gran medida. La objeción de la Iglesia, por lo tanto, no es principalmente biológica, sino profundamente teológica y antropológica: se trata de proteger la integridad del amor y la verdad de la persona humana.

¿En qué se diferencia la planificación familiar natural (PFN) de la anticoncepción?

Muchas personas consideran erróneamente que la planificación familiar natural (PFN) es un «control de la natalidad católico» o un «método rítmico» poco fiable. Sin embargo, existe una diferencia moral y antropológica fundamental entre la PFN y la anticoncepción artificial. La PFN se refiere a una variedad de métodos modernos y basados en la ciencia que ayudan a una pareja a comprender e interpretar los signos naturales de la fertilidad de una mujer15. No es una forma de anticoncepción, sino un método de sensibilización sobre la fertilidad.

La distinción moral radica en la intención y la acción. Una pareja que usa NFP que ha discernido en oración razones serias para posponer un embarazo toma la decisión de abstenerse del acto conyugal durante los períodos fértiles de la mujer16. Respetan el diseño de Dios para su cuerpo y no participan en un acto sexual que luego harían estéril. Su elección es abstenerse del acto en sí.

Una pareja que usa anticonceptivos, por otro lado, elige participar en el acto marital, pero introduce una acción adicional (una píldora, una barrera, una esterilización) para frustrar deliberadamente su potencial procreativo. No se abstienen de un acto, sino que lo alteran.

Esta distinción es crucial. Con la PFN, la pareja respeta la integridad del acto conyugal y el «lenguaje del cuerpo». Con la anticoncepción, participan en un acto que ha sido despojado intencionalmente de uno de sus significados esenciales.

De un vistazo: Planificación Familiar Natural vs. Anticoncepción Artificial
AspectoPlanificación Familiar Natural (PFN)
Vista de la fertilidadUn regalo de Dios para ser entendido y administrado.
Medidas adoptadasAbstenerse de tener relaciones sexuales durante los tiempos fértiles por razones graves.
Impacto en el cuerpoTrabaja con los ritmos naturales del cuerpo y los respeta. No tiene efectos secundarios físicos.
Impacto en la LeyConserva el significado total y doble del acto marital como unitivo y procreativo. El don del yo es total.
Impacto en la parejaFomenta la comunicación, la responsabilidad compartida, el autodominio y una intimidad más profunda.

Las parejas que practican NFP a menudo reportan grandes beneficios a su relación. La práctica requiere comunicación abierta, respeto mutuo y responsabilidad compartida por su fertilidad.7 Los períodos de abstinencia pueden convertirse en tiempos para crecer en otras formas de intimidad y ternura, fortaleciendo el vínculo matrimonial de maneras que van más allá de lo físico.17

¿Qué enseña la Iglesia sobre la homosexualidad?

La enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad es una fuente de gran dolor y confusión para muchos, y debe abordarse con inmensa sensibilidad y compasión. La Iglesia busca mantener dos verdades en equilibrio: la verdad moral sobre la naturaleza del acto sexual y la verdad de la dignidad incondicional y el valor de cada persona humana. Para entender la enseñanza, es esencial hacer tres distinciones cuidadosas: entre la persona, la inclinación y el acto.

  • La persona: La Iglesia enseña que toda persona, independientemente de su orientación sexual, es un hijo amado de Dios, creado a su imagen. «Deben ser aceptados con respeto, compasión y sensibilidad. Debe evitarse todo signo de discriminación injusta a este respecto».2 Se trata de un punto de partida no negociable.
  • La inclinación: La Iglesia describe la experiencia de atracción hacia personas del mismo sexo como «objetivamente desordenada».2 Se trata de un término teológico difícil y a menudo incomprendido. Es no una sentencia sobre el carácter o el valor de una persona. No significa que la persona esté psicológicamente enferma o moralmente mala. Más bien, es una evaluación teológica de que la inclinación en sí misma no está ordenada hacia los fines naturales de la sexualidad según lo diseñado por Dios, es decir, la unión del hombre y la mujer de una manera que esté abierta a una nueva vida.
  • La Ley: Dado que los actos homosexuales no están ordenados hacia el doble bien de la unión y la procreación, «no pueden ser aprobados» por la Iglesia2. Al igual que todos los actos sexuales fuera del matrimonio de un hombre y una mujer, se consideran pecaminosos porque no reflejan plenamente la verdad del designio de Dios para el amor sexual.

De estas distinciones deriva el enfoque pastoral de la Iglesia. Todas las personas, solteras o casadas, heterosexuales u homosexuales, están llamadas a la virtud de la castidad. Para las personas con atracciones del mismo sexo, este llamado se vive a través de la abstinencia sexual. Se les anima a unir sus luchas con la Cruz de Cristo y a crecer en santidad a través de una vida de oración, los sacramentos y amistades profundas y castas.2

En los últimos años, el Papa Francisco ha enfatizado un tono profundamente pastoral, alentando a los padres a amar y aceptar a sus hijos homosexuales y afirmando que la homosexualidad no es una enfermedad.2 En un documento de 2023,

Fiducia supplicans, el Vaticano permitió bendiciones espontáneas no litúrgicas para las parejas en «situaciones irregulares», incluidas las parejas del mismo sexo, como signo de la cercanía de Dios. El documento reafirma explícitamente que esto no cambia ni aprueba la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio como la unión exclusiva de un hombre y una mujer, pero refleja un deseo pastoral de acompañar a todas las personas con el amor de Dios.2 Existen ministerios como Courage International para proporcionar apoyo espiritual y comunión a los católicos con atracción hacia el mismo sexo que se esfuerzan por vivir vidas castas de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia.18

¿Cómo ven realmente los católicos modernos estas enseñanzas?

Si bien la enseñanza oficial de la Iglesia, o Magisterio, es clara y coherente, las creencias y prácticas de muchos católicos autoidentificados, en particular en los Estados Unidos y Europa occidental, muestran una divergencia importante y creciente con respecto a estas normas. Los datos de organizaciones de investigación respetadas como el Centro de Investigación Pew y el Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado (CARA) pintan una imagen de una profunda división entre el púlpito y los bancos en materia de sexualidad.

Esta brecha no es un desacuerdo menor, sino un poderoso abismo que toca los aspectos más fundamentales de la moral sexual católica.

Fe y práctica: Enseñanza de la Iglesia vs. Puntos de vista Católicos de los Estados Unidos
CuestiónEnseñanza oficial de la Iglesia (Resumen)
AnticoncepciónIntrínsecamente equivocado; separa los bienes unitivos y procreativos del matrimonio.
Sexo prematrimonialUn pecado grave (fornicación) contrario a la dignidad de la persona y al significado del sexo.
Matrimonio entre personas del mismo sexoLa Iglesia no puede reconocer los matrimonios de parejas del mismo sexo; El matrimonio es exclusivamente entre un hombre y una mujer.

Los datos revelan el alcance de esta divergencia con gran detalle:

  • Sobre la anticoncepción: Un abrumador 84% Los católicos estadounidenses creen que la Iglesia debería permitir el uso de métodos anticonceptivos. Este punto de vista es sostenido incluso por una fuerte mayoría (72%) de los católicos que asisten a misa cada semana. Un mero 15% de todos los católicos estadounidenses dicen que el uso de anticonceptivos es moralmente incorrecto.20
  • Sobre el sexo prematrimonial: La brecha también es amplia. Un estudio de Pew de 2020 encontró que 62% de los católicos estadounidenses creen que el sexo casual entre adultos que consienten es a veces o siempre aceptable.21 Una encuesta anterior de 2008 mostró que solo 14% de los católicos (y sólo 30% de los asistentes semanales a la misa) se atuvo a la enseñanza de la Iglesia de que el sexo prematrimonial es «siempre incorrecto»24.
  • Sobre la homosexualidad: Los católicos estadounidenses están entre los más aceptados de todas las denominaciones cristianas. Un estudio de 2024 mostró 70% favorecen el matrimonio legal entre personas del mismo sexo, y un estudio de 2023-2024 encontró 74% Creo que la homosexualidad debe ser aceptada por la sociedad.22 Esta aceptación ha crecido dramáticamente en las últimas décadas.26

Estos datos apuntan a algo más que un desacuerdo. Sugiere una profunda crisis en la catequesis: la enseñanza de la fe. Durante generaciones, el «por qué» detrás de estas enseñanzas a menudo no se ha comunicado eficazmente o ha sido rechazado en favor de la conciencia personal y las normas culturales imperantes24. Muchos católicos parecen estar tomando decisiones morales basadas en su propia experiencia vivida en lugar de en la autoridad de la Iglesia28. Esta realidad no invalida la enseñanza de la Iglesia, pero presenta un poderoso desafío pastoral: simplemente repetir las reglas no es suficiente. Se necesita urgentemente una nueva evangelización, centrada en explicar la belleza, la coherencia y la verdad vivificante de esta visión.

¿Cómo puedo vivir estas enseñanzas en un mundo saturado de sexo?

Reconocer las presiones culturales y las luchas personales es el primer paso. Vivir la visión de la sexualidad de la Iglesia en el mundo actual es una vocación heroica, pero no imposible. Es un camino que requiere intención, gracia y sabiduría práctica.

Sabiduría para Citas

Hablantes católicos populares como Jason Evert y Fr. Mike Schmitz ofrece orientación práctica para navegar las relaciones con integridad. El propósito de las citas, en la visión católica, no es la recreación, sino el discernimiento para un matrimonio potencial. Este enfoque lo cambia todo.

  • Evite las Ocasiones Cercanas del Pecado: Este es un consejo espiritual clásico que es eminentemente práctico. Significa reconocer situaciones que facilitan caer en la tentación y evitarlas activamente. Para una pareja de novios, esto incluye no pasar la noche juntos o vivir juntos antes del matrimonio, ya que estas situaciones crean una poderosa tentación hacia la intimidad sexual.12
  • Establecer límites claros: Una pareja comprometida con la castidad debe establecer límites claros y mutuos. Una regla simple y efectiva es mantener la ropa puesta y mantener las manos alejadas de las zonas eróticas del cuerpo. Estas acciones son precursoras claras del sexo, y evitarlas ayuda a proteger la intención de la pareja de seguir siendo casta12.
  • Priorizar la fe compartida: Aunque es posible que un católico se case con un no católico, añade un gran desafío a una vocación que ya es difícil. El p. Mike Schmitz aconseja que es una cuestión de sabiduría buscar un cónyuge que comparta la misma fe fundamental, ya que esta unidad en la creencia sobre Dios, la vida, el amor y la moralidad será una fuente de inmensa fuerza para el matrimonio.

El poder de la virtud y la gracia

Vivir de esta manera no es posible solo por la fuerza de voluntad. Requiere ayuda sobrenatural.

  • La práctica hace perfecto: La castidad es una virtud, y como un músculo, se fortalece con la práctica. Requiere un compromiso continuo y la gracia para comenzar de nuevo después de caer.12
  • Apóyate en los sacramentos: La Iglesia proporciona poderosas fuentes de gracia en los sacramentos. El Sacramento de la Reconciliación (Confesión) ofrece perdón por los pecados pasados y la gracia de evitarlos en el futuro. La Eucaristía proporciona una poderosa intimidad con Cristo, que nos fortalece para el camino.2 Una vida consistente de oración es la base de todo esto.

Encuentre su «por qué»

Las reglas son difíciles de seguir sin entender la razón de ellas. La herramienta más poderosa para vivir esta enseñanza es enamorarse de la visión detrás de ella. Estudio de San Juan Pablo II Teología del Cuerpo ha cambiado la vida de innumerables personas porque va más allá de una lista de «no» y presenta una visión convincente y hermosa de la persona humana, el significado del sexo y la llamada al amor como un regalo total de sí mismo11. Cuando una persona entiende el «por qué», el «cómo» se convierte en un desafío alegre en lugar de una carga insoportable.

¿Dónde puedo encontrar apoyo si estoy luchando?

El viaje hacia una vida integrada y casta no está destinado a ser caminado solo. La Iglesia reconoce las poderosas luchas que enfrentan las personas y ofrece una amplia gama de ministerios y recursos dedicados a brindar apoyo, sanación y compañerismo. Buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino de fortaleza y sabiduría.

Para las luchas con la pornografía

La adicción a la pornografía es un flagelo generalizado que hiere a los individuos y las relaciones. Hay numerosos ministerios católicos que ofrecen esperanza y un camino hacia la libertad:

  • Integridad restaurada: Proporciona educación y recursos para individuos, cónyuges y familias afectadas por la adicción a la pornografía.32
  • Éxodo 90: Un ejercicio espiritual de 90 días para los hombres, que combina la oración, el ascetismo y la fraternidad para ayudarlos a encontrar la libertad de los apegos poco saludables.32
  • Católico en Recuperación: Un programa basado en doce pasos que integra los sacramentos y la espiritualidad católica para ayudar a las personas que sufren de una variedad de adicciones, incluida la pornografía.34
  • Ojos de Pacto: Un servicio de software de rendición de cuentas que puede ser una herramienta práctica en la lucha por la pureza.33

Para personas con atracción por el mismo sexo

La Iglesia brinda atención pastoral dedicada a las personas con atracción por el mismo sexo y sus familias que desean vivir de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia:

  • Courage Internacional: Un apostolado que ministra a personas con atracciones del mismo sexo. Proporciona una comunidad de apoyo y confidencial a través de reuniones semanales donde los miembros se ayudan unos a otros a vivir vidas castas en compañerismo y fe.18
  • EnCourage: Un ministerio relacionado para los padres, cónyuges, hermanos y amigos de personas con atracción por el mismo sexo. Ayuda a los miembros de la familia a comprender la experiencia de sus seres queridos y a crecer en su propia relación con Cristo.35

Para el aprendizaje de la planificación familiar natural (PFN)

Las parejas que deseen aprender NFP pueden encontrar instructores certificados y apoyo a través de varias organizaciones:

  • Programa de Planificación Familiar Natural de la USCCB: La página oficial de la PFN de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos ofrece materiales y recursos introductorios.37
  • Liga Pareja a Pareja (CCL): Se especializa en la enseñanza del método sintotérmico de la PFN a través de parejas de instructores certificados.15
  • Sistema de FertilityCare del modelo de Creighton: Un método estandarizado basado en el moco enseñado por profesionales certificados que también se puede utilizar para identificar problemas de salud ginecológicos subyacentes.38
  • Método de Marquette: Método sintohormonal que utiliza un monitor de fertilidad además de observar signos biológicos.15

Para la formación de castidad general

Para el estímulo continuo y la educación para vivir una vida casta, estos recursos son invaluables:

  • Proyecto de castidad: Fundado por Jason y Crystalina Evert, este ministerio ofrece libros, charlas y recursos en línea que presentan el caso de la castidad a los jóvenes de una manera convincente y práctica.39
  • Ascensión presenta: Esta plataforma de medios cuenta con una vasta biblioteca de videos y podcasts gratuitos de oradores de confianza como Fr. Mike Schmitz, quien aborda una amplia gama de temas relacionados con la fe, las relaciones y la enseñanza católica.29

Conclusión: El camino hacia el amor auténtico

La enseñanza de la Iglesia Católica sobre la sexualidad es una visión coherente, desafiante y, en última instancia, hermosa del amor humano. Es un camino que llama al sacrificio, pero promete una alegría y satisfacción que el mundo no puede dar. Tiene sus raíces en la convicción de que fuimos hechos por un Dios que nos ama y que nos diseñó para un amor auténtico que es libre, total, fiel y fructífero.

Esta visión contrasta fuertemente con una cultura que a menudo reduce el sexo a un acto casual y el amor a un sentimiento fugaz. La enseñanza de la Iglesia protege el amor de todo lo que lo disminuiría: del egoísmo, del uso, de la falsedad. Es un camino de conversión y crecimiento para toda la vida, que requiere coraje, perseverancia y abundancia de la gracia de Dios. Es el camino para convertirnos en los hombres y mujeres que Dios nos creó para ser, capaces del amor grande y auténtico por el que nuestros corazones anhelan.

Bibliografía:

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