
Aquel a quien amas: Un viaje a través de las historias de Lázaro
En la vasta red de las Sagradas Escrituras, ciertos nombres resuenan con un poder especial, vibrando a través de los siglos con mensajes de esperanza, advertencia y amor divino. El nombre Lázaro es uno de esos nombres. Derivado del hebreo Eleazar, lleva una promesa en sus mismas sílabas: “Dios ha ayudado”.¹ Este nombre aparece en el Nuevo Testamento en dos historias distintas y poderosas, ambas revelan el corazón poderoso de Dios y ofrecen lecciones eternas para nuestro propio caminar de fe.
Un Lázaro es un pobre mendigo, cuya historia desafía nuestra comprensión de la justicia y la eternidad. El otro es un amado cuyo regreso milagroso de la tumba se erige como una de las demostraciones más impresionantes del poder divino de Cristo. Para muchos, estas dos figuras pueden ser una fuente de confusión. Sin embargo, al explorar sus historias por separado y juntas, podemos desenredar los detalles, descubrir la profunda compasión de Jesús y encontrar nuestra propia fe fortalecida por la verdad de que, en nuestra necesidad más profunda, Dios es nuestra ayuda. Únase a nosotros en un viaje para descubrir quién fue Lázaro y qué significan sus historias para nosotros hoy.

¿Había dos hombres diferentes llamados Lázaro en la Biblia?
Una de las preguntas más comunes que surge al estudiar los Evangelios es si el Lázaro de la parábola de Jesús y el Lázaro que fue resucitado de entre los muertos son la misma persona. La respuesta es clara: el Nuevo Testamento habla de dos hombres diferentes llamados Lázaro.⁴ Comprender la distinción entre ellos es el primer paso para desbloquear los tesoros espirituales únicos que cada historia contiene.
El primer Lázaro es un personaje central en una enseñanza poderosa dada por Jesús, registrada en el Evangelio de Lucas. Este Lázaro es un mendigo desesperadamente pobre, cuya vida de sufrimiento en la tierra se contrasta con la de un hombre rico.⁴ Si esto es una parábola (una historia de enseñanza ficticia) o si Jesús está relatando un evento real es algo debatido por los estudiosos, pero su propósito principal es enseñar verdades poderosas sobre la vida después de la muerte y nuestra responsabilidad hacia los pobres.⁴
El otro, y más famoso, Lázaro es Lázaro de Betania. Su historia, encontrada solo en el Evangelio de Juan, es un relato histórico de una persona real que fue un querido amigo de Jesús y hermano de otras dos figuras bien conocidas, María y Marta.¹ Este Lázaro no era un mendigo; él y sus hermanas tenían un hogar en Betania donde hospedaban a Jesús.⁵ Su historia no es una parábola, sino la narración de uno de los milagros más asombrosos de Jesús: ser resucitado de entre los muertos después de cuatro días en una tumba.¹²
Aunque sus circunstancias eran muy diferentes, sus historias están entrelazadas en la gran narrativa de las Escrituras, ofreciendo lecciones complementarias sobre la fe, la compasión y la vida que nos espera más allá de la tumba.
Los dos Lázaros: Una comparación
Para ayudar a aclarar las diferencias, la siguiente tabla proporciona una comparación simple de estas dos importantes figuras bíblicas.
| Característica | Lázaro el mendigo | Lázaro de Betania |
|---|---|---|
| Aparición en el Evangelio | Lucas 16:19–31 4 | Juan 11:1–44, Juan 12:1-17 4 |
| Naturaleza del relato | Personaje en una parábola (o relato real) contada por Jesús 4 | Persona histórica, amigo de Jesús 4 |
| Estado social y físico | Un pobre mendigo, cubierto de llagas 4 | Hermano de María y Marta; tenía un hogar; amado por Jesús 5 |
| Evento clave | Murió y fue llevado al “seno de Abraham” para el consuelo eterno 4 | Murió, fue enterrado por cuatro días y fue resucitado por Jesús 4 |
| Lección principal | Enseña sobre los destinos eternos, la compasión por los pobres y las consecuencias de las elecciones terrenales 9 | Demuestra el poder de Jesús sobre la muerte y presagia Su propia resurrección 16 |

¿Cuál es la historia del pobre mendigo Lázaro y el hombre rico?
En el Evangelio de Lucas, Jesús cuenta una historia que es a la vez inquietante y profundamente instructiva. Es un relato de dos hombres, dos vidas y dos destinos eternos, que se encuentra en Lucas 16:19–31.
La historia comienza pintando un cuadro de contraste extremo. Había un hombre rico, cuyo nombre nunca se nos dice, que vivía una vida de lujo inimaginable. Él “se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez”.⁷ El tinte púrpura era increíblemente caro, un color reservado para la realeza y los muy ricos, señalando su estatus y opulencia. Su vida era una celebración diaria de placer terrenal.
A la misma puerta de la espléndida casa de este hombre yacía un mendigo llamado Lázaro. Su condición era el polo opuesto a la del hombre rico. Estaba “lleno de llagas” y desesperadamente pobre, anhelando incluso las migajas que caían de la mesa del banquete del hombre rico.⁹ En un detalle conmovedor, el texto señala que “aun los perros venían y le lamían las llagas”.⁵ En esa cultura, la saliva de perro a veces se consideraba que tenía propiedades terapéuticas, lo que significa que estos animales callejeros mostraron más compasión hacia Lázaro que el hombre rico que vivía a solo unos metros de distancia.⁵
Con el tiempo, como sucede con todas las personas, la muerte llegó para ambos hombres. Y aquí, la historia da un giro dramático. Sus circunstancias terrenales se invierten completa y eternamente. El mendigo Lázaro murió y “fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”.⁴ Esta frase, “seno de Abraham”, evoca una imagen de honor, consuelo y comunión íntima en el banquete celestial.⁸ El hombre rico también murió y fue sepultado. Pero su experiencia fue de horror. Se encontró en el Hades, un lugar de “tormentos en esta llama” consciente.⁴
Desde su lugar de tormento, el hombre rico levantó la vista y vio a Abraham a lo lejos, con Lázaro consolado a su lado. En su desesperación, gritó: “Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua”.¹³ Su petición fue denegada. Abraham explicó que una “gran sima” estaba fijada entre ellos, una barrera infranqueable que sellaba sus destinos eternos.⁷ Sus destinos eran ahora definitivos.
El hombre rico hizo entonces una última y fútil súplica. Rogó a Abraham que enviara a Lázaro de vuelta de entre los muertos a la casa de su padre, para advertir a sus cinco hermanos para que no terminaran en el mismo lugar de tormento.⁵ Esta última petición prepara el escenario para la conclusión poderosa e inolvidable de la historia, una lección que resonaría con significado profético más tarde en el ministerio de Jesús.

¿Qué verdades eternas podemos aprender de la parábola de Lázaro?
La historia de Jesús sobre el hombre rico y Lázaro es más que un cuento dramático; está llena de verdades eternas que hablan directamente a nuestros corazones hoy. Es un llamado amoroso a examinar nuestras vidas, nuestras prioridades y nuestra relación con Dios y con los demás.
La parábola enseña con una claridad aleccionadora que el cielo y el infierno son lugares reales y literales, y que nuestro destino eterno se determina en esta vida.⁹ En el momento en que morimos, nuestro destino está sellado. No hay segundas oportunidades, no hay forma de cruzar la “gran sima” que separa a los salvos de los perdidos.⁹ Esta historia sirve como un poderoso recordatorio de que las elecciones que hacemos en la tierra tienen consecuencias eternas.
La parábola es también una poderosa advertencia contra el pecado de la indiferencia. Es crucial notar que el hombre rico no fue condenado por ser rico, sino por su “descuido cruel” hacia el hombre que sufría a su puerta.⁶ Él conocía a Lázaro por su nombre, pasando junto a él todos los días, sin embargo, no mostró amor, simpatía o compasión.⁵ Su corazón estaba endurecido por su lujo. Este es un desafío poderoso para cada creyente. Dios ama a los pobres y se ofende cuando Sus hijos ignoran su difícil situación.⁹ La verdadera fe en Cristo producirá inevitablemente un corazón de compasión por los necesitados.⁹
Esta historia expone el engaño de la riqueza terrenal. El hombre rico probablemente veía sus riquezas como una señal de la bendición de Dios, una creencia peligrosa que sigue siendo común hoy en día.⁹ Jesús enseña que los tesoros terrenales pueden cegarnos ante nuestra pobreza espiritual y nuestra necesidad desesperada de un Salvador. Al final, lo que importa no es lo que hemos acumulado, sino si tenemos una relación salvadora con Jesucristo.⁹
El clímax teológico de la parábola, sin embargo, reside en la declaración final e impresionante de Abraham. Cuando el hombre rico ruega que Lázaro sea enviado de vuelta de entre los muertos como una señal para sus hermanos, Abraham responde: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.⁷ Esta es una verdad poderosa sobre la naturaleza de la fe y la incredulidad. Dios nos ha dado Su Palabra suficiente y poderosa en las Escrituras. Un corazón que está endurecido contra la enseñanza clara de la Biblia no será persuadido ni siquiera por el milagro más espectacular.⁹
De una manera que solo Dios podría orquestar, este mismo principio, expuesto en una parábola en el Evangelio de Lucas, se convierte en un presagio profético de un evento real e histórico. La historia en Lucas proporciona una hipótesis espiritual: incluso una resurrección no convencerá a un corazón endurecido. La historia del otro Lázaro, en el Evangelio de Juan, proporciona la prueba impresionante y real. Los líderes religiosos de los días de Jesús, que se enorgullecían de su conocimiento de “Moisés y los profetas”, pronto se enfrentarían a una resurrección innegable: un hombre llamado Lázaro saliendo de su tumba. Su respuesta no fue la fe, sino un complot endurecido para matar tanto a Jesús como a la evidencia de Su poder, el propio Lázaro.⁴ Esto revela que el problema central nunca fue la falta de evidencia, sino la condición del corazón humano.¹² Las dos historias, aunque se encuentran en diferentes Evangelios, están magistralmente entrelazadas, creando un único y poderoso argumento sobre la elección entre la fe y la incredulidad.

¿Quién fue Lázaro de Betania, el amigo a quien Jesús resucitó de entre los muertos?
El segundo Lázaro que encontramos en la Biblia es el tema de una de las narrativas más conmovedoras y dramáticas de todo el Nuevo Testamento. Encontrada en el capítulo 11 del Evangelio de Juan, esta es la historia de Lázaro de Betania, un hombre a quien Jesús amaba como a un querido amigo.⁴
Lázaro vivía en el pequeño pueblo de Betania, a solo un par de millas de Jerusalén, con sus dos hermanas, María y Marta.¹ Esta familia compartía un vínculo especial con Jesús. Él se había quedado en su casa, compartido comidas con ellos y encontrado en su compañía un lugar de descanso y amistad en medio de Su exigente ministerio.² La profundidad de esta relación queda clara en el mensaje que las hermanas enviaron a Jesús cuando su hermano cayó gravemente enfermo. No fue una petición formal, sino una súplica simple y tierna de un corazón a otro: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”.¹⁰ Ellas creían que solo con que Jesús lo supiera sería suficiente.
La respuesta de Jesús a esta noticia urgente es una de las partes más desconcertantes de la historia. Declaró que la enfermedad no era finalmente “para muerte, sino para la gloria de Dios”.¹⁰ Luego, en lugar de correr al lado de Su amigo, esperó intencionalmente dos días más donde estaba.⁴ Esta demora, que debe haber sido agonizante para las frenéticas hermanas, fue una parte crucial del plan de Dios. Creó suspenso y preparó el escenario para un milagro tan grande que nadie podría negarlo.¹⁶
Cuando Jesús finalmente decidió ir, Sus discípulos estaban llenos de miedo. Le recordaron que los líderes religiosos en Judea habían intentado recientemente apedrearlo.⁴ Su miedo por su propia seguridad contrasta fuertemente con la calma resolución de Jesús. Fue entonces cuando Tomás, siempre pragmático, hizo su famosa declaración a los demás: “Vamos también nosotros, para que muramos con él”.¹⁰ Sus palabras muestran una profunda lealtad, pero también una falta total de comprensión del glorioso evento que estaba a punto de desarrollarse.
Para cuando Jesús y Sus discípulos llegaron a Betania, la situación parecía totalmente desesperada. Lázaro había estado en la tumba durante cuatro días.⁴ En el clima cálido del Medio Oriente, este era un detalle importante. Significaba que la muerte era segura y que el cuerpo ya habría comenzado a descomponerse, una realidad sombría que Marta señalaría más tarde.¹⁰ El hogar de la familia estaba lleno de dolientes que habían venido de Jerusalén para consolarlos, destacando la naturaleza pública de su dolor y el milagro que seguiría.¹⁰
En su poderoso dolor, tanto Marta como María saludaron a Jesús con el mismo grito desgarrador: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”.¹⁰ Sus palabras son una mezcla cruda de tristeza, fe y quizás una suave reprimenda por Su demora. Sin embargo, incluso en su devastación, la fe de Marta brilló. Ella añadió inmediatamente: “Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará”.¹⁰ Es una declaración impresionante de confianza, pronunciada desde las profundidades de la pérdida, preparando el escenario para que Jesús se revelara de una manera que ella nunca podría haber imaginado.

¿Por qué Jesús lloró y esperó antes de resucitar a Lázaro?
La historia de Lázaro de Betania contiene dos acciones de Jesús que han tocado los corazones de los creyentes durante siglos: Su demora intencional y Sus poderosas lágrimas. Estos momentos no son solo detalles narrativos; son ventanas profundas al corazón de Dios, enseñándonos sobre Sus propósitos y Su compasión.
La razón de la demora de Jesús no fue falta de amor, sino una demostración de propósito divino. Él lo declaró claramente desde el principio: esto estaba sucediendo “para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.¹⁰ Al esperar hasta que Lázaro hubiera estado muerto durante cuatro días, un punto en el que nadie podría dudar de la finalidad de su muerte, Jesús se aseguró de que el milagro por venir fuera absolutamente innegable.²⁵ Fue una demora calculada diseñada para estirar y, en última instancia, fortalecer la fe de Sus discípulos, María, Marta y todos los que serían testigos de ello.³ Esta parte de la historia nos enseña una lección poderosa, aunque difícil, sobre confiar en el tiempo de Dios. Incluso cuando Sus demoras nos causan dolor y no podemos entender Sus caminos, estamos llamados a confiar en que Él está trabajando hacia una gloria mayor.³ Las demoras de Dios no son Sus negaciones.
Aún más conmovedora es la razón de Sus lágrimas. El versículo más corto de la Biblia, “Jesús lloró” (Juan 11:35), es también uno de los más poderosos.⁵ Sabiendo que estaba a punto de devolverle la vida a Lázaro, ¿por qué lloró? Sus lágrimas revelan la hermosa complejidad de Su carácter. Muestran Su profunda compasión humana. Cuando vio a María llorando, y a todos los dolientes con ella, la Biblia dice que Él fue “conmovido en espíritu y se turbó”.²² Él entró en su dolor y se afligió con ellos, demostrando que nuestro Dios no es distante ni insensible. Él es tocado por nuestro sufrimiento y comparte nuestra tristeza.²⁴
Pero Sus lágrimas fueron más que solo simpatía. También fueron lágrimas de dolor santo por la ruptura de Su creación. Él lloró ante el horror de la muerte misma, la fea consecuencia del pecado que nunca fue parte del plan original de Su Padre. Él lloró por el “hedor” y la “pérdida de belleza” que representa la muerte.²⁶ La palabra griega utilizada para “conmovido” también conlleva un sentido de indignación y enojo.²⁶ Jesús no estaba solo triste; estaba justamente enojado con el gran enemigo, la Muerte, y la devastación que trae.
En esto, Jesús modela para nosotros una respuesta completa y santa a la tragedia. Su reacción no fue unidimensional. No se encogió en un sentimentalismo pasivo, ni se endureció en una justicia propia. Él fue a la vez tiernamente compasivo y ferozmente protector. Su corazón se rompió por las personas que amaba y, al mismo tiempo, fue movido a una ira justa contra el mismo poder del pecado y la muerte que causó su dolor. Esto valida nuestras propias emociones complejas en tiempos de pérdida. Es correcto llorar con los que lloran, y también es correcto sentir una santa ira contra la enfermedad, la injusticia y el mal que traen tanto sufrimiento a nuestro mundo. Jesús nos muestra que el amor perfecto contiene ambos.

¿Cuál es el significado más profundo de que Jesús resucitara a Lázaro de entre los muertos?
La resurrección de Lázaro es mucho más que una historia conmovedora sobre la amistad; es un momento crucial en la historia de la salvación, rico en significado teológico que apunta directamente al corazón de la fe cristiana.
En el Evangelio de Juan, los milagros de Jesús son llamados “señales”: actos poderosos que apuntan más allá de sí mismos para revelar Su verdadera identidad divina. La resurrección de Lázaro es la séptima y última señal registrada por Juan, sirviendo como el clímax dramático del ministerio público de Jesús.¹⁰ Es la prueba definitiva que respalda Su asombrosa afirmación a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida”.¹⁰ Él no solo
dar vida; Él es la vida misma.
Este increíble milagro sirve como un poderoso presagio, un “ensayo general”, para la propia resurrección de Jesús.² Pero Juan incluye magistralmente detalles que resaltan una diferencia crucial. Lázaro fue restaurado a su vida mortal y física; algún día tendría que enfrentarse a la muerte de nuevo. La resurrección de Jesús, por otro lado, sería una victoria completa y final sobre la muerte, una transformación en un cuerpo glorificado e inmortal.³⁴ Las vendas funerarias dejan clara esta distinción. Lázaro emergió de la tumba todavía atado por sus ropas de sepultura, necesitando que otros lo “desataran y lo dejaran ir”.¹⁰ Pero en la mañana de Pascua, la tumba de Jesús estaba vacía excepto por las vendas funerarias, que quedaron atrás, cuidadosamente dobladas. Esto demostró que Él ya no estaba sujeto a la muerte ni a sus limitaciones; Él las había atravesado, conquistando la muerte para siempre.³⁴
La historia es también una promesa tangible y gloriosa para todos los creyentes. Las palabras de Jesús a Marta —“el que cree en mí, aunque muera, vivirá”— no fueron solo para su consuelo en ese momento. Son una promesa que resuena hasta nosotros hoy.¹⁰ La visión de Lázaro saliendo de esa tumba es una imagen viva y palpitante de la esperanza que tenemos para nuestra propia resurrección. Debido a que Cristo conquistó el sepulcro, nosotros también tenemos la promesa de la vida eterna con Él.¹⁶
Finalmente, la historia contiene una ironía poderosa y trágica. Este acto supremo de dar vida es el evento mismo que sella la propia sentencia de muerte de Jesús. El milagro fue tan público e innegable que provocó que una gran ola de personas creyera en Jesús.⁴ Esto aterrorizó a las autoridades religiosas, quienes vieron cómo su poder e influencia se desvanecían.²⁰ El Evangelio de Juan nos dice que fue inmediatamente después de este evento que el Sanedrín, el alto consejo judío, se reunió y conspiró oficialmente para matar a Jesús. El sumo sacerdote, Caifás, pronunció involuntariamente una profecía cuando declaró que era mejor que un solo hombre muriera por la nación.¹⁰ Y así, el regalo de vida temporal a Lázaro condujo directamente a la muerte sacrificial de Jesús, la cual ofrecería el regalo de la vida eterna al mundo entero.¹⁰

¿Qué le sucedió a Lázaro de Betania después de ser resucitado?
La Biblia nos da algunos vistazos tentadores sobre la vida de Lázaro inmediatamente después de que Jesús lo llamara de la tumba, pero luego la Escritura guarda silencio. Sabemos que estuvo presente en una cena dada en honor a Jesús en Betania, reclinado a la mesa con el Señor.¹ También se nos dice que su propia existencia era una amenaza para los sumos sacerdotes. Debido a que Lázaro era un testimonio viviente y palpitante del poder divino de Jesús, causando que muchos creyeran, las autoridades conspiraron para matarlo también.⁴
Después de estas breves menciones, debemos recurrir a la tradición de la iglesia para aprender qué pudo haber sucedido después. Es importante recordar que estos relatos no son Escritura, sino historias antiguas transmitidas a través de las generaciones de creyentes. Surgieron dos tradiciones principales, una en la Iglesia Occidental y otra en la Iglesia Oriental.
La tradición francesa, que es prominente en Occidente, sostiene que después de que comenzó la persecución en Jerusalén, Lázaro, junto con sus hermanas María y Marta, viajó en barco a la costa de la Galia (la actual Francia). Allí, se dice que Lázaro se convirtió en un poderoso predicador del Evangelio y en el primer obispo de Marsella. Esta tradición concluye que finalmente fue martirizado por su fe durante las persecuciones bajo el emperador romano Domiciano.¹⁶
La tradición chipriota, que es central para la Iglesia Ortodoxa Oriental, cuenta una historia diferente. En este relato, Lázaro huyó de la persecución en Judea y se estableció en Chipre. Allí, más tarde fue encontrado por los apóstoles Pablo y Bernabé durante sus viajes misioneros y fue ordenado por ellos como el primer obispo de Kition (una ciudad ahora llamada Lárnaca).¹⁸ Según esta tradición, sirvió como obispo durante treinta años antes de su muerte natural. Una famosa leyenda de esta tradición dice que, después de su resurrección, Lázaro nunca volvió a sonreír debido al recuerdo de las almas que había visto en el inframundo, excepto una vez cuando vio a un hombre robando una vasija de barro y comentó: “el barro roba al barro”.⁴¹
Estas tradiciones divergentes también llevaron a diferentes afirmaciones sobre sus reliquias sagradas. Su segunda tumba fue supuestamente descubierta en Lárnaca, Chipre, en el siglo IX, lo que llevó al emperador bizantino a construir la magnífica Iglesia de San Lázaro que se encuentra allí hoy.¹⁸ El emperador hizo trasladar las reliquias a Constantinopla. Siglos más tarde, durante las Cruzadas, se dijo que estas reliquias fueron llevadas de Constantinopla a Marsella, razón por la cual tanto Oriente como Occidente tienen reclamos históricos conectados con él.⁴¹
Tradiciones post-bíblicas de San Lázaro de Betania
Esta tabla resume las dos tradiciones principales sobre la vida de Lázaro después de los eventos registrados en la Biblia.
| Característica | Tradición francesa (occidental) | Tradición chipriota (oriental) |
|---|---|---|
| Lugar de ministerio | Marsella, Galia (Francia) 16 | Kition (Lárnaca), Chipre 18 |
| Rol eclesiástico | Primer obispo de Marsella 39 | Primer obispo de Kition, ordenado por Pablo y Bernabé 18 |
| Relato de la segunda muerte | Martirizado bajo el emperador Domiciano (c. 81-96 d.C.) 16 | Murió de muerte natural después de servir como obispo durante 30 años 41 |
| Sitio principal de las reliquias | Catedral de Saint Lazare, Autun, Francia 40 | Iglesia de San Lázaro, Lárnaca, Chipre 41 |

¿Cuáles son las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre San Lázaro?
La Iglesia Católica tiene una comprensión rica y matizada de las figuras llamadas Lázaro, venerando a ambos como santos pero por razones distintas que resaltan diferentes aspectos de la vida cristiana.
La Iglesia reconoce y honra a dos santos separados llamados Lázaro.⁶
San Lázaro de Betania, el amigo de Jesús, es celebrado como un poderoso testigo de la divinidad de Cristo y la promesa de la resurrección.⁶ Es un símbolo de fe y esperanza, recordando a los creyentes que Jesús tiene el poder de transformar la muerte en vida.¹⁸ Su fiesta en la Iglesia Católica se celebra junto con sus hermanas Marta y María, el 29 de julio.³⁹
La otra figura, San Lázaro el Mendigo de la parábola de Jesús, también es venerado como santo. Es honrado como el santo patrón de los pobres, los enfermos y especialmente de los leprosos.⁵ Este patrocinio se desarrolló durante la Edad Media, cuando sus “llagas” se interpretaban comúnmente como lepra.⁵ El histórico grupo militar y hospitalario conocido como la Orden de San Lázaro fue fundado en el siglo XII en un hospital de leprosos en Jerusalén y fue nombrado en honor a
a Él, con su misión original siendo el cuidado de aquellos afligidos por la enfermedad.⁴⁵
Más allá de la veneración, la historia de la resurrección de Lázaro de Betania tiene un profundo simbolismo sacramental en la teología católica. La historia es vista como una poderosa ilustración del el bautismo. Así como Lázaro fue llamado de la oscuridad y la decadencia de la tumba a la luz de una nueva vida, el creyente, a través de las aguas del Bautismo, es resucitado de la muerte espiritual del pecado a una nueva vida en Cristo.⁴⁸ Durante siglos, la Iglesia ha utilizado las lecturas del Evangelio de Cuaresma sobre la mujer en el pozo (agua), el hombre nacido ciego (luz) y Lázaro (vida) como un viaje espiritual para preparar a los catecúmenos para su propio bautismo en la Vigilia Pascual.⁴⁸
El gran teólogo San Agustín vio la resurrección de Lázaro como un poderoso símbolo para el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación (también conocido como Confesión).⁴⁸ Enseñó que incluso después de que Jesús lo llamó de vuelta a la vida, Lázaro todavía estaba atado por sus vendas funerarias. De la misma manera, una persona que ha pecado, incluso después de recibir el perdón de Dios, todavía puede sentirse atada por sus hábitos de pecado. El mandato de Jesús, “Desátenlo y déjenlo ir”, simboliza la gracia de la absolución dada por un sacerdote en el sacramento. Esta gracia desata al pecador de las cadenas del pecado y lo libera para caminar en la novedad de vida. Por esta razón, el sacramento es a menudo llamado un “segundo Bautismo”.⁴⁸
Una oración a San Lázaro
Para aquellos que deseen buscar la intercesión de este gran amigo de Cristo, la siguiente oración es una hermosa expresión de la devoción católica:
*Querido San Lázaro, amigo de Cristo Encarnado y patrón de los pobres y los enfermos….fuente(https://saintmichaelusa.org/0729-martha-mary-lazarus/) nos en nuestro consuelo, y llénanos con una esperanza que vence al mundo.
La historia de Lázaro de Betania es un testimonio rotundo de que ninguna situación está demasiado perdida para Dios.²⁴ Todos enfrentamos momentos que tienen el “hedor” de la muerte: una relación que parece rota sin posibilidad de reparación, un diagnóstico médico que se siente como una sentencia de muerte, una sequedad espiritual que parece permanente. En estos momentos de total desesperanza, la imagen de Jesús de pie ante una tumba sellada y llamando a la vida es nuestra ancla. Nos recuerda que nuestro Dios es el Dios de la resurrección, y que en Él, la muerte nunca tiene la última palabra.¹⁷
Al mismo tiempo, la parábola del mendigo Lázaro es un llamado atemporal y urgente a abrir nuestros ojos y nuestros corazones. Nos obliga a mirar más allá de las puertas de nuestras propias vidas cómodas y ver el sufrimiento de quienes nos rodean.⁹ Desafía la tentación de ser indiferentes y nos llama a mostrar activamente el amor y la compasión de Cristo a los pobres, los enfermos, los solitarios y los marginados. Nos enseña que nuestra fe no es simplemente un boleto privado al cielo, sino una misión pública de amar como Él amó.
Ambas historias nos enseñan la difícil pero esencial lección de confiar en el corazón de Dios cuando no podemos ver Su mano.³ María y Marta tuvieron que soportar cuatro días de dolor agonizante, incapaces de entender por qué el amigo en quien confiaban se había retrasado. Su historia nos da permiso para llevar nuestro propio dolor y confusión a Dios, mientras nos anima a “interpretar nuestro sufrimiento por el amor de Dios, no interpretar Su amor por nuestro sufrimiento”.³ Podemos derramar nuestros corazones ante Él, sabiendo que Él es un Salvador que se preocupa tanto que llora con nosotros en nuestra tristeza.³
Las historias de Lázaro son una invitación. El mendigo Lázaro fue invitado al consuelo eterno. El amigo de Jesús fue invitado a salir de una tumba de muerte. De la misma manera, Jesús está ante cada uno de nosotros hoy, llamándonos a salir de nuestras propias tumbas: tumbas de pecado, miedo, vergüenza y desesperación. Él nos invita a dejar las vendas funerarias que nos atan y a caminar en la libertad y la novedad de una vida resucitada en Él.¹⁸ Esta es la hermosa promesa entretejida en ambas historias, la promesa que nos da una esperanza inquebrantable: porque Él vive, nosotros también viviremos.
