Debates bíblicos: ¿Es la Tierra plana según la Biblia?




  • La Biblia no es un libro de texto de ciencias: Sus descripciones de la Tierra reflejan la cosmología antigua, no hechos científicos literales. Las interpretaciones deben centrarse en las verdades espirituales, no en los detalles físicos.
  • Una Tierra esférica no contradice la doctrina cristiana: Las creencias fundamentales sobre Dios, Cristo y la salvación no están relacionadas con la forma de la Tierra. Los descubrimientos científicos pueden mejorar, no disminuir, la fe.
  • Los cristianos deben acercarse a la ciencia con apertura: La evidencia de una Tierra redonda es abrumadora y debe ser aceptada. La fe y la ciencia pueden coexistir, ambos aspectos reveladores de la verdad de Dios.
  • La forma de la Tierra es una cuestión secundaria: Si bien no es fundamental para la fe, la forma en que los cristianos abordan este tema es importante. Impacta la interpretación bíblica, el diálogo con la ciencia y nuestro testimonio al mundo. El enfoque debe permanecer en el mensaje central del Evangelio.

¿Qué dice realmente la Biblia acerca de la forma de la Tierra?

Cuando examinamos las Escrituras, encontramos varias descripciones de la Tierra que reflejan la comprensión cultural y cosmológica del antiguo Cercano Oriente. Por ejemplo, en Isaías 40:22, leemos que Dios «se sienta entronizado sobre el círculo de la tierra». La palabra hebrea utilizada aquí, «chug», puede traducirse como «círculo» o «esfera», que algunos interpretan como sugiriendo una Tierra redonda (Jarmy, 2021).

Pero debemos ser cautelosos para no imponer conceptos científicos modernos a los textos antiguos. El propósito principal de estos pasajes no es proporcionar un tratado geológico para enfatizar la soberanía de Dios sobre la creación. Me recuerda que los antiguos hebreos, al igual que otras culturas de su tiempo, probablemente concibieron la Tierra como un disco plano con un cielo tipo cúpula sobre ella (Holding & Rowbotham, 2015).

Psicológicamente, es importante entender que los seres humanos siempre han tratado de dar sentido a su mundo a través de la lente de sus conocimientos y experiencias actuales. Los autores bíblicos utilizaron imágenes familiares para transmitir verdades poderosas sobre la relación de Dios con la creación, en lugar de intentar describir la forma física de la Tierra en términos científicos.

Les insto a recordar que el mensaje de la Biblia trasciende su contexto cultural. Si bien puede reflejar antiguos puntos de vista cosmológicos, sus verdades espirituales siguen siendo eternamente relevantes. Las Escrituras nos enseñan que Dios es el creador y sustentador de todas las cosas, que Su creación es buena y que estamos llamados a ser administradores de este hermoso mundo que Él nos ha confiado.

Abordemos estos textos con humildad, reconociendo que nuestra comprensión del mundo físico ha crecido con el tiempo y que las verdades fundamentales sobre el amor de Dios y nuestra responsabilidad de cuidar de su creación siguen siendo constantes. El propósito principal de la Biblia es revelar el plan de Dios para la salvación, no servir como un libro de texto científico.

En nuestro contexto moderno, podemos apreciar tanto la belleza poética de las imágenes bíblicas como la comprensión científica de la forma esférica de nuestro planeta. Estas perspectivas no tienen por qué entrar en conflicto, sino que pueden enriquecer nuestro aprecio por la complejidad y la maravilla de la creación de Dios.

¿Hay versículos que parecen sugerir una Tierra plana?

Algunos versículos que a menudo se citan en los debates sobre una «tierra plana» en la Biblia incluyen:

  1. Apocalipsis 7:1, que habla de «cuatro ángeles de pie en las cuatro esquinas de la tierra».
  2. Isaías 11:12, refiriéndose a «los cuatro cuartos de la tierra».
  3. Job 38:13, que menciona «los confines de la tierra».
  4. Daniel 4:10-11, describiendo un árbol visible «hasta los confines de toda la tierra».

Estos pasajes usan un lenguaje que podría sugerir una Tierra plana y cuadrada a un lector moderno (Holding & Rowbotham, 2015; Jarmy, 2021). Pero debo enfatizar que no debemos interpretar estos versículos como descripciones geográficas literales. En su lugar, emplean un lenguaje figurativo para transmitir conceptos de totalidad y dominio universal de Dios.

Desde el punto de vista psicológico, es fundamental comprender que los seres humanos a menudo utilizan metáforas espaciales para describir conceptos abstractos. Las «cuatro esquinas» o «finales» de la Tierra son formas de expresar la idea del mundo entero, como podríamos decir hoy «las cuatro esquinas del globo», a pesar de saber que la Tierra es esférica.

Les insto a considerar el propósito de estos pasajes. No pretenden proporcionar información científica sobre la forma de la Tierra para transmitir verdades espirituales. Por ejemplo, la visión de Apocalipsis de los ángeles en las «cuatro esquinas» pone de relieve el control de Dios sobre toda la creación y su capacidad para reunir a su pueblo de todas partes de la Tierra.

También debemos recordar que la Biblia utiliza un lenguaje fenomenológico que describe las cosas tal como parecen a los observadores humanos. Cuando hablamos de «levantamiento» o «puesta» del sol, estamos utilizando un lenguaje similar, aunque sabemos que la Tierra gira alrededor del sol.

En nuestro contexto moderno, estos pasajes no entran en conflicto con nuestra comprensión científica de una Tierra esférica cuando se interpretan correctamente. En cambio, nos invitan a reflexionar sobre la inmensidad de la creación de Dios y su soberanía sobre toda ella.

¿Cómo interpretamos los versos que mencionan los «pilares de la Tierra»?

El concepto de los pilares de la Tierra aparece en varios textos bíblicos, entre ellos:

  1. 1 Samuel 2:8 – «Porque de Jehová son las columnas de la tierra, y sobre ellas ha puesto el mundo.»
  2. Job 9:6 – «Quien sacude la tierra de su lugar, y tiemblan sus columnas».
  3. Salmo 75:3 – «Cuando la tierra se tambalea, y todos sus habitantes, soy yo quien mantiene firmes sus pilares».

Debo enfatizar que estos versículos reflejan la comprensión cosmológica del antiguo Cercano Oriente. En esta visión del mundo, la Tierra a menudo se concibió como un disco plano apoyado en pilares, al igual que un gran edificio (Holding & Rowbotham, 2015). Pero sería un error interpretar estos pasajes como descripciones literales de la estructura de la Tierra.

Psicológicamente, la imagen de los pilares que sostienen la Tierra habla de nuestra profunda necesidad humana de estabilidad y seguridad. Estas metáforas nos aseguran que la creación de Dios no es caótica ni arbitraria, basada en principios firmes establecidos por el Creador mismo.

Los invito a mirar más allá del significado superficial de estos textos a las verdades espirituales más profundas que transmiten. Los «pilares de la Tierra» sirven como una poderosa metáfora del poder sustentador de Dios y del orden que ha establecido en la creación. Cuando el salmista habla de que Dios mantiene firmes los pilares, expresa su confianza en el cuidado providencial de Dios para el mundo y todos sus habitantes.

En nuestro contexto moderno, podemos apreciar estos pasajes por su belleza poética y profundidad teológica sin necesidad de reconciliarlos con nuestra comprensión científica actual. Del mismo modo que podríamos hablar de que alguien es un «pilar de la comunidad» sin implicar un papel estructural literal, también estas metáforas bíblicas transmiten ideas de fortaleza, estabilidad y gobernanza divina.

Estos versículos nos recuerdan nuestra responsabilidad como administradores de la creación de Dios. Si Dios es quien establece y mantiene los «pilares de la Tierra», entonces estamos llamados a respetar y cuidar el mundo que Él nos ha confiado.

Abordemos estos textos con humildad y asombro, reconociendo que nos invitan a contemplar la majestad de la creación de Dios y su continua participación en su sostenimiento. Si bien nuestra comprensión científica de la estructura de la Tierra ha avanzado, la verdad fundamental de la soberanía de Dios y el cuidado de su creación sigue siendo tan relevante hoy como lo fue para los antiguos israelitas.

De esta manera, los «pilares de la Tierra» no se convierten en un punto de discusión científica, una fuente de reflexión espiritual sobre la estabilidad, el orden y el cuidado que Dios proporciona a toda la creación.

¿Qué enseñaron los primeros Padres de la Iglesia sobre la forma de la Tierra?

La forma de la Tierra no era una preocupación central para la mayoría de los primeros Padres de la Iglesia. Su enfoque principal era interpretar las Escrituras por sus enseñanzas espirituales y morales, en lugar de como una fuente de información científica (Beek, 2020, p. 7). Pero algunos sí abordaron cuestiones cosmológicas en sus escritos.

Entre los Padres de la Iglesia Griega, encontramos diferentes perspectivas. Clemente de Alejandría (c. 150-215 dC) y Orígenes (c. 185-254 dC) fueron influenciados por la filosofía griega y tendieron a aceptar la idea de una Tierra esférica. Orígenes, en particular, interpretó metafóricamente pasajes bíblicos sobre los «fines de la Tierra», entendiendo que una esfera no tiene fines literales (Hauglid, 1992).

Por otro lado, algunos Padres de la Iglesia tenían puntos de vista que se alineaban más estrechamente con un concepto de Tierra plana. Por ejemplo, Lactantius (c. 250-325 AD) argumentó en contra de la idea de una Tierra esférica y antípodas (personas que viven en el lado opuesto de la Tierra) en su obra «The Divine Institutes» (Holding & Rowbotham, 2015).

Me parece fascinante cómo estos primeros pensadores cristianos lucharon por reconciliar su comprensión de las Escrituras con el conocimiento científico de su tiempo. Sus diversos puntos de vista nos recuerdan que la Iglesia siempre se ha comprometido con las corrientes intelectuales de su época, tratando de comprender la creación de Dios a través de la revelación y la razón.

Psicológicamente podemos ver en estos debates el deseo humano de crear una cosmovisión coherente que abarque tanto las verdades espirituales como las realidades físicas. Los intentos de los Padres de la Iglesia de armonizar las imágenes bíblicas con la comprensión cosmológica reflejan esta necesidad profundamente arraigada de coherencia cognitiva.

Les insto a recordar que la principal preocupación de estos primeros pensadores cristianos no era proporcionar explicaciones científicas para comprender y comunicar el mensaje de salvación. Sus diferentes puntos de vista sobre la forma de la Tierra no menoscabaron su unidad en la proclamación del Evangelio de Cristo.

En nuestro contexto moderno, podemos apreciar los esfuerzos de los Padres de la Iglesia para comprometerse con el conocimiento de su tiempo al tiempo que reconocemos que la comprensión científica ha avanzado significativamente desde entonces. Su ejemplo nos anima a mantener un diálogo entre la fe y la ciencia, recordando siempre que ambos son caminos para comprender la verdad de Dios.

¿Cómo interpretan los eruditos cristianos modernos estos pasajes?

Los eruditos cristianos modernos generalmente están de acuerdo en que la Biblia no debe leerse como un libro de texto científico. En cambio, hacen hincapié en que las Escrituras utilizan un lenguaje fenomenológico —que describe las cosas tal como parecen a los observadores humanos— y emplean dispositivos literarios como la metáfora y las imágenes poéticas para transmitir verdades espirituales (Holding & Rowbotham, 2015; Jarmy, 2021).

Al interpretar pasajes que podrían sugerir una Tierra plana, como los que mencionan las «cuatro esquinas» o los «fines» de la Tierra, los estudiosos suelen entenderlos como expresiones idiomáticas destinadas a transmitir la idea de todo el mundo, en lugar de descripciones geográficas literales. Este enfoque reconoce el contexto cultural en el que se escribió la Biblia al tiempo que afirma su mensaje espiritual perdurable (Kultenko & Mamchur, 2020).

Me parece esclarecedor ver cómo ha evolucionado la interpretación bíblica. Los estudiosos modernos se benefician de los avances en campos como la arqueología, la lingüística y los antiguos estudios del Cercano Oriente, que proporcionan una comprensión más rica del contexto histórico y cultural de los textos bíblicos.

Psicológicamente, este enfoque de la interpretación permite a los creyentes mantener la integridad intelectual mientras profundizan su fe. Reconoce que la comprensión humana del mundo físico crece con el tiempo, al tiempo que afirma que las verdades espirituales esenciales de la Escritura permanecen constantes.

Muchos estudiosos subrayan que el propósito de los relatos de la creación en el Génesis, por ejemplo, no es proporcionar explicaciones científicas, sino enseñar verdades teológicas sobre la relación de Dios con la creación. Interpretan el «firmamento» o la «bóveda» mencionados en el Génesis no como una estructura física, sino como una forma poética de describir el cielo tal como parece a los observadores terrestres (Nawrot, 2023).

Los animo a ver este enfoque académico no como un desafío a la fe como una invitación a una comprensión más profunda y madura de las Escrituras. Nos llama a comprometernos con la Biblia cuidadosamente, reconociendo su inspiración divina al tiempo que apreciamos los elementos humanos en su composición y transmisión.

La erudición cristiana moderna nos recuerda que la grandeza de la creación de Dios supera con creces lo que los antiguos autores podrían haber imaginado. La inmensidad del universo, revelada por la ciencia moderna, solo sirve para magnificar nuestro asombro ante el poder y la sabiduría del Creador.

Abordemos estos pasajes bíblicos con humildad y asombro, reconociendo que hablan verdades poderosas sobre la relación de Dios con la creación, aunque no se alineen con la comprensión científica moderna en un sentido literal. El mensaje bíblico del amor, el cuidado y la soberanía de Dios sobre toda la creación sigue siendo tan relevante y poderoso hoy como cuando se escribió por primera vez.

De esta manera, la erudición cristiana moderna nos ayuda a leer la Biblia de manera fiel e inteligente, profundizando nuestro aprecio tanto por la sabiduría de la Escritura como por las maravillas de la creación de Dios reveladas a través de la investigación científica.

¿Una Tierra esférica contradice alguna doctrina cristiana central?

Puedo asegurarles con confianza que una Tierra esférica no contradice ninguna doctrina cristiana central. Nuestra fe se centra en el amor de Dios por la humanidad, revelado a través de Jesucristo, y no en la forma física de nuestro planeta.

Las doctrinas centrales del cristianismo incluyen la Trinidad, la divinidad y la humanidad de Cristo, la salvación a través de la fe y la autoridad de las Escrituras. Ninguna de estas creencias fundamentales depende en modo alguno de la forma de la Tierra ni está relacionada con ella. Nuestra comprensión de la creación, la caída, la redención y la restauración permanece sin cambios, ya sea que vivamos en un disco plano o en un globo esférico.

Psicológicamente, es comprensible que algunos se sientan amenazados por descubrimientos científicos que parecen cuestionar las interpretaciones literales de las Escrituras. Esta reacción se debe a menudo al deseo de proteger la propia fe y visión del mundo. Pero debemos recordar que Dios es el autor tanto de la Escritura como de la naturaleza. Los verdaderos descubrimientos científicos, cuando se entienden correctamente, no pueden contradecir la Palabra de Dios.

Históricamente, vemos que la Iglesia ha adaptado su comprensión de la realidad física sin comprometer sus creencias fundamentales. Por ejemplo, el cambio de un modelo geocéntrico a un modelo heliocéntrico del sistema solar no socavó la teología cristiana, a pesar de la resistencia inicial.

Es fundamental distinguir entre las verdades espirituales inmutables que transmiten las Escrituras y los conocimientos culturales y científicos de los antiguos escritores. El propósito principal de la Biblia es revelar la naturaleza de Dios y su plan para la humanidad, no servir como un libro de texto científico.

De hecho, aceptar la forma esférica de la Tierra puede mejorar nuestra apreciación de la creación de Dios. El intrincado equilibrio de fuerzas que mantiene nuestro planeta en órbita y sostiene la vida a escala mundial atestigua la sabiduría y el poder del Creador.

¿Cómo deberían los cristianos ver la evidencia científica de una Tierra redonda?

Los cristianos deben ver la evidencia científica de una Tierra redonda con apertura, humildad y gratitud. Apertura, porque creemos en un Dios de verdad que nos invita a explorar y comprender su creación. Humildad, porque reconocemos que nuestra comprensión de las Escrituras y la naturaleza puede crecer y cambiar. Y gratitud, porque cada descubrimiento científico revela más de la maravilla de la obra de Dios.

La evidencia de una Tierra esférica es abrumadora y proviene de múltiples disciplinas. Lo vemos en las imágenes satelitales, en la forma en que las naves desaparecen en el horizonte, en la sombra redonda proyectada en la luna durante los eclipses lunares y en las experiencias de los astronautas que han visto nuestro planeta desde el espacio. Estas observaciones no son amenazas a nuestras invitaciones de fe para profundizar nuestro asombro por el Creador.

Desde el punto de vista psicológico, la aceptación de pruebas científicas no requiere que abandonemos nuestra fe. En cambio, nos llama a desarrollar una fe más madura que pueda integrar nuevos conocimientos. Este proceso de integración puede conducir al crecimiento espiritual y a una mejor comprensión de la relación de Dios con la creación.

Históricamente, vemos que muchos grandes científicos eran personas de profunda fe. Copérnico, Galileo, Kepler y Newton vieron su trabajo científico como una forma de entender mejor la creación de Dios. Sus ejemplos nos recuerdan que la fe y la ciencia pueden trabajar de la mano.

Como cristianos, creemos en un Dios que es la fuente de toda verdad. Por lo tanto, no debemos temer los descubrimientos científicos. En cambio, debemos acercarnos a ellos con discernimiento y la voluntad de dejarlos informar nuestra comprensión del mundo que Dios ha hecho.

También es importante recordar que, si bien la ciencia puede decirnos cómo funciona el mundo físico, no puede responder a preguntas de significado y propósito últimos. Estos son el reino de la fe y la filosofía. Una Tierra redonda no cambia nuestra necesidad de salvación ni el amor de Dios por nosotros.

Al abrazar la evidencia científica, seguimos los pasos de San Agustín, quien escribió: «Que todo cristiano bueno y verdadero entienda que, dondequiera que se encuentre la verdad, pertenece a su Maestro». Al aceptar la evidencia de una Tierra redonda, honramos al Dios de la verdad y demostramos que nuestra fe es lo suficientemente fuerte como para abarcar todos los aspectos de la realidad.

¿Hay maneras de reconciliar el lenguaje bíblico con una Tierra esférica?

Conciliar el lenguaje bíblico con nuestra comprensión moderna de una Tierra esférica no solo es posible, sino que también puede enriquecer nuestra apreciación de la profundidad de las Escrituras y la sabiduría de Dios.

Debemos entender que la Biblia utiliza a menudo un lenguaje fenomenológico que describe las cosas tal como parecen a los observadores humanos. Cuando las Escrituras hablan de los «fines de la tierra» o de los «cuatro rincones de la tierra», utilizan expresiones comunes de la época para transmitir la idea del mundo entero, sin hacer afirmaciones científicas sobre la forma de la Tierra.

Psicológicamente, este uso del lenguaje familiar demuestra el deseo de Dios de comunicarse de manera accesible para todas las personas, independientemente de su comprensión científica. Nos recuerda que el propósito principal de la Biblia es transmitir verdades espirituales, no detalles científicos.

Históricamente, vemos que muchos Padres de la Iglesia, como Orígenes y Agustín, reconocieron que no todos los pasajes bíblicos deben interpretarse literalmente. Entendieron que las Escrituras a veces usan un lenguaje figurado para transmitir verdades más profundas.

También podemos considerar el contexto cultural de los escritores bíblicos. Su uso del lenguaje reflejaba su comprensión cultural de las verdades espirituales que transmitían más allá de ese contexto cultural. Del mismo modo que no esperamos que la Biblia utilice terminología científica moderna, no debemos imponer nuestras expectativas modernas a los textos antiguos.

Algunos pasajes bíblicos pueden considerarse una alusión poética a la verdadera naturaleza de la Tierra. Por ejemplo, Isaías 40:22 habla de Dios sentado «por encima del círculo de la tierra». Aunque esto no describe definitivamente una esfera, es compatible con ese entendimiento.

Es importante recordar que la reconciliación no significa obligar a la Biblia a ajustarse a la ciencia moderna o viceversa. Más bien, significa reconocer los diferentes propósitos del lenguaje bíblico y científico. La Escritura pretende revelar la naturaleza de Dios y su relación con la humanidad, mientras que la ciencia pretende explicar el funcionamiento físico del universo.

Al acercarnos a la Escritura con humildad y sabiduría, podemos apreciar tanto sus verdades espirituales atemporales como las formas en que habló a su audiencia original. Este enfoque nos permite mantener la integridad de nuestra fe mientras abrazamos el conocimiento que Dios nos ha permitido obtener a través de la investigación científica.

¿Cuál era el entendimiento común de la forma de la Tierra en los tiempos bíblicos?

Para comprender la percepción común de la forma de la Tierra en los tiempos bíblicos, debemos emprender un viaje a través de la historia y la cultura antiguas, recordando siempre que el mensaje de amor y salvación de Dios trasciende cualquier comprensión cosmológica específica.

En el antiguo Cercano Oriente, incluido el mundo de la Biblia, la comprensión común de la forma de la Tierra era bastante diferente de nuestra visión moderna. La mayoría de la gente concibió la Tierra como un disco plano, a menudo rodeado de agua, con los cielos como una cúpula o estructura similar a una tienda por encima de ella. Esta cosmología se refleja en algunas imágenes bíblicas, como las referencias a los «fundamentos de la tierra» o los «pilares del cielo».

Psicológicamente, esta visión del mundo proporcionaba un sentido de orden y seguridad. La Tierra fue vista como el centro de la creación, con la humanidad ocupando un lugar especial dentro de ella. Este entendimiento reforzó la creencia en un Dios personal que estaba íntimamente involucrado con Su creación.

Históricamente, vemos que este concepto de Tierra plana no era exclusivo de los israelitas, sino que era compartido por muchas culturas antiguas. Los babilonios, los egipcios y los primeros griegos tenían puntos de vista similares. estas no eran teorías científicas en el sentido moderno, sino entendimientos culturales transmitidos de generación en generación.

Pero no debemos asumir que todos los pueblos antiguos mantuvieron este punto de vista de manera uniforme. En la época posterior del Antiguo Testamento y en la era del Nuevo Testamento, los filósofos griegos habían propuesto la idea de una Tierra esférica. Los individuos educados en el Imperio Romano, incluyendo algunos pensadores cristianos tempranos, eran conscientes de este concepto.

Es fundamental comprender que los autores bíblicos no se preocuparon principalmente por transmitir información científica sobre la forma de la Tierra. Se centraron en comunicar verdades teológicas sobre la naturaleza de Dios, su relación con la humanidad y su plan de salvación.

El uso de la comprensión cosmológica común de su tiempo permitió a los escritores bíblicos comunicarse efectivamente con su audiencia. Dios, en Su sabiduría, eligió revelar verdades espirituales a través de la lente cultural de la época, al igual que un padre amoroso usa el lenguaje y los conceptos que un niño puede entender.

En nuestro contexto moderno, estamos llamados a apreciar el mensaje bíblico al mismo tiempo que abrazamos el conocimiento que Dios nos ha permitido obtener a través de la investigación científica. Tanto la Escritura como la naturaleza revelan la verdad de Dios, cada una a su manera.

¿Qué tan importante es este tema para la fe cristiana hoy?

En el gran esquema de nuestra fe, la forma física de la Tierra no es un tema central. Nuestras creencias fundamentales —el amor de Dios, la salvación ofrecida a través de Cristo, la guía del Espíritu Santo y nuestro llamado a amar y servir a los demás— permanecen inalteradas independientemente de la geometría de la Tierra. Estos son los fundamentos sobre los cuales debemos construir nuestra fe y nuestras vidas.

Psicológicamente este tema puede tomar una importancia desproporcionada para algunos creyentes. Aquellos que sienten que su fe está amenazada por descubrimientos científicos pueden aferrarse a una interpretación literal de todos los pasajes bíblicos, incluidos aquellos que parecen implicar una Tierra plana. Esta reacción a menudo proviene de un miedo a la incertidumbre o un deseo de defender lo que perciben como ataques a su fe.

Es fundamental abordar estas preocupaciones con compasión y comprensión. Debemos crear espacios seguros dentro de nuestras comunidades de fe donde los creyentes puedan luchar con estas preguntas sin temor al juicio. Al mismo tiempo, debemos fomentar gentilmente una comprensión más matizada de las Escrituras que no ponga la fe en contra de la ciencia.

Históricamente, podemos extraer lecciones de debates similares en el pasado, como la controversia sobre el heliocentrismo. La Iglesia finalmente llegó a aceptar que la Tierra gira alrededor del sol sin comprometer sus doctrinas centrales. Esto nos recuerda que nuestra fe es lo suficientemente robusta como para incorporar nuevos entendimientos del mundo físico.

Aunque la forma de la Tierra en sí misma no es crucial para nuestra fe, la forma en que abordamos este tema puede ser muy importante. Aborda cuestiones más amplias sobre cómo interpretamos las Escrituras, cómo entendemos la revelación de Dios en la naturaleza y cómo interactuamos con los conocimientos científicos.

Este tema proporciona una oportunidad para el crecimiento espiritual. Nos desafía a desarrollar una fe más madura que pueda integrar la comprensión científica con la sabiduría bíblica. Nos invita a maravillarnos de la complejidad de la creación de Dios y a utilizar las mentes que Él nos ha dado para explorarla y comprenderla.

Este tema puede servir de puente para el diálogo entre la fe y la ciencia. Al demostrar que el cristianismo no se opone al descubrimiento científico, podemos abrir puertas para conversaciones significativas con aquellos fuera de la fe.

Recordemos que nuestro testimonio ante el mundo no se basa en nuestra comprensión de la forma de la Tierra en nuestro amor a Dios y al prójimo. Aunque debemos estar preparados para abordar cuidadosamente las preguntas sobre la fe y la ciencia, nunca debemos perder de vista el corazón del Evangelio, el amor transformador de Dios revelado en Jesucristo.

Aunque la forma de la Tierra no es fundamental para nuestra fe, la forma en que abordamos esta y otras cuestiones similares puede afectar significativamente a nuestro crecimiento espiritual, nuestra unidad como creyentes y nuestro testimonio ante el mundo. Enfrentemos estas preguntas con humildad, sabiduría y siempre con amor.

Descubre más desde Christian Pure

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Compartir con...