¿Qué dice Jesús sobre el divorcio en Mateo 5:31-32?
En Mateo 5:31-32, Jesús aborda el serio asunto del divorcio, ofreciendo una enseñanza que desafía las actitudes prevalecientes de su tiempo al tiempo que enfatiza la santidad del matrimonio. Comienza haciendo referencia a la ley del Antiguo Testamento, afirmando que «se ha dicho: «Cualquiera que se divorcie de su esposa debe darle un certificado de divorcio». Esto alude a Deuteronomio 24:1-4, que permitía el divorcio en determinadas circunstancias. (Burton, 1907, pp. 121-127)
Pero Jesús entonces presenta una visión más estricta: «Pero os digo que todo el que se divorcia de su esposa, excepto la inmoralidad sexual, la convierte en víctima de adulterio, y todo el que se casa con una mujer divorciada comete adulterio». Esta declaración revela varios puntos clave sobre la perspectiva de Jesús sobre el divorcio.
Jesús afirma la naturaleza perdurable del pacto matrimonial, lo que implica que no debe disolverse fácilmente. Al afirmar que el divorcio de la esposa la convierte en víctima de adulterio, hace hincapié en la gravedad de romper el vínculo conyugal. Esta enseñanza se alinea con su afirmación posterior en Mateo 19:6 de que «lo que Dios ha unido, que nadie se separe».
Jesús proporciona una sola excepción para el divorcio permisible: inmoralidad sexual (porneia en griego). Esta cláusula de excepción ha sido objeto de mucho debate académico que sugiere que en casos de mala conducta sexual grave, el divorcio puede ser permisible. (Leineweber, 2008)
Jesús extiende el concepto de adulterio más allá de su definición tradicional. Al afirmar que el nuevo matrimonio después de un divorcio inadmisible constituye adulterio, eleva la permanencia del pacto matrimonial original a los ojos de Dios.
La enseñanza de Jesús aquí forma parte del Sermón de la Montaña, donde con frecuencia contrasta la letra de la ley con su intención espiritual más profunda. En este contexto, sus palabras sobre el divorcio sirven para poner de relieve el ideal de la fidelidad matrimonial y la seriedad del matrimonio en el plan de Dios para las relaciones humanas.
Reconozco el poderoso impacto que estas palabras han tenido en la comprensión cristiana del matrimonio y el divorcio a lo largo de los siglos. Nos llaman a ver el matrimonio no como un mero contrato social como un vínculo sagrado que refleja el amor del pacto de Dios por la humanidad. Al mismo tiempo, nos desafían a acercarnos a la dolorosa realidad de las relaciones rotas con compasión, sabiduría y un profundo respeto por la intención divina detrás del matrimonio.
¿En qué se diferencia la enseñanza de Jesús sobre el divorcio de la ley del Antiguo Testamento?
La enseñanza de Jesús sobre el divorcio en Mateo 5:31-32 representa una desviación importante de la ley del Antiguo Testamento, particularmente tal como se entendió y practicó en el judaísmo del primer siglo. Este cambio refleja una interpretación más profunda y espiritual de las intenciones de Dios para el matrimonio y las relaciones humanas.
En el Antiguo Testamento, el divorcio estaba regulado principalmente por Deuteronomio 24:1-4. Este pasaje permitía a un hombre divorciarse de su esposa dándole un certificado de divorcio si encontraba «algo indecente sobre ella». La interpretación de lo que constituía «algo indecente» era un tema de debate entre los eruditos judíos. En el tiempo de Jesús, dos escuelas principales de pensamiento habían surgido: la escuela de Shammai, que interpretó esto estrictamente como mala conducta sexual, y la escuela de Hillel, que permitió el divorcio por una amplia gama de razones, incluso tan trivial como quemar una comida. (Burton, 1907, pp. 121-127)
La enseñanza de Jesús difiere de esta asignación del Antiguo Testamento de varias maneras clave:
- Limitaciones más estrictas: Aunque el Antiguo Testamento permitía el divorcio bajo ciertas circunstancias, Jesús lo limita a casos de inmoralidad sexual. Esto reduce considerablemente los motivos para el divorcio en comparación con las interpretaciones prevalecientes de su tiempo.
- Igualdad de trato: La ley del Antiguo Testamento abordaba principalmente el derecho de los hombres a divorciarse de sus esposas. La enseñanza de Jesús se aplica implícitamente tanto a los esposos como a las esposas, lo que refleja una visión más igualitaria del matrimonio.
- Consecuencias espirituales: Jesús introduce el concepto de que el divorcio impropio puede conducir al adulterio, una consecuencia espiritual y moral que no está explícitamente establecida en la ley del Antiguo Testamento.
- Centrarse en la intención original de Dios: En Mateo 19:8, Jesús explica que Moisés permitió el divorcio debido a la dureza del corazón de las personas «no fue así desde el principio». Esta declaración recuerda el diseño original de Dios para el matrimonio como unión permanente.
- Elevación de la importancia del matrimonio: Al vincular el divorcio tan estrechamente con el adulterio, Jesús eleva el estado del matrimonio a un plano espiritual más alto de lo que se sostiene en la ley del Antiguo Testamento.
Como estudiante de historia y comportamiento humano, veo en esta enseñanza un cambio poderoso de un enfoque legalista del matrimonio a uno que enfatiza sus dimensiones espirituales y emocionales. Jesús está llamando a sus seguidores a un estándar más alto de compromiso y fidelidad en sus relaciones.
Al mismo tiempo, reconozco la compasión inherente a las palabras de Jesús. Al proporcionar una excepción para los casos de inmoralidad sexual, reconoce las realidades dolorosas que pueden fracturar las relaciones humanas al tiempo que defiende el ideal de fidelidad matrimonial de por vida.
Esta enseñanza nos desafía a ver el matrimonio no solo como un contrato social o legal como un pacto sagrado que refleja el amor fiel de Dios por la humanidad. Nos llama a acercarnos a la institución del matrimonio con reverencia, compromiso y una comprensión profunda de su significado espiritual en el plan de Dios para el florecimiento humano.
¿Qué significa «salvo la inmoralidad sexual» en Mateo 5:32?
La frase «excepto por la inmoralidad sexual» en Mateo 5:32 ha sido objeto de muchos debates e interpretaciones académicas a lo largo de la historia cristiana. La palabra griega utilizada aquí es «porneia», que tiene una amplia gama de significados relacionados con la conducta sexual inapropiada. Comprender esta cláusula de excepción es crucial para interpretar la enseñanza de Jesús sobre el divorcio y el nuevo matrimonio.
«porneia» es un término con una amplia gama semántica. Puede referirse a varias formas de inmoralidad sexual, incluyendo pero no limitado al adulterio, la fornicación, la prostitución y el incesto. Algunos estudiosos argumentan que en el contexto del matrimonio, se refiere principalmente al adulterio, mientras que otros mantienen una interpretación más amplia. (Leineweber, 2008)
La inclusión de esta cláusula de excepción sugiere que Jesús reconoció ciertas circunstancias en las que el vínculo matrimonial podría disolverse legítimamente. Esto se alinea con la tradición legal judía que veía la fidelidad sexual como un aspecto fundamental del pacto matrimonial. Cuando esta fidelidad se rompe a través de una mala conducta sexual grave, puede verse como una violación efectiva del pacto.
Pero es fundamental entender que esta excepción no exige el divorcio en casos de inmoralidad sexual. Más bien, lo permite como una posible respuesta a una violación tan grave de la relación matrimonial. La enseñanza general de Jesús hace hincapié en la permanencia y la santidad del matrimonio, y esta excepción debe considerarse en ese contexto.
Psicológicamente podemos entender por qué la infidelidad sexual podría ser motivo para permitir el divorcio. La intimidad sexual es una experiencia única de unión en el matrimonio, creando profundas conexiones emocionales y físicas. La traición en esta área puede causar un poderoso trauma psicológico, rompiendo la confianza y la intimidad de maneras que pueden ser irreparables para algunas parejas.
Históricamente, esta cláusula de excepción ha sido interpretada de varias maneras por diferentes tradiciones cristianas. Algunos han adoptado una visión muy estrecha, limitándola estrictamente al adulterio, mientras que otros la han ampliado para incluir otras formas de mala conducta sexual o incluso formas no sexuales de traición que igualmente rompen el vínculo matrimonial.
Creo que es importante abordar esta enseñanza con respeto por la santidad del matrimonio y compasión por la fragilidad humana. Al tiempo que defendemos el ideal de fidelidad conyugal de por vida, también debemos reconocer las complejas realidades de las relaciones humanas y las profundas heridas que la traición sexual puede infligir.
En la práctica pastoral, esta cláusula de excepción nos llama a abordar las situaciones de infidelidad conyugal con gran cuidado, sabiduría y discernimiento. Si bien el divorcio puede ser permisible en tales casos, nuestra primera respuesta debe ser alentar la reconciliación, la curación y la restauración cuando sea posible, siempre teniendo en cuenta el bienestar de todos los involucrados, incluidos los niños.
«excepto por la inmoralidad sexual» nos recuerda que, si bien el matrimonio es sagrado, no es un absoluto que prevalezca sobre todas las demás consideraciones. En caso de traición grave, la compasión de Dios se extiende a la parte herida, lo que permite la posibilidad de liberarse de un pacto que se ha roto fundamentalmente.
¿Se permite el nuevo matrimonio después del divorcio de acuerdo con estos versículos?
La cuestión del nuevo matrimonio después del divorcio, basada en Mateo 5:31-32, es un tema complejo y sensible que ha sido debatido a lo largo de la historia cristiana. Aunque estos versículos no proporcionan una enseñanza explícita e integral sobre el nuevo matrimonio, sí ofrecen algunas ideas que han dado forma al pensamiento cristiano sobre este asunto.
Jesús afirma: «Cualquiera que se divorcie de su esposa, excepto por inmoralidad sexual, la convierte en víctima de adulterio, y cualquiera que se case con una mujer divorciada comete adulterio». Esta enseñanza presenta varios puntos a considerar en relación con el nuevo matrimonio:
- Permiso implícito en casos de inmoralidad sexual: La cláusula de excepción para la inmoralidad sexual sugiere que el divorcio (y por extensión, posiblemente el nuevo matrimonio) podría ser permisible en tales casos. Pero esto no se afirma explícitamente y sigue siendo una cuestión de interpretación. (Leineweber, 2008)
- Adulterio en un nuevo matrimonio: La afirmación de Jesús de que casarse con una mujer divorciada constituye adulterio implica que el vínculo matrimonial original sigue considerándose válido a los ojos de Dios, incluso después de un divorcio legal. Esto ha llevado a algunas tradiciones a prohibir el nuevo matrimonio después del divorcio por completo.
- Consideraciones de género: Aunque el verso menciona específicamente a un hombre que se divorcia de su esposa, la mayoría de los intérpretes entienden que esta enseñanza se aplica por igual a ambos géneros, en consonancia con el enfoque general de Jesús sobre la igualdad de género en asuntos espirituales.
- Contexto de la gracia: Es fundamental leer estos versículos en el contexto más amplio del ministerio de gracia y perdón de Jesús. Al tiempo que defendía el ideal del matrimonio, Jesús mostró sistemáticamente compasión por aquellos que no cumplían los estándares de Dios.
Históricamente, las tradiciones cristianas han variado en su interpretación de estos versículos con respecto al nuevo matrimonio. Algunos han adoptado un punto de vista muy estricto, prohibiendo el nuevo matrimonio en casi todas las circunstancias, mientras que otros lo han permitido en casos de adulterio o abandono por parte de un cónyuge incrédulo (sobre la base de la enseñanza de Pablo en 1 Corintios 7).
Reconozco las poderosas implicaciones emocionales y psicológicas de esta enseñanza. El divorcio es a menudo una experiencia traumática, y la perspectiva de la soltería de por vida puede ser desalentadora para muchos. Al mismo tiempo, el dolor del adulterio en un segundo matrimonio, como implican las palabras de Jesús, es una consideración seria.
En la práctica pastoral, creo que debemos abordar este tema con gran cuidado, compasión y discernimiento. Mientras defendemos el ideal del matrimonio de por vida, también debemos reconocer la realidad del quebrantamiento humano y la posibilidad de un arrepentimiento genuino y nuevos comienzos.
Estos versículos nos llaman a tomar en serio el matrimonio como un compromiso de por vida. Nos desafían a trabajar duro para preservar nuestros matrimonios y a pensar con mucho cuidado antes de divorciarnos o volver a casarnos. Al mismo tiempo, nos recuerdan nuestra constante necesidad de la gracia de Dios y la importancia de extender esa gracia a otros que puedan estar luchando con estos problemas difíciles.
¿Cómo se relacionan Mateo 5:31-32 y Mateo 19:3-9?
Mateo 5:31-32 y Mateo 19:3-9 son dos pasajes clave en los que Jesús aborda el tema del divorcio. Si bien ocurren en diferentes contextos dentro del Evangelio de Mateo, están estrechamente relacionados en contenido y teología, ofreciendo perspectivas complementarias sobre la enseñanza de Jesús sobre el matrimonio y el divorcio.
En Mateo 5:31-32, parte del Sermón del Monte, Jesús presenta su enseñanza sobre el divorcio en el contexto del cumplimiento de la ley. Él contrasta su punto de vista más estricto con la comprensión prevaleciente de la ley del Antiguo Testamento. Este pasaje es más conciso, centrándose en el principio básico de que el divorcio, excepto en casos de inmoralidad sexual, puede conducir al adulterio. (Arbo, 2009, pp. 94-95)
Mateo 19:3-9, por otro lado, ocurre en un contexto narrativo donde los fariseos están probando a Jesús. Este pasaje ofrece una exposición más detallada de los puntos de vista de Jesús sobre el divorcio, incluido su razonamiento basado en la intención original de Dios en la creación. Aquí, Jesús se refiere explícitamente al Génesis, afirmando que Dios los hizo hombres y mujeres y que los dos se convierten en una sola carne, enfatizando la permanencia del vínculo matrimonial. (Allison, 1993, pp. 10-13)
Los puntos clave de relación entre estos pasajes incluyen:
- Consistencia en la enseñanza: Ambos pasajes presentan una visión más estricta sobre el divorcio de lo que era común en la práctica judía en ese momento, enfatizando la permanencia del matrimonio.
- Cláusula de excepción: Ambos incluyen la excepción de la inmoralidad sexual (porneia), aunque algunos manuscritos tempranos de Mateo 19:9 omiten esta cláusula.
- Referencia a la ley del Antiguo Testamento: Mientras que Mateo 5 menciona brevemente el certificado de divorcio, Mateo 19 se involucra más profundamente con la ley mosaica, explicando por qué permitió el divorcio a pesar de la intención original de Dios.
- Consecuencias espirituales: Ambos pasajes vinculan el divorcio impropio con el adulterio, destacando el significado espiritual del pacto matrimonial.
- Contexto más amplio: Mateo 5 presenta esta enseñanza como parte de las instrucciones éticas de Jesús, mientras que Mateo 19 muestra a Jesús aplicando esta enseñanza en respuesta a un desafío específico de los líderes religiosos.
Psicológicamente, estos pasajes juntos presentan una visión holística de la enseñanza de Jesús sobre el matrimonio. Abordan tanto el ideal (unión permanente y fiel) como la realidad del quebrantamiento humano que a veces conduce al divorcio.
Históricamente, estos pasajes han sido fundamentales en la formación de la doctrina cristiana sobre el matrimonio y el divorcio. El católico, por ejemplo, ha enfatizado tradicionalmente la indisolubilidad del matrimonio basado en gran medida en estas enseñanzas, mientras que las tradiciones protestantes han variado en sus interpretaciones, particularmente con respecto a la aplicación de la cláusula de excepción.
Veo en estos pasajes un llamado a defender la santidad y la permanencia del matrimonio al tiempo que reconozco las complejidades de las relaciones humanas. Nos desafían a ver el matrimonio no solo como un contrato social, sino como un pacto espiritual que refleja el amor fiel de Dios.
En la aplicación pastoral, estos pasajes nos recuerdan la importancia de preparar bien a las parejas para el matrimonio, apoyarlas a través de las dificultades y abordar las situaciones de ruptura matrimonial con claridad moral y comprensión compasiva. Nos llaman a un alto nivel en nuestras relaciones mientras siempre recordamos la gracia y el perdón que son centrales en el mensaje del Evangelio.
¿Qué enseñaron los primeros Padres de la Iglesia sobre el divorcio basado en Mateo 5:31-32?
En los primeros siglos después de Cristo, encontramos un consenso general entre los Padres de que el divorcio y el nuevo matrimonio no estaban permitidos para los cristianos, sobre la base de su lectura de Mateo 5:31-32 y pasajes paralelos (Newey, 2002, pp. 269-285; Wong, 2017). Pero había cierta diversidad en la forma estricta en que esto se aplicaba. Orígenes, por ejemplo, reconoció que el derecho civil permitía el divorcio y sostuvo que para los cristianos, el matrimonio debería ser indisoluble, excepto en casos de adulterio (Newey, 2002, pp. 269-285).
Agustín, cuya influencia dio forma a gran parte del enfoque del cristianismo occidental, argumentó enérgicamente en contra del divorcio y el nuevo matrimonio. Él veía el matrimonio como un vínculo sacramental que no podía romperse, incluso por adulterio. Para Agustín, la «cláusula de excepción» de Mateo se refería únicamente a la separación, no a la disolución del vínculo matrimonial (Newey, 2002, pp. 269-285). Esta interpretación estricta se hizo dominante en la Iglesia Occidental.
En la tradición oriental, vemos un enfoque algo más flexible. Aunque todavía consideraban que el divorcio era contrario al ideal de Dios, algunos padres orientales permitían la posibilidad de volver a casarse en determinadas circunstancias, en particular en casos de adulterio. Tendían a interpretar que la cláusula de excepción de Matthew permitía tanto el divorcio como el nuevo matrimonio en tales casos (Newey, 2002, pp. 269-285).
Los Padres no se limitaban a participar en debates teológicos abstractos. Estaban luchando con cómo aplicar las enseñanzas de Cristo en un mundo donde el divorcio era común y a menudo dejaba a las mujeres en situaciones sociales y económicas precarias. Su preocupación era defender la santidad del matrimonio y proteger a los miembros vulnerables de la comunidad.
Al considerar sus enseñanzas, debemos recordar que los Padres eran hombres de su tiempo, influenciados por suposiciones culturales sobre el género y el matrimonio que ahora podemos cuestionar. Sin embargo, su compromiso fundamental con la permanencia del matrimonio como reflejo del amor fiel de Dios sigue desafiándonos e inspirándonos.
En nuestro contexto moderno, estamos llamados a mantener en tensión el ideal del matrimonio de por vida con la realidad del quebrantamiento humano y la necesidad de misericordia. Las enseñanzas de los Padres nos recuerdan la seriedad con la que debemos acercarnos al matrimonio y al divorcio, al tiempo que nos llaman a una reflexión más profunda sobre cómo podemos apoyar a aquellos cuyos matrimonios han fracasado y ayudarlos a encontrar sanidad y esperanza en Cristo.
¿Cómo deben aplicar hoy los cristianos las enseñanzas de Jesús sobre el divorcio?
Debemos reafirmar la belleza y la permanencia del matrimonio como designio de Dios. Las enseñanzas de Jesús nos llaman a un compromiso radical en el matrimonio, que refleje la propia fidelidad de Dios a su pueblo (Stassen & Gushee, 2003). Este ideal debe dar forma a nuestro enfoque de la preparación para el matrimonio, el asesoramiento y el apoyo dentro de nuestras comunidades de fe. Debemos trabajar incansablemente para construir una cultura que nutra matrimonios fuertes y amorosos.
Pero no podemos ignorar la realidad de las relaciones rotas en nuestro mundo caído. Mientras mantenemos el ideal, también debemos crear espacios de sanación y restauración para aquellos que han experimentado el dolor del divorcio. La Iglesia debe ser un lugar de refugio y renovación, no de juicio y exclusión (Stassen & Gushee, 2003).
Al aplicar las enseñanzas de Jesús, debemos tener cuidado de no caer en el legalismo por un lado o en la permisividad por el otro. Un enfoque matizado reconoce que puede haber situaciones —como el abuso, el abandono o el adulterio no arrepentido— en las que la separación o incluso el divorcio pueden ser necesarios para el bienestar y la seguridad de las personas y las familias (Folarin, 2011, pp. 1-1). En tales casos, la Iglesia debe ofrecer apoyo y orientación, ayudando a las personas a navegar decisiones difíciles con sabiduría y gracia.
Para aquellos que han experimentado el divorcio, debemos enfatizar el perdón de Dios y la posibilidad de un nuevo comienzo. Si bien reconocemos la gravedad del divorcio, también debemos proclamar el poder de la redención de Cristo. La Iglesia debe ofrecer programas de sanación y apoyo, ayudando a las personas divorciadas a encontrar la integridad y, cuando sea apropiado, prepararse para futuras relaciones (Stassen & Gushee, 2003).
Con respecto al nuevo matrimonio después del divorcio, debemos abordar cada situación con un discernimiento cuidadoso. Mientras que algunas tradiciones cristianas mantienen una estricta prohibición de volver a casarse, otras lo permiten en ciertas circunstancias. Cualquiera que sea nuestra posición teológica, debemos asegurarnos de que nuestra respuesta se basa tanto en la verdad como en el amor, tratando de defender la santidad del matrimonio, reconociendo al mismo tiempo la gracia de Dios y la posibilidad de restauración (Folarin, 2011, pp. 1-1).
La aplicación de las enseñanzas de Jesús sobre el divorcio hoy nos obliga a mantener en tensión la alta vocación del matrimonio con la realidad del quebrantamiento humano. Estamos llamados a ser una comunidad que defiende el ideal de Dios para el matrimonio, ofrece compasión y apoyo a quienes luchan en sus relaciones, ofrece un camino de curación para los divorciados y siempre señala el poder transformador del amor y el perdón de Dios.
¿Qué significa «hacerla cometer adulterio» en Mateo 5:32?
Debemos comprender el contexto cultural de la época de Jesús. En la sociedad judía del primer siglo, la situación social y económica de una mujer dependía en gran medida de su estado civil (Wong, 2017). Una mujer divorciada a menudo enfrenta grandes dificultades y puede verse obligada a volver a casarse para sobrevivir. Las palabras de Jesús aquí no son una condena de la mujer, sino una clara ilustración de las graves consecuencias del divorcio en esa sociedad.
La frase «la hace cometer adulterio» (ποÎ1Îμá¿– αá1⁄2Ḯá1⁄2 ́Î1⁄2 Î1⁄4οÎ1χÎμÏ...Î ̧ῆÎ1⁄2αÎ1 en griego) utiliza una construcción causal. Esto sugiere que la acción del hombre de divorciarse de su esposa la coloca en una posición en la que el adulterio se vuelve probable o incluso necesario desde una perspectiva social (Tine, 2018, pp. 399-418). Jesús no está diciendo que la mujer misma sea moralmente culpable, sino que la acción del hombre ha creado una situación que conduce a lo que se consideró adulterio.
Algunos estudiosos interpretan esta frase a la luz de la enseñanza de Jesús de que el matrimonio pretende ser un vínculo permanente. Desde esta perspectiva, cualquier matrimonio posterior después de un divorcio inválido se consideraría adúltero porque el vínculo matrimonial original permanece intacto a los ojos de Dios (Tine, 2018, pp. 399-418). Esta interpretación enfatiza la gravedad con la que Jesús vio el divorcio y el nuevo matrimonio.
Pero debemos ser cautelosos al aplicar esta enseñanza legalistamente o usarla para amontonar más vergüenza en aquellos que han experimentado el divorcio. Las palabras de Jesús aquí forman parte de una crítica más amplia de un sistema que permitía a los hombres divorciarse fácilmente de sus esposas, a menudo dejando a las mujeres vulnerables. Su enseñanza tiene como objetivo proteger la santidad del matrimonio y la dignidad de las mujeres.
En nuestro contexto moderno, donde el divorcio no necesariamente conduce a las mismas consecuencias sociales y económicas para las mujeres, debemos reflexionar profundamente sobre cómo aplicar esta enseñanza. El principio fundamental sigue siendo: Debemos tomar en serio el matrimonio y reconocer el poderoso impacto que su disolución puede tener en los individuos, las familias y la sociedad.
Como pastores y consejeros, debemos acercarnos a aquellos que han experimentado el divorcio con gran compasión, reconociendo el dolor y la complejidad de sus situaciones. Al tiempo que defendemos el ideal del matrimonio permanente, también debemos proclamar el perdón de Dios y la posibilidad de curación y nuevos comienzos.
Las palabras desafiantes de Jesús nos llaman a una visión más elevada del matrimonio como reflejo del amor fiel de Dios. Nos recuerdan nuestra responsabilidad de apoyar y nutrir los matrimonios en nuestras comunidades. Al mismo tiempo, nos desafían a crear una sociedad y una Iglesia donde los vulnerables estén protegidos y donde aquellos que han experimentado el dolor del divorcio puedan encontrar gracia, sanidad y restauración en Cristo.
¿Cómo se conectan otros pasajes bíblicos sobre el matrimonio y el divorcio con Mateo 5:31-32?
El Antiguo Testamento también reconoce la realidad del divorcio. Deuteronomio 24:1-4 proporciona regulaciones para el divorcio, al que Jesús se refiere en Mateo 19:7-8. Aquí, Jesús explica que Moisés permitió el divorcio debido a la «dureza de sus corazones», pero que esta no era la intención original de Dios (Wong, 2017). Esto nos ayuda a comprender que Mateo 5:31-32 forma parte de la restauración por parte de Jesús del ideal de Dios para el matrimonio, al tiempo que reconoce el quebrantamiento de las relaciones humanas.
En el Nuevo Testamento, encontramos a Pablo abordando el matrimonio y el divorcio en 1 Corintios 7. Al tiempo que afirma la enseñanza de Jesús sobre la permanencia del matrimonio, Pablo también aborda situaciones específicas no abordadas en los Evangelios, como los matrimonios entre creyentes y no creyentes (Newey, 2002, pp. 269-285). El enfoque matizado de Pablo nos recuerda que la aplicación de la enseñanza de Jesús requiere sabiduría y discernimiento en diversas circunstancias.
La metáfora del matrimonio también se utiliza en todas las Escrituras para describir la relación de Dios con su pueblo. En el Antiguo Testamento, la infidelidad de Israel a menudo se describe como adulterio, pero Dios sigue siendo fiel (por ejemplo, Oseas 1-3). En el Nuevo Testamento, la Iglesia es descrita como la Novia de Cristo (Efesios 5:25-32). Estos pasajes profundizan nuestra comprensión del matrimonio como relación de pacto que refleja el amor fiel de Dios (Newey, 2002, pp. 269-285).
También debemos considerar pasajes que hablan de la compasión y el perdón de Dios. La historia de la mujer en el pozo en Juan 4, por ejemplo, muestra el enfoque gentil de Jesús hacia una mujer con una historia matrimonial compleja. Esto nos recuerda que, al tiempo que defendemos la santidad del matrimonio, también debemos extender la compasión de Cristo a quienes han sufrido quebrantamiento en sus relaciones.
¿Qué esperanza ofrece la Biblia para aquellos que han experimentado el divorcio?
Mis queridos hermanos y hermanas que han conocido el dolor del divorcio, quiero hablarles a sus corazones hoy acerca de la esperanza que nuestro amoroso Dios les ofrece. Aunque la Biblia defiende la santidad del matrimonio, también es una historia del amor inquebrantable de Dios por su pueblo imperfecto. En esta narrativa divina, encontramos una poderosa esperanza de curación y restauración, incluso después del divorcio.
Debemos recordar que el amor de Dios por ti es inmutable e incondicional. El profeta Jeremías nos recuerda las palabras de Dios: «Te he amado con amor eterno» (Jeremías 31:3). Este amor no disminuye a causa del divorcio. Nuestro Señor Jesucristo, que dio la bienvenida a los pecadores y comió con ellos, ofrece el mismo abrazo a aquellos que han experimentado el quebrantamiento del divorcio (Stassen & Gushee, 2003).
Las Escrituras están llenas de historias de la redención de Dios de situaciones quebrantadas. Considere a la mujer samaritana en el pozo (Juan 4:1-42), que se había casado cinco veces. Jesús la involucró con compasión, ofreciéndole agua viva y un nuevo comienzo. Este encuentro nos recuerda que el amor y la aceptación de Cristo no están limitados por nuestras relaciones pasadas (Stassen & Gushee, 2003).
La Biblia nos asegura el perdón de Dios. 1 Juan 1:9 promete: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo, y nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda injusticia». Esto incluye todos los pecados relacionados con la ruptura de un matrimonio. La misericordia de Dios es mayor que nuestros errores, y su gracia nos ofrece una pizarra limpia.
Los Salmos, en particular, ofrecen consuelo a los quebrantados de corazón. El Salmo 34:18 nos asegura que «El Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los que están aplastados de espíritu». En tu dolor y decepción, sabe que Dios se acerca especialmente a ti, ofreciéndote consuelo y fortaleza.
La Biblia habla del poder de Dios para traer belleza de las cenizas (Isaías 61:3). Su experiencia de divorcio, por dolorosa que sea, puede convertirse en un testimonio del poder sanador de Dios y en una oportunidad para el crecimiento espiritual. Muchos de los que han recorrido este difícil camino han descubierto que les ha llevado a una relación más profunda y auténtica con Dios.
El Nuevo Testamento también ofrece esperanza para nuevos comienzos. 2 Corintios 5:17 declara: "Por tanto, si alguno está en Cristo, la nueva creación ha venido: Lo viejo se ha ido, lo nuevo está aquí». Esta promesa de renovación se extiende a todos los ámbitos de nuestras vidas, incluidas nuestras relaciones. Al tiempo que honramos la seriedad del matrimonio, también debemos reconocer el poder de Dios para restaurar y renovar.
Para aquellos que están considerando casarse de nuevo, la sabiduría y el discernimiento son necesarios. Sin embargo, vemos en las Escrituras que Dios puede bendecir los matrimonios posteriores, como en el caso de Rut y Booz. Esta historia nos recuerda que los planes de Dios para nuestras vidas no terminan con el divorcio (Stassen & Gushee, 2003).
El viaje después del divorcio no es fácil, no lo caminas solo. La Biblia te ofrece esperanza: esperanza del amor inquebrantable de Dios, esperanza de perdón y nuevos comienzos, esperanza de curación y restauración. Que encuentres consuelo en la Palabra de Dios y en la comunidad de fe. Recuerde, en Cristo, su identidad no está definida por su estado civil, sino por su amado como hijo de Dios. Deja que esta verdad sea un bálsamo para tu alma y una luz que te guíe hacia un futuro lleno de esperanza y propósito.
