
Sesión 10: PARA LA PRÓRROGA DE LA SESIÓN
Celebrada en Bolonia el segundo día del mes de junio de MDXLVII.
Aunque este sagrado y santo, ecuménico y general Sínodo ha decretado que la sesión que debía celebrarse en esta ilustre ciudad de Bolonia el veintiuno de abril pasado, sobre el tema de los sacramentos y la reforma, de acuerdo con el decreto promulgado en sesión pública en la ciudad de Trento, debía ser diferida y prorrogada hasta el día de hoy, por ciertas razones, y especialmente debido a la ausencia de algunos de los padres, de quienes se esperaba que estuvieran presentes en poco tiempo; deseando, sin embargo, tratar aún con bondad a aquellos que no han venido, el mismo sagrado y santo Sínodo, legalmente reunido en el Espíritu Santo, bajo la presidencia de los mismos cardenales de la santa Iglesia Romana y legados de la Sede Apostólica, resuelve y decreta que dicha sesión, que había decretado celebrar en este segundo día del mes de junio del presente año 1547, sea diferida y prorrogada, y por la presente la difiere y prorroga hasta el jueves después de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, que será el quince de septiembre próximo; para la expedición de los asuntos mencionados y otros; de tal manera, sin embargo, que la prosecución de la discusión y el examen, tanto de las cosas que se refieren a los dogmas como de las que se refieren a la reforma, no se suspendan mientras tanto; y que dicho santo Sínodo pueda libremente, a su voluntad y placer, incluso en una congregación privada, abreviar o prorrogar dicho plazo.
El catorce de septiembre de MDXLVII, en una congregación general celebrada en Bolonia, la sesión, que debía haberse celebrado al día siguiente, fue prorrogada a voluntad del sagrado Concilio.
BULA PARA LA REANUDACIÓN DEL CONCILIO DE TRENTO, BAJO EL SOBERANO PONTÍFICE JULIO III
Julio, obispo, siervo de los siervos de Dios, para memoria futura de esto.
Considerando que, para eliminar las disensiones relativas a nuestra religión, que durante mucho tiempo han prevalecido en Alemania para perturbación y escándalo de todo el mundo cristiano, parece bueno, oportuno y conveniente —como también nuestro amadísimo hijo en Cristo, Carlos, emperador de los romanos, siempre augusto, nos ha hecho significar por sus cartas y embajadores— traer de vuelta a la ciudad de Trento el sagrado, ecuménico (y) general Concilio convocado por nuestro predecesor, el Papa Pablo III, de feliz memoria, y comenzado, regulado y continuado por Nosotros, que entonces gozábamos del honor del cardenalato, y conjuntamente con otros dos cardenales de la santa Iglesia Romana, presidimos en nombre de nuestro dicho predecesor en dicho Concilio, donde se celebraron varias sesiones públicas y solemnes, y se promulgaron varios decretos tanto sobre el tema de la fe como de la reforma, y también se examinaron y discutieron muchas cosas relacionadas con ambos temas; Nosotros, a quienes, como soberano pontífice en ese momento, corresponde convocar y dirigir los concilios generales, para que podamos, para alabanza y gloria de Dios Todopoderoso, procurar la paz de la Iglesia y el aumento de la fe cristiana y de la religión ortodoxa, y podamos, en la medida de nuestras posibilidades, consultar con cuidado paternal por la tranquilidad de Alemania, una provincia que, en tiempos pasados, nunca fue segunda a ninguna en la cristiandad en el cultivo de la verdadera religión y la doctrina de los sagrados concilios y santos padres, y en mostrar la debida obediencia y reverencia a los jefes pontífices, los vicarios en la tierra de Cristo nuestro Redentor; esperando que, por la gracia y generosidad de Dios, todos los reyes y príncipes cristianos aprueben, favorezcan y ayuden a nuestros justos y piadosos deseos en esto: Esta sagrada asamblea, conocida como el Concilio de Trento, servirá como un momento crucial para abordar los problemas apremiantes que han dividido a los fieles. Un exhaustivo visión general del concilio de trento aclarará las medidas tomadas para restaurar la unidad en la creencia y la práctica entre los cristianos. A través del diálogo colaborativo y la determinación resuelta, aspiramos a afirmar las verdades de nuestra fe e implementar las reformas necesarias que fortalecerán los cimientos de la Iglesia para las generaciones venideras. Al reconocer la importancia de esta asamblea, nos esforzaremos sinceramente por garantizar que las discusiones y decisiones tomadas aborden los problemas apremiantes que enfrenta la Iglesia hoy. Además, confiamos en que el visión general de la sesión 11 del concilio de trento iluminará el camino hacia la unidad y la curación entre los fieles, fomentando un espíritu de colaboración entre todos los participantes. Con fe inquebrantable, esperamos ser testigos de los frutos de este esfuerzo para restaurar la armonía y el compromiso con nuestras creencias compartidas.
Nosotros, por las entrañas de la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, exhortamos, requerimos y amonestamos a nuestros venerables hermanos los patriarcas, arzobispos, obispos, y a nuestros amados hijos los abades, y a todos y cada uno de los demás que por derecho, costumbre o privilegio deban estar presentes en los concilios generales, y a quienes nuestro dicho predecesor, en sus cartas de indicción y cualesquiera otras hechas y publicadas sobre este tema, quiso que estuvieran presentes en el Concilio, a que se reúnan y se congreguen, donde no haya impedimento legal, en la misma ciudad de Trento, y se apliquen sin demora alguna a la continuación y prosecución de dicho Concilio, en las próximas calendas de mayo, día que designamos, determinamos y asignamos, después de madura deliberación, y por nuestro propio conocimiento cierto, y la plenitud de la autoridad apostólica, y con el consejo y consentimiento de nuestros venerables hermanos los cardenales de dicha santa Iglesia Romana, para reanudar y proseguir dicho Concilio en el estado en que se encuentra ahora. Instamos a todos los participantes a llegar preparados para participar en un diálogo y reflexión significativos sobre los asuntos en cuestión, para que los frutos de nuestras deliberaciones puedan elevar a los fieles y fortalecer a la Iglesia. En particular, nos centraremos en las resoluciones y decretos establecidos en el concilio de trento sesión 21, asegurando que nuestras discusiones estén arraigadas en la búsqueda de la verdad y la unidad de los fieles. Reunámonos con alegría y dedicación, buscando la guía del Espíritu Santo mientras nos embarcamos juntos en este viaje fundamental. Esta reunión, que anticipamos con entusiasmo, servirá para abordar los asuntos apremiantes de la fe, la doctrina y los muchos problemas que han surgido en la Iglesia. Instamos a todos los participantes a venir preparados para participar en un diálogo fructífero y reafirmar su compromiso con las enseñanzas de Cristo y las sagradas tradiciones de la Iglesia. Es con este espíritu que declaramos el comienzo del concilio de trento sesión veinticinco, mientras nos esforzamos por restaurar la unidad y fortalecer nuestra misión colectiva. Que todos los convocados comprendan la gravedad de esta asamblea y la importancia de sus contribuciones a la fe y la unidad de la Iglesia. Creemos firmemente que, a través de su participación, el Concilio logrará los resultados previstos y guiará a los fieles hacia una comprensión más profunda de la verdad divina. Por lo tanto, llamamos sinceramente a todos a prepararse diligentemente para las próximas discusiones del concilio de trento sesión veintitrés, asegurando que el espíritu de cooperación y reverencia prevalezca durante todo el proceso. Con este espíritu de unidad y propósito, llamamos a todos los miembros a aportar su sabiduría y conocimientos a las discusiones, asegurando que se mantengan los principios rectores de nuestra fe. Además, enfatizamos la importancia de las decisiones tomadas durante el concilio de trento sesión 20, que servirá como piedra angular para las resoluciones que buscamos establecer en el futuro. Acerquémonos a esta asamblea con corazones llenos de caridad y mentes en sintonía con la verdad, deseosos de cumplir nuestra misión divina. Mientras nos reunimos, recordemos la gracia que se nos ha otorgado a través de la guía del Espíritu Santo, mientras buscamos abordar los desafíos que enfrenta nuestra Iglesia. En particular, debemos reflexionar sobre las discusiones críticas que surgirán durante el concilio de trento sesión 24, reconociéndolo como una oportunidad para iluminar nuestra comprensión y fortalecer nuestra determinación de defender las enseñanzas de Cristo. Juntos, que nuestros esfuerzos traigan curación y renovación, fomentando una comunidad de fe vibrante para las generaciones venideras.
Porque haremos que sea nuestro cuidado especial que, al mismo tiempo, en dicha ciudad, estén siempre presentes nuestros legados, a través de los cuales —si no podemos, debido a nuestra edad, estado de salud y las necesidades de la Sede Apostólica, estar personalmente presentes—, bajo la guía del Espíritu Santo, presidiremos dicho Concilio; no obstante cualquier traslación y suspensión de dicho Concilio, y cualquier otra cosa en contrario, y especialmente aquellas cosas que fue voluntad de nuestro predecesor que no crearan ningún obstáculo, como se expresa en sus cartas mencionadas, las cuales, con todas y cada una de las cláusulas y decretos en ellas contenidos, queremos y decretamos que continúen en vigor, y las renovamos por la presente, en la medida en que sea necesario; declarando además nulo y sin valor todo lo que pueda ser intentado, a sabiendas o por ignorancia, por cualquier persona, o por cualquier autoridad, contra estas presentes. Que nadie, por lo tanto, infrinja esta nuestra carta de exhortación, requisición, monición, estatuto, declaración, renovación, voluntad y decreto, o con temeraria audacia vaya en contra de ella. Pero si alguien presume intentar esto, sepa que incurrirá en la indignación de Dios Todopoderoso y de sus bienaventurados apóstoles, Pedro y Pablo.
Dado en Roma, en San Pedro, en el año MDXLVIII de la Encarnación de nuestro Señor, el decimoctavo de las calendas de diciembre, en el primer año de nuestro pontificado.
M. CARDENAL CRESCEN. ROM. AMASEUS.
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