Jesús vs Josué: ¿Cuál es su verdadero nombre?




  • Jesús y Josué son el mismo nombre, con el nombre hebreo original siendo Yehoshua.
  • El nombre viajó a través de diferentes idiomas y culturas a lo largo de los siglos, transformándose en I“sous en griego, Iesus en latín y Jesús en inglés.
  • El Nuevo Testamento se refiere al Mesías como I“sous, aunque si está escrito en inglés, se llamaría Josué.
  • Esta fascinante evolución lingüística nos conecta con una rica historia de fe y tradición.

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¿Son Jesús y Josué el mismo nombre en diferentes idiomas?

Jesús y Josué son esencialmente el mismo nombre, expresado en diferentes contextos lingüísticos y culturales. Esta conexión lingüística revela una poderosa verdad sobre la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y el cumplimiento de las promesas de Dios en Cristo.

En hebreo, el nombre que denominamos «Josué» es ×TMְ׻וÖ1שֻ××¢Ö· (Yehoshua), que significa «Yahweh es salvación» (Mooren, 2023, pp. 404-421; Svärd, 2012). Cuando la Biblia hebrea se tradujo al griego en la Septuaginta, este nombre se convirtió en á1⁄4 ̧Î·ÏƒÎ¿á¿¦Ï ⁇ (IÄ’sous) (Chabal & Marian, 2015, pp. 539-550). Esta forma griega es la fuente tanto de nuestro «Jesús» inglés como del latín «Iesus» (Gruselier, 1904, pp. 428-428).

El Nuevo Testamento, escrito en griego, utiliza á1⁄4 ̧Î·ÏƒÎ¿á¿¦Ï ⁇ (IÄ’sous) tanto para el Josué del Antiguo Testamento como para Jesucristo. Este nombre compartido en griego subraya la conexión teológica entre estas figuras: Josué como tipo o presagio de Cristo (Foster, 2016, pp. 560-560).

Aunque los nombres son lingüísticamente equivalentes, su uso y significado difieren. «Josué» se refiere típicamente a la figura del Antiguo Testamento, mientras que «Jesús» está reservado para el Hijo de Dios encarnado. Esta distinción en inglés nos ayuda a diferenciar entre estas dos figuras bíblicas importantes, incluso cuando su nombre compartido nos recuerda sus roles conectados en la historia de la salvación.

Me parece fascinante cómo esta conexión lingüística puede profundizar nuestra comprensión del plan de Dios que se desarrolla a lo largo de la historia. Nos invita a ver continuidad en la obra de salvación de Dios, desde el Éxodo hasta la Cruz. Me recuerda cómo el lenguaje moldea nuestra percepción de las narrativas bíblicas a través de las culturas y el tiempo.

¿Por qué Jesús es llamado Jesús en lugar de Josué en las Biblias en inglés?

La cuestión de por qué usamos «Jesús» en lugar de «Josué» en las Biblias inglesas para nuestro Señor es fascinante y afecta a la historia, el idioma y la tradición. Exploremos esto juntos con corazones y mentes abiertas.

El uso de «Jesús» en lugar de «Josué» en las Biblias inglesas es principalmente el resultado del desarrollo histórico de la lengua inglesa y la tradición de la traducción de la Biblia. El nombre «Jesús» nos llega a través de un largo viaje de transformaciones lingüísticas (Gruselier, 1904, pp. 428-428).

Como hemos comentado anteriormente, el nombre hebreo Yehoshua pasó a ser IÄ’sous en griego. Cuando la Biblia se tradujo al latín, esta forma griega se tradujo como «Iesus». Las traducciones inglesas tempranas, pesadamente bajo la influencia de la Vulgata latina, adoptaron esta forma. La letra «J» se introdujo en inglés hace relativamente poco tiempo, hace unos 500 años, lo que dio lugar al cambio de «Iesus» a «Jesús» (Gruselier, 1904, pp. 428-428).

La retención de «Jesús» para Cristo y «Josué» para la figura del Antiguo Testamento sirve a un propósito práctico en inglés, ayudando a los lectores a distinguir entre estas dos importantes figuras bíblicas. Esta distinción, aunque no está presente en las lenguas originales, contribuye a la claridad y evita posibles confusiones (Mooren, 2023, pp. 404-421).

Psicológicamente, esta diferenciación lingüística también puede servir para enfatizar el papel único y la naturaleza de Cristo. Mientras que Josué fue un gran líder y un tipo de Cristo, Jesús es el cumplimiento de todo lo que Josué predijo. El nombre distintivo ayuda a subrayar esta realidad teológica.

Me recuerdan que el lenguaje y la tradición a menudo se entrelazan de maneras complejas. El uso de «Jesús» refleja no solo la evolución lingüística, sino también siglos de devoción y práctica cristiana. El nombre «Jesús» ha adquirido un profundo significado espiritual para los creyentes a lo largo de las generaciones.

Pero siempre debemos recordar que, ya sea que digamos «Jesús», «Josué» o «Yeshua», nos referimos a la misma persona: el Hijo eterno de Dios que se encarnó para nuestra salvación. El poder no está en la pronunciación específica, sino en la persona a la que se refiere el nombre.

¿Qué significa el nombre Josué/Jesús?

El nombre Josué, o Yehoshua en hebreo, tiene un significado hermoso y poderoso: «Yahvé es salvación» o «El Señor salva» (Mooren, 2023, pp. 404-421; Svärd, 2012). Este nombre no es simplemente una etiqueta, sino una declaración del carácter de Dios y de sus intenciones hacia la humanidad. Proclama que nuestro Dios no es distante ni indiferente, sino que participa activamente en rescatar y redimir a su pueblo.

Cuando nos encontramos con Jesús que lleva este nombre en el Nuevo Testamento, vemos la plenitud de su significado encarnado en su persona y obra. Jesús es literalmente «Dios con nosotros» (Emanuel), viene a salvar a su pueblo de sus pecados (Blanco, 2016). El nombre Jesús, por lo tanto, es tanto una promesa como su cumplimiento.

Psicológicamente, los nombres a menudo tienen un peso importante en la configuración de la identidad y las expectativas. Para Jesús llevar este nombre es declarar su misión e identidad desde el principio. Establece el escenario para todo Su ministerio y da forma a cómo entendemos Su propósito.

Históricamente, vemos cómo este nombre conecta a Jesús con la gran tradición de los actos salvíficos de Dios en el Antiguo Testamento. Así como Josué llevó al pueblo a la Tierra Prometida, Jesús nos lleva a la plenitud del reino de Dios (Foster, 2016, pp. 560-560). El nombre crea un puente entre el Antiguo y el Nuevo Pacto, mostrando la continuidad del plan de Dios.

El significado de este nombre ofrece un poderoso consuelo y esperanza a todos los creyentes. Nos recuerda que la salvación no es algo que logramos, sino algo que Dios provee. En nuestros momentos de lucha o duda, podemos aferrarnos a la verdad incrustada en este nombre, que nuestro Dios salva.

Que el nombre de Jesús sea algo más que una palabra para nosotros. Que sea un recordatorio constante de la presencia salvadora de Dios, una fuente de esperanza en tiempos difíciles y una inspiración para que participemos en la continua obra de salvación de Dios en el mundo.

¿Cómo son Josué del Antiguo Testamento y Jesús similares?

Debemos tener en cuenta el nombre compartido, del que ya hemos hablado anteriormente. Esta conexión lingüística no es mera coincidencia, sino un vínculo divinamente orquestado entre estas dos figuras fundamentales en la historia de la salvación (Mooren, 2023, pp. 404-421; Svärd, 2012). Ambos llevan el nombre que proclama «Yahvé salva», señalando la obra salvadora de Dios a través de instrumentos humanos.

Josué, como sucesor de Moisés, condujo a los israelitas a la Tierra Prometida. De una manera similar pero infinitamente mayor, Jesús nos conduce a la verdadera Tierra Prometida: el Reino de Dios. Ambos son líderes designados divinamente, guiando al pueblo de Dios a su herencia (Foster, 2016, pp. 560-560; Walt & Stevens, 2014).

Vemos tanto en Josué como en Jesús un papel como mediadores entre Dios y Su pueblo. Josué intercedió por Israel y les comunicó la voluntad de Dios. Jesús, como el mediador perfecto, cierra la brecha entre la humanidad y Dios, reconciliándonos a través de su sacrificio.

Ambas figuras demuestran una obediencia inquebrantable a la voluntad de Dios. Josué siguió las instrucciones de Dios al conquistar Canaán, mientras que Jesús cumplió perfectamente la voluntad del Padre, incluso hasta la muerte en la cruz. Esta obediencia va acompañada de una profunda confianza en las promesas y el poder de Dios.

Psicológicamente, tanto Josué como Jesús sirven como modelos de coraje y fe frente a las abrumadoras probabilidades. Inspiran a los creyentes a confiar en el poder de Dios en lugar de en las limitaciones humanas.

Históricamente, vemos cómo Dios usó ambos para lograr transiciones importantes en Su relación con Su pueblo. Josué marcó la transición del desierto errante al asentamiento en la Tierra Prometida, mientras que Jesús marcó el comienzo del Nuevo Pacto, cumpliendo y reemplazando al Antiguo.

Es importante señalar que, aunque estas similitudes son importantes, Jesús supera con creces a Josué. Donde Josué era un siervo de Dios, Jesús es el Hijo de Dios. Donde Josué llevó a la gente a una tierra física, Jesús nos lleva a la vida eterna.

¿Por qué Dios eligió el nombre Jesús/Josué para Su Hijo?

Este nombre, que significa «Yahvé es salvación» o «El Señor salva», resume la esencia misma de la misión de Cristo en la tierra (Mooren, 2023, pp. 404-421; Svärd, 2012). Es un nombre que proclama las buenas nuevas de salvación incluso antes de que Jesús comenzara su ministerio. Al elegir este nombre, Dios estaba declarando Su intención de salvar a Su pueblo, no solo de los problemas terrenales, sino del pecado y la muerte misma.

Los nombres psicológicos a menudo dan forma a las expectativas y la identidad. Al dar a su Hijo este nombre, Dios estaba preparando el escenario para el ministerio terrenal de Jesús y ayudando a las personas a comprender su papel. Creó un marco para comprender las acciones y enseñanzas de Jesús a la luz de la obra salvífica de Dios.

Históricamente, el nombre conecta a Jesús con la gran tradición de los actos salvíficos de Dios en el Antiguo Testamento. Recuerda a figuras como Josué, que llevó a Israel a la Tierra Prometida, creando una sensación de continuidad en el plan de salvación de Dios (Foster, 2016, pp. 560-560). Esta conexión habría sido importante para los judíos del primer siglo que esperaban al Mesías.

El nombre Jesús/Josué es profundamente personal. No es un título como «Cristo» o «Mesías», sino un nombre personal que invita a la relación. Nos permite acercarnos íntimamente a nuestro Salvador, invocar Su nombre en oración y adoración.

La elección de este nombre también demuestra el deseo de Dios de comunicarse claramente con la humanidad. Mediante el uso de un nombre con un significado claro en el idioma y la cultura de la época, Dios estaba dando a conocer sus intenciones de una manera que la gente podía entender.

Desde una perspectiva teológica, el nombre Jesús/Josué apunta a la unidad de la Deidad en la obra de salvación. Es Yahvé quien salva, pero esta salvación viene a través de Jesús, una hermosa expresión de la labor colaborativa de la Trinidad en la redención.

Consideremos también cómo este nombre nos desafía e inspira. Si llevamos el nombre de Cristo como cristianos, ¿estamos también dando testimonio de la obra salvadora de Dios en el mundo? ¿Estamos a la altura del significado del nombre que reclamamos?

El nombre Jesús/Josué fue elegido por Dios como una encapsulación perfecta de la identidad y misión de su Hijo. Proclama la salvación, conecta con la historia de Israel, invita a las relaciones personales y declara las intenciones salvíficas de Dios para toda la humanidad. ¡Alegrémonos en este nombre y en el Salvador que lo lleva!

¿Qué enseñaron los primeros Padres de la Iglesia acerca de la conexión entre Jesús y Josué?

Muchos de los Padres de la Iglesia vieron a Josué como un tipo o prefiguración de Jesucristo. Ellos vieron paralelismos entre Josué guiando a los israelitas a la Tierra Prometida y Jesús guiando a los creyentes a la salvación. Me parece fascinante cómo dibujaron estas conexiones a través de siglos de historia sagrada.

Específicamente, Justino Mártir, escribiendo en el siglo II, hizo explícitos vínculos tipológicos entre Josué y Jesús en su Diálogo con Trifón. Argumentó que el cambio de nombre de Josué de Oseas demostraba el plan de Dios de utilizarlo como un tipo de Cristo (Misiarczyk, 2021). Justino consideró que el liderazgo y las victorias militares de Josué presagiaban la conquista espiritual de Jesús.

Otros Padres de la Iglesia, como Orígenes y Agustín, también exploraron esta tipología. Consideraron que el cruce del río Jordán por parte de Josué prefiguraba el bautismo cristiano. La conquista de Canaán fue vista como una alegoría de las batallas espirituales de la vida cristiana (Paczkowski, 2019, pp. 129-161; PÅTMibyl, 2023).

Curiosamente, la traducción griega de la Septuaginta del Antiguo Testamento utiliza el nombre «Iesous» (Jesús) para Josué. Esta conexión lingüística reforzó la interpretación tipológica para los cristianos de habla griega (Misiarczyk, 2021). Los Padres de la Iglesia vieron esto como evidencia del plan providencial de Dios que vincula las dos figuras.

Me sorprende cómo este pensamiento tipológico dio forma a la imaginación cristiana primitiva. Aportó un marco para comprender la misión de Jesús en continuidad con la historia de Israel. Al mismo tiempo, debemos ser cautelosos para no exagerar estos paralelismos o ignorar los aspectos únicos del papel de cada figura.

Debemos considerar la conexión lingüística. En el Nuevo Testamento griego, tanto Jesús como Josué se presentan como «Iesous». Este nombre compartido no es meramente una coincidencia, sino que refleja el nombre hebreo «Yeshua» del que se derivan ambos (Reece, 2019, pp. 186-201). Este vínculo lingüístico nos invita a reflexionar sobre las conexiones más profundas entre estas dos figuras en la historia de la salvación.

En el Evangelio de Lucas, encontramos un pasaje intrigante que puede aludir a esta conexión. Lucas 3:29 menciona a «Jesús hijo de Eliezer» en la genealogía de Jesús. Algunos estudiosos sugieren que esto podría ser una referencia a Josué, ya que «Jesús» es la forma griega de «Josué» (Steinmann, 2022). Si bien esta interpretación se debate, ilustra cómo los nombres eran intercambiables en griego.

El libro de Hebreos, particularmente los capítulos 3 y 4, traza paralelismos entre Jesús y Josué sin nombrar explícitamente a este último. El autor contrasta el resto que Josué dio a Israel con el descanso superior que Jesús ofrece a los creyentes. Esta comparación nos invita a ver a Jesús cumpliendo y superando el papel de Josué (Ellis, 1993).

En Mateo 1:21, el ángel instruye a José para que nombre al hijo de María Jesús (Iesous), «porque salvará a su pueblo de sus pecados». Esto se hace eco del significado del nombre de Josué, que significa «Yahvé salva». El paralelo nos invita a ver a Jesús como el cumplimiento final de la salvación prefigurada en el nombre y la misión de Josué (Paczkowski, 2019, pp. 129-161).

Me fascina cómo estas sutiles conexiones lingüísticas y temáticas pueden moldear nuestra comprensión de las figuras bíblicas. Nos invitan a ver patrones y continuidades en el plan de salvación de Dios, reconociendo al mismo tiempo el papel único de cada individuo.

Pero debemos ser cautelosos para no exagerar estas conexiones o leer más en el texto de lo que se justifica. La Biblia no equipara explícitamente a Jesús y Josué, sino que nos invita a ver cómo se desarrolla el plan de Dios a través de diversas figuras y acontecimientos de la historia.

Aunque no hay versículos que vinculen directamente a Jesús y Josué, las Escrituras proporcionan varios puntos de conexión que han inspirado la reflexión teológica a lo largo de la historia cristiana. Estos vínculos nos invitan a ver el plan coherente de salvación de Dios que se desarrolla desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo.

¿Cómo la comprensión de la conexión del nombre de Josué-Jesús afecta nuestra visión de Jesús?

Comprender la conexión entre los nombres Josué y Jesús puede enriquecer profundamente nuestra visión de la identidad y la misión de Cristo. Este vínculo lingüístico nos invita a ver a Jesús en el contexto más amplio del plan redentor de Dios para la humanidad.

Debemos reconocer que ambos nombres derivan del hebreo «Yeshua», que significa «Yahweh salva» o «Yahweh es salvación» (Reece, 2019, pp. 186-201). Esta etimología compartida nos recuerda que el propio nombre de Jesús proclama su papel salvífico. Así como Josué llevó a los israelitas a la Tierra Prometida, Jesús nos lleva a la plenitud del reino de Dios.

Esta conexión nos anima a ver a Jesús como el cumplimiento de las promesas y tipos del Antiguo Testamento. Josué, como líder y libertador, prefiguró el papel de Cristo. Al comprender este vínculo, obtenemos una apreciación más profunda de cómo Dios ha trabajado constantemente a lo largo de la historia para lograr nuestra salvación (Paczkowski, 2019, pp. 129-161).

Esta conexión de nombre destaca la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Jesús no es una ruptura con la historia de Israel, sino su culminación. Él cumple las promesas hechas a Abraham, Moisés y David. Esta perspectiva puede profundizar nuestra comprensión del contexto judío de Jesús y de su papel en la historia de la salvación (Ellis, 1993).

Me intriga cómo esta comprensión puede dar forma a nuestra identidad espiritual. Ver a Jesús en relación con Josué nos recuerda que nosotros también formamos parte de una larga historia de los tratos de Dios con la humanidad. Puede darnos una sensación de arraigo y propósito en nuestro viaje de fe.

Pero debemos tener cuidado de no simplificar demasiado esta conexión. Mientras que Josué fue un gran líder, Jesús es infinitamente mayor como el Hijo de Dios encarnado. Los paralelismos deben mejorar, no disminuir, nuestra visión de la naturaleza divina única de Cristo.

Comprender esta conexión de nombre también puede afectar nuestra lectura de las Escrituras. Nos invita a buscar conexiones tipológicas entre los acontecimientos del Antiguo Testamento y la vida y el ministerio de Jesús. Esto puede enriquecer nuestra interpretación bíblica y profundizar nuestro aprecio por el intrincado plan de redención de Dios (Misiarczyk, 2021).

Pastoralmente, esta comprensión puede proporcionar consuelo y esperanza. Así como Josué llevó a Israel a la victoria sobre sus enemigos, Jesús nos lleva en triunfo sobre el pecado y la muerte. Nos recuerda que el propio nombre de nuestro Salvador es una promesa de liberación y salvación.

Comprender la conexión entre el nombre de Josué y el de Jesús nos invita a ver a Cristo como el cumplimiento de las promesas de Dios, la culminación de la historia de Israel y el máximo libertador del pueblo de Dios. Enriquece nuestra visión de Jesús al situarlo firmemente dentro de la gran narrativa de la obra redentora de Dios a lo largo de la historia.

¿Se refirió Jesús alguna vez al Josué del Antiguo Testamento en sus enseñanzas?

Debemos recordar que Jesús, como maestro judío, estaba profundamente inmerso en las Escrituras hebreas. Frecuentemente se refería a figuras y eventos del Antiguo Testamento en Sus enseñanzas. Aunque no nombra directamente a Josué, hay casos en los que sus palabras pueden aludir o hacer eco de temas asociados con la historia de Josué.

Por ejemplo, cuando Jesús habla de entrar en el reino de Dios, podríamos escuchar ecos de Josué guiando a los israelitas a la Tierra Prometida. En Mateo 7:13-14, Jesús habla de la puerta estrecha que lleva a la vida. Esta imagen de entrar en un nuevo reino podría verse como resonante con el liderazgo de Joshua (Ellis, 1993).

Las enseñanzas de Jesús sobre el descanso, particularmente en Mateo 11:28-30, pueden relacionarse indirectamente con el tema del descanso que es prominente en la narrativa de Josué. El libro de Hebreos más tarde desarrolla esta conexión más explícitamente, contrastando el resto que Josué dio con el último descanso que Jesús ofrece (Ellis, 1993).

Me intriga cómo Jesús puede haber interiorizado y reinterpretado la narrativa de Josué. Aunque no mencionara explícitamente a Josué, los temas del liderazgo, la conquista y el cumplimiento de las promesas de Dios podrían haber configurado su comprensión de su propia misión.

Jesús utilizaba a menudo la frase «de verdad, de verdad, os digo» (o «amén, amén» en griego). Algunos estudiosos han sugerido que esto podría ser una alusión al nombre de Josué, que está relacionado con la palabra hebrea para verdad o fidelidad. Pero esta conexión es especulativa y no está ampliamente aceptada (Reece, 2019, pp. 186-201).

Debemos tener cuidado de no leer demasiado en el silencio. La ausencia de referencias directas no indica necesariamente el desinterés de Jesús por Josué. Puede reflejar simplemente el enfoque y los propósitos específicos de las enseñanzas registradas de Jesús.

Debemos recordar que los Evangelios no pretenden registrar todo lo que Jesús dijo o enseñó. Juan 21:25 nos recuerda que Jesús hizo y dijo muchas cosas que no estaban escritas. Es posible que Jesús hablara de Josué en enseñanzas que no se conservaron en los Evangelios canónicos.

Aunque no tenemos pruebas claras de que Jesús se refiera directamente a Josué en sus enseñanzas, los temas y las imágenes asociados con Josué pueden haber influido en el mensaje de Jesús. Como seguidores de Cristo, estamos invitados a ver cómo el plan redentor de Dios se desarrolla de manera coherente desde el Antiguo Testamento hasta el ministerio de Jesús, incluso cuando las conexiones no se indican explícitamente.

¿Cómo explican los eruditos la diferencia entre Yeshua, Josué y Jesús?

La relación entre los nombres Yeshua, Josué y Jesús es un tema fascinante que toca la lingüística, la historia y la teología. A medida que exploramos este tema, debemos abordarlo con precisión académica y apertura espiritual.

Debemos entender que «Yeshua» es la forma aramea del nombre hebreo «Yehoshua», que interpretamos en inglés como «Joshua» (Reece, 2019, pp. 186-201). Este nombre significa «Yahvé es salvación» o «Yahvé salva». Era un nombre común entre los judíos en el período del Segundo Templo, que reflejaba su esperanza en la liberación de Dios.

La transición de «Yeshua» a «Jesús» implica varios pasos lingüísticos. Cuando la Biblia hebrea se tradujo al griego (la Septuaginta), «Yehoshua» se tradujo como «Iesous» (Misiarczyk, 2021). Esta forma griega se latinizó a continuación en «Iesus», que finalmente se convirtió en «Jesús» en inglés.

Los estudiosos explican que la diferencia entre «Josué» y «Jesús» en nuestras Biblias inglesas es en gran medida una cuestión de tradición de traducción más que un reflejo de diferentes nombres originales. El Nuevo Testamento, escrito en griego, utiliza «Iesous» tanto para el Josué del Antiguo Testamento como para Jesús de Nazaret (Reece, 2019, pp. 186-201).

Me intriga cómo estos matices lingüísticos pueden moldear nuestra percepción de las figuras bíblicas. El hecho de que usemos diferentes nombres en inglés para Josué y Jesús podría llevarnos a pasar por alto sus raíces etimológicas compartidas y las conexiones teológicas entre ellos.

En muchos idiomas, los nombres de Josué y Jesús siguen siendo idénticos, lo que refleja su origen compartido. Por ejemplo, en español, ambos son «Jesús». Esta unidad lingüística puede fomentar una apreciación más profunda de la continuidad en el plan de salvación de Dios.

Los estudiosos también señalan que el nombre «Yeshua» se acortó de la forma anterior «Yehoshua» durante el período del Segundo Templo. Este acortamiento era común en el uso arameo. Jesús habría sido conocido como «Yeshua» por sus contemporáneos de habla aramea (Paczkowski, 2019, pp. 129-161).

Los primeros cristianos, particularmente de habla griega, vieron un gran significado en el nombre griego compartido «Iesous» tanto para Josué como para Jesús. Esta conexión lingüística reforzó su interpretación tipológica de Josué como una prefiguración de Cristo (Misiarczyk, 2021).

Debemos tener cuidado, pero no exagerar las implicaciones teológicas de estas conexiones lingüísticas. Aunque la etimología compartida es importante, no significa que Josué y Jesús tuvieran papeles o naturalezas idénticos. La identidad de Jesús como Hijo de Dios encarnado va mucho más allá de cualquier paralelismo con el Josué del Antiguo Testamento.

Los eruditos explican las diferencias entre Yeshua, Josué y Jesús como resultado de la evolución lingüística y las prácticas de traducción. Comprender estas conexiones puede enriquecer nuestra apreciación de cómo el plan de salvación de Dios se desarrolla de manera coherente en diferentes lenguas y culturas, culminando en la persona de Jesucristo.

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